El gobernador del Banco de Portugal, Carlos Costa anunció este domingo una inyección de 4.900 millones de euros para reestructurar y recapitalizar el Banco Espírito Santo (BES).

En concreto, el Fondo de Resolución bancaria aportará 500 millones de euros para la reestructuración, mientras que el Estado luso inyectará los 4.400 millones de euros restantes, a través del programa de ayuda financiera de la troika. Recordemos que este programa incluía una línea de 12.000 millones de euros, de los cuales 6.000 aún están disponibles, destinados a la recapitalización de los bancos que lo necesiten.

El banco que se hará cargo de los activos saneados (depósitos, créditos buenos, oficinas y empleados) pasará a llamarse Novo Banco. A cargo de esta entidad estará el economista Víctor Bento. Mientras que sus activos tóxicos serán aislados en un "banco malo” que seguirá llamándose Banco Espírito Santo.

En concreto, Novo Banco pasará a ser propiedad al 100% del Fondo de Resolución de la Banca (FRC) -el simil en España del Fondo de Garantía de Depósitos-. El FRC es una sociedad privada, formada en 2012 por las entidades financieras del país, pero solo dispone de un capital de 182 millones de euros, un capital tan ínfimo que ni cumple los mínimos exigidos. Para poder hacer frente a las pérdidas del 3.577 millones del BES, el FRC recibe un préstamo de 4.500 millones del Plan de Estabilización que implantó la troika (FMI, BCE y Comisión Europea) durante el período de vigilancia de las finanzas portuguesas (2011-2014) y donde hay una línea de crédito de 6.400 millones de euros para la banca en apuros. Los 400 millones restantes, hasta llegar a esa inyección de 4.900 millones, los ponen los bancos integrados en el FRC.

Costa ha precisado que la solución "no tendrá ningún coste para el erario público ni para los contribuyentes". Con este rescate, el Gobierno luso busca evitar la contaminación de todo el sector financiero portugués o que afecte a Europa.

Los actuales accionistas, entre ellos la familia Espírito Santo, se quedan con el "BES malo", al que serían transferidos los activos tóxicos y los más problemáticos.