El euro se desploma desde principios de año. Esto no es de extrañar teniendo en cuenta los acontecimientos que estamos viviendo en el viejo continente. El BCE ha anunciado que los bancos europeos podrían tener pérdidas de hasta 195.000 millones de euros de aquí a dos años, derivadas de la gran exposición de éstos a las deudas públicas de los países de la zona euro. El BCE en sus intentos por rescatar a Europa de esta situación ha comenzado a comprar deuda soberana, para ayudar a los países en sus necesidades de financiación.
Después de la ayuda prestada a Grecia ahora le tocaría el turno a Irlanda y Portugal, los dos siguientes países con mayor necesidad de financiación. España también está en la lista de los perjudicados: la prima de riesgo país se ha situado en máximos, en la zona de los 170 puntos de diferencia frente al bono alemán; por su parte las agencias de rating ya se han apresurado a realizar su trabajo bajando la calificación del reino y de algunas de sus entidades financieras. Estamos ante una crisis de deuda en Europa de dimensiones que no nos podíamos imaginar.



A esta crisis de deuda hay que sumarle los datos macro que nos van llegando casi a diario: a principios de Junio conocíamos el dato de confianza de los consumidores, el cual presentaba su mayor caída desde que se comenzara a medir este dato en España. También nos llegaban noticias que seguían siendo preocupantes como que el desempleo en Europa alcanza un 10% de la población o que el tipo de interés interbancario en España subía un 200%, debido a que los bancos extranjeros no se fían del papel español y han rebajado considerablemente las líneas de liquidez.

Con este panorama en Europa, los inversores ven un alto riesgo en el euro, por lo que se refugian en otras divisas, como el dólar o el yen o en otros activos como el oro, que el día 1 de Junio alcanzó sus máximos históricos en Londres.

Además, la economía americana ofrece indicios de recuperación (aunque habrá que ver qué efectos tiene la crisis de Europa en este proceso de recuperación); durante el primer trimestre se generó más empleo del esperado, así como productividad y consumo, llevando esto último a elevar su PIB a un 3,2% en dicho periodo. Todo esto aumenta la desconfianza de los inversores en el euro, disminuyendo la demanda de la moneda única, haciendo que baje su precio y elevando la cotización del dólar.



La tendencia del par EURUSD es bajista indiscutiblemente y a día de hoy ya ha caído por debajo de los mínimos de hace 4 años. Muchos expertos están hablando de niveles entre 1,20 y 1,15…Tendremos que esperar a ver el éxito de las medidas adoptadas por Europa y la recuperación de la confianza de los inversores para saber en qué punto tendrá su fin esta caída.