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Es fundamental analizar de dónde procede el dinero que se va a invertir, durante cuánto tiempo puede mantenerse invertido y qué nivel de riesgo se está dispuesto a asumir. Para analizar uno de los errores más delicados —recurrir a financiación para invertir—, este medio ha consultado a Finjet, compañía especializada en préstamos online.
Invertir sin un fondo de emergencia
Antes de invertir, hemos de contar con un colchón financiero que permita afrontar gastos inesperados. Averías, pérdida de ingresos o cualquier imprevisto hacen que necesitemos liquidez cuando menos lo esperamos. Por ello, organismos como el Banco de España o la CNMV destacan la importancia de mantener reservas económicas adaptadas a nuestras circunstancias. Su cuantía dependerá de factores como la estabilidad laboral, los gastos fijos o las cargas familiares.
Contar con un fondo de emergencia permite evitar que una necesidad puntual obligue a vender inversiones antes de tiempo, especialmente en momentos en los que los mercados atraviesan una fase bajista.
Invertir dinero que se necesitará a corto plazo
La inversión se relaciona con objetivos de medio y largo plazo. Los mercados financieros evolucionan con ciclos de crecimiento y caídas. Si una persona necesita retirar el dinero precisamente durante un periodo de pérdidas, puede verse obligada a vender sus inversiones por un importe inferior al inicialmente invertido.
Por este motivo, antes de invertir conviene valorar cuándo será necesario utilizar ese dinero y si existen alternativas más adecuadas para objetivos de corto plazo que prioricen la disponibilidad inmediata del capital.
Pedir dinero prestado para invertir
Uno de los errores que pueden comprometer la estabilidad financiera es invertir utilizando dinero prestado. Aunque algunas personas consideran que esta estrategia puede aumentar las posibilidades de obtener una mayor rentabilidad, también añade riesgos relevantes y una obligación financiera independiente del resultado de la inversión.
A diferencia de una inversión, el préstamo genera una obligación de devolución que debe cumplirse independientemente del resultado obtenido. Si la inversión pierde valor, la deuda sigue existiendo y tendremos que afrontar un gasto adicional.
Además del coste financiero que supone el préstamo, existen otros factores que conviene tener en cuenta. Los plazos de devolución pueden no coincidir con el horizonte temporal adecuado de la inversión, obligando al prestatario a recuperar el dinero antes de lo previsto. Esta situación puede traducirse en pérdidas adicionales.
También puede aumentar la presión psicológica. Cuando tenemos una deuda pendiente, podemos tomar decisiones más impulsivas que comprometan nuestra estabilidad financiera. Esto puede alejarnos de una inversión racional y basada en objetivos a largo plazo.
Desde Finjet recuerdan que un préstamo debe devolverse independientemente de cómo evolucione la inversión. Por ello, aconsejan no utilizar financiación para perseguir rentabilidades inciertas y comprobar siempre el coste total, los plazos y la capacidad real de devolución.
Perseguir rentabilidades rápidas
Al buscar rentabilidad, conviene desconfiar de las expectativas de ganancias rápidas. El deseo de obtener un beneficio en poco tiempo puede llevarnos a asumir más riesgos. La CNMV recuerda con frecuencia la importancia de comprender en qué se invierte, cuáles son los riesgos asociados y si el producto resulta adecuado para el perfil del inversor.
Debemos alejarnos de las inversiones por presión social o en busca de resultados inmediatos. Lo más idóneo es adoptar una estrategia basada en objetivos personales, diversificación y un horizonte temporal.
Concentrar todo el capital en una sola inversión
Destinar todos los ahorros a una única inversión implica que cualquier evolución negativa afectará a la totalidad del patrimonio invertido. Por ello, puede ser conveniente distribuir el capital entre diferentes activos. La diversificación no elimina el riesgo, pero puede ayudar a reducir el impacto de una mala evolución de una inversión.
Antes de invertir, resulta recomendable analizar el nivel de exposición asumido y comprobar que la distribución del patrimonio es coherente con los objetivos financieros y la tolerancia al riesgo.
Confundir una inversión con una solución de liquidez
También conviene evitar utilizar la inversión como respuesta a necesidades económicas inmediatas. Una inversión no está diseñada para proporcionar liquidez urgente ni garantiza que el dinero pueda recuperarse sin pérdidas en cualquier momento.
Cuando una persona necesita recursos económicos para afrontar gastos concretos, conviene analizar las distintas alternativas disponibles en función de la naturaleza de esa necesidad. Del mismo modo, si el objetivo es construir patrimonio a largo plazo, la inversión debe realizarse con capital cuya inmovilización temporal no comprometa la economía cotidiana.
Confundir ambas funciones puede provocar decisiones poco adecuadas y aumentar la vulnerabilidad financiera.
La planificación es tan importante como la inversión
Elegir una inversión adecuada es solo una parte del proceso. Además, debemos asegurarnos de que ese dinero no procede de un préstamo ni será necesario a corto plazo. De esa manera, podemos evitar comprometer la capacidad de afrontar gastos habituales o imprevistos y tomar decisiones más informadas.
Invertir implica asumir riesgos y ninguna rentabilidad futura está garantizada. Sin embargo, actuar con criterios coherentes y una planificación adecuada puede ayudar a reducir riesgos. Conviene separar los objetivos de inversión de las necesidades de liquidez, valorar el horizonte temporal y la tolerancia al riesgo y, cuando resulte necesario, recurrir a profesionales autorizados para tomar decisiones más informadas. Así se favorece una gestión más sólida de las finanzas personales.
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