El Banco Popular de China devaluó el yuan en casi un 2% el martes a la vez que anunció una liberalización del régimen de la tasa de cambio de la divisa, una medida que ha irritado a los mercados de divisas y de activos a nivel mundial.


En las horas posteriores a la medida tomada por China, el yuan había caído otro 1 por ciento más y ya había perdido casi un 3% más que en el día anterior, lo que sugiere que el mercado estaba descontando una debilidad adicional del yuan. Y así ha sido, hoy el banco central ha vuelto a devaluar su divisa otro 1,6%.

El Banco Popular de China duplicó el ancho de la "banda" de negociación en marzo de 2014 al 2%, pero la fluctuación solamente estaba permitida en un rango determinado de 06,01 a 06,26 en el tipo de cambio del par dólar estadounidense-yuan chino (USDCNY). En la práctica, el tipo de cambio casi nunca se movió con fuerza, solo lo hizo en una pequeña fracción de esta cantidad en un día determinado, ya que el Banco Popular de China claramente quería movimientos ordenados. El tamaño de este anuncio de devaluación se calibra, obviamente, con el tamaño de la banda anterior.

La devaluación del yuan ha estado acompañada de cambios profundos en la metodología que determina el tipo de cambio diario, de tal manera que, en teoría, el cambio diario determinado por el mercado determina la fluctuación permitida del día siguiente de +/- 2% en torno a dicha fijación.

Por lo tanto, teóricamente estamos ante un tipo de cambio de libre fluctuación con una banda de volatilidad. No obstante, la forma en la que esto funcione en la práctica puede ser totalmente diferente, ya que tendremos que ver qué tan libremente el Banco Popular de China permitirá que el tipo de cambio fluctúe de hora a hora y día a día. Pero a medida que el Banco Popular de China quiera mantener la credibilidad y permanecer fiel a su palabra, por lo menos durante un tiempo, no deberíamos ver más devaluaciones graduales adicionales y sí ver más actividad de transacciones intradía así como la volatilidad a la que hemos estado acostumbrados en los últimos años.

Y probablemente, debido al tradicional régimen de paridad móvil del yuan con el dólar estadounidense, podría teóricamente permitir que el yuan se debilite considerablemente desde lo que son niveles extremadamente sobrevalorados en relación con otras divisas asiáticas desde el año pasado.

En otras palabras, todas las señales apuntan hacia abajo para el yuan y el Banco Popular de China ha dado luz verde a las caídas. Pero ¿con qué rapidez permitirá China que se devalúe su divisa? Las señales sobre esta presión significativa han sido durante mucho tiempo la construcción de una devaluación de yuanes a medida que China ha perdido cientos de miles de millones de dólares en las salidas de capital durante el último año de fortaleza del yuan, algunos de ellos posiblemente a la espera de lo que acaba de pasar.

Hay dos razones por las que China ha hecho este movimiento además de la fuerza exagerada tras la fortaleza vista en el dólar estadounidense en los últimos años. La primera razón es que China siempre se ha dedicado a la liberalización de su política de tipo de cambio con el objetivo de ampliar el uso del yuan en las transacciones financieras globales con los socios comerciales. China considera la inclusión del yuan en el Special Drawing Rights (SDR) del FMI como piedra angular en este proceso para seguir avanzando hacia un mayor uso del yuan así como hacia el poder financiero y político que ello traerá.

El FMI tomará la decisión de si el yuan debe ser incluido en el SDR a finales de este año ya que va a hacer la revisión de 5 años de su cesta de divisas SDR. El FMI ha planteado la falta de fluctuaciones determinadas por el mercado como, al menos, una objeción fundamental en la inclusión del yuan . Además, la liberalización del tipo de cambio podría ayudar a China a aumentar sus mercados de capitales y atraer flujos de capital extranjero para ayudar a las enormes necesidades de financiación de la deuda de China a todos los niveles, tanto privada como soberana.

La razón menos positiva o pro-activa de este movimiento de China por ahora es que la economía del gigante asiático está sufriendo claramente un ataque de debilidad y tras un período de agravada fortaleza de la moneda, ahora China quiere un pedazo de la acción en las guerras de divisas a nivel mundial, que han visto cómo una serie de bancos centrales devaluaban sus monedas desde la crisis financiera global.

Este proceso comenzó con la Fed de EE.UU. tras la crisis financiera mundial, seguido por el Banco de Japón con su programa “Abenomics” a finales de 2013 y, después con el programa de relajación cuantitativa del Banco Central Europeo a finales de 2014, que comenzó en realidad este mes de marzo. A finales de julio, los datos de China sugerían que la demanda de exportaciones se encontraban al borde del precipicio y una divisa más débil podría ayudar a relajar la presión en el sector exportador así como aliviar las presiones deflacionarias domésticas para que la economía pudiera despegar.

A más largo plazo, el objetivo de ver al yuan chino en la cesta de SDR del FMI es el esfuerzo por hacer del yuan una de las principales divisas de reserva del mundo. En ese sentido, no hay duda de que China ha mirado con envidia el estatus de divisa de reserva del que goza el dólar estadounidense desde la Segunda Guerra Mundial, que permite a EE.UU. financiar enormes niveles de deuda pública y privada. Esta política ayudará a China, en teoría, a importar ahorro mundial para financiar su deuda y exportar una ola de presiones deflacionarias.

La reacción del mercado inicial al movimiento del Banco Popular de China ha sido la cautela, el modo risk off en jerga de mercado, ya que el primer instinto del mercado cuando necesita digerir una información importante suele ser deshacer posiciones. Desde aquí, el resto de las implicaciones dependerá del grado con el cual se permita fluctuar al yuan, y especialmente, si el movimiento es persistente y se dirige hacia una larga debilidad del yuan. Este escenario podría activar una ola de deflación a lo largo de mundo, con las implicaciones obvias por parte de los bancos centrales a nivel global. Esto podría dar lugar, por ejemplo, a que el dólar estadounidense negociara con algo más de debilidad tras el repunte inicial como respuesta a las noticias –las dudas pueden surgir en relación a quién quiere dólares si la Fed nunca sube los tipos de interés. Pero cualquier debilidad en el dólar ante este escenario podría suponer un pequeño contratiempo si el Banco Popular de China gestiona la debilidad del yuan en un futuro, ya que permitió que la divisa se fortaleciera entre 2010-2013 y la economía de EE.UU. muestra signos continuos de fuerza.

Incluso una devaluación adicional mucho más rápida del 5% del yuan en los próximos meses vería al par dólar estadounidense-yen (USDCNY) alrededor de 6,65 a finales de año. Para ponerlo en perspectiva, eso es lo mucho que el dólar de Nueva Zelanda se debilitó frente al dólar en mayo de este año. Se necesitaría un 10% o más y en un corto período de tiempo para crear olas reales y posiblemente enviar el dólar más a la baja ante el temor de que este movimiento va a interrumpir el intento de la Reserva Federal de normalizar su política y enviar al mercado de acciones más a la baja en todo el mundo ante los temores de deflación.