Por ello, hemos comprado renta variable japonesa y cubierto la exposición a la divisa. Las últimas medidas del banco de Japón la han ayudado a salir del estancamiento en el que se había sumido al adoptar tipos de interés negativos. Al centrarse en el rendimiento de los bonos gubernamentales a diez años, el banco ha ayudado a restaurar una curva de rendimientos positiva que respaldará a la industria financiera, que había sufrido la anterior estrategia monetaria. Y al fijar el objetivo de inflación por encima del 2%, y no en el 2%, el banco está tratando de causar un gran efecto aunque implique poner en riesgo su credibilidad.


Si la inflación no se encamina hacia ese nuevo objetivo, el banco central adoptará nuevas medidas y no podemos descartar la posibilidad de recurrir a un helicóptero de dinero, en una maniobra para monetizar parte del gasto del Gobierno. Un cambio así sería muy buena noticia para la renta variable aunque perjudicaría al yen.


También hemos aumentado nuestra ponderación en renta variable emergente.
Supone un reconocimiento de la tendencia alcista de las expectativas sobre los beneficios y el crecimiento y las señales de que la economía china está mejorando, así como el hecho de que la Fed será mucho más prudente a medio plazo. Además, los países emergentes están creciendo más rápido que los países desarrollados y sus valoraciones son bajas e incluso atractivas en comparación con las de los mercados desarrollados.
 
Benjamin Melman, Director de Asignación de Activos y Deuda Soberana en Edmond de Rothschild AM (France)