José Luis Cava, en primer lugar, cuestiona el impacto del bloqueo del estrecho de Ormuz sobre Irán. Explica que la estrategia busca “reducir drásticamente las exportaciones de petróleo y de gas” para forzar una capitulación, pero matiza que el efecto no sería tan devastador. El experto recuerda precedentes históricos y subraya que, aunque en 1951 la producción cayó a cero, “se pudo recuperar gracias a muchísimo dinero” y apoyo internacional. Sin embargo, advierte que hoy la situación es distinta por el deterioro de las infraestructuras. “Debemos partir de la idea de que la infraestructura tiene que estar muy deteriorada”.
Aun así, el analista distingue entre los yacimientos de gas y los de petróleo, ya que el daño no sería uniforme. Señala que ciertos campos “no se ven dañado” o incluso podrían recuperarse, por lo que “la amenaza no es tan grande como la que nos dicen”. En su opinión, el verdadero impacto sería financiero: cortar ingresos. Por ello, estima que el conflicto podría prolongarse más de lo previsto: “yo creo que a lo mejor son cuatro o cinco meses”.

En segundo lugar, Cava analiza la emisión de deuda en renminbi por parte de países europeos, como Eslovenia y Portugal. Argumenta que responde al exceso de ahorro chino, que busca colocarse en el exterior, y a menores costes de financiación. No obstante, alerta del riesgo de divisa: “si rebotase el renminbi, el coste total neto se incrementaría”, por lo que pide cautela.
Finalmente, el experto aborda la fiscalidad de los combustibles y destaca un dato clave: “los impuestos representan el 48%” del precio de la gasolina en países desarrollados, superando el 50% en algunos casos. Así, concluye que la carga fiscal tiene un peso muy superior al propio coste del crudo, reforzando su crítica a la estructura del mercado energético.