El Banco de España calcula que la economía española creció un 0.2% en el segundo trimestre - en tasa intertrimestral - y un 0.7% en términos interanuales, según el último boletín de la entidad. Una desaceleración que se habría producido por una caída en la demanda más pronunciada que el trimestre anterior.
La información disponible sobre el segundo trimestre sugiere un debilitamiento de la actividad,  en un entorno marcado por el agravamiento de la crisis de la deuda soberana en la zona del euro. Las estimaciones realizadas a partir de la información coyuntural disponible señalan que el PIB habría registrado una tasa de variación intertrimestral del 0,2 %, situando su tasa interanual en el 0,7 %.

Por el lado del gasto, la desaceleración de la actividad se habría producido como consecuencia del retroceso de la demanda nacional (–1,9 % en tasa interanual), más pronunciado que en el trimestre anterior, mientras que la demanda exterior neta elevó su aportación positiva, hasta 2,6 pp. Debe tenerse en cuenta que en este trimestre las tasas interanuales están afectadas por la concentración de un volumen excepcional de gasto en igual período del año anterior, en anticipación a la subida del IVA el 1 de julio y a la inminente finalización de distintos programas públicos de apoyo al gasto (entre ellos, del plan 2000E de ayuda directa a la adquisición de automóviles).

El panorama económico internacional, la evolución económica y financiera en los últimos meses estuvo dominada por el agravamiento de las tensiones en los mercados de deuda soberana de la zona del euro y por una cierta pérdida de vigor en el ritmo de recuperación económica de algunas de las principales economías desarrolladas, lo que supuso un elemento de incertidumbre adicional, que contribuyó a aumentar las dudas sobre el carácter transitorio de la desaceleración. Esta evolución contrasta con el mantenimiento del dinamismo en las economías emergentes. Los precios del petróleo y del resto de materias primas flexionaron a la baja respecto a los niveles máximos alcanzados en abril, aunque permanecieron en cotas elevadas, y la inflación continuó evolucionando de forma diferenciada por áreas geográficas, observándose mayores presiones inflacionistas en los países emergentes, que se encuentran más adelantados en el ciclo económico. Finalmente, los riesgos en el terreno fiscal se extendieron más allá de la zona del euro, destacando las tensas negociaciones en Estados Unidos sobre el aumento del techo de deuda.

En Europa, la incertidumbre suscitada en torno a la posibilidad de alguna forma de reestructuración de la deuda griega y la demora en la aprobación del segundo paquete de ayuda financiera a ese país determinaron que las turbulencias en los mercados financieros (que en el tramo inicial del trimestre afectaron a los países sujetos a programa) se extendieran a partir de julio a los mercados de deuda pública de otros países de la zona del euro, y con particular intensidad a Italia y España. Además, las tensiones se propagaron a otros mercados financieros, como el mercado bursátil, los mercados cambiarios (donde el tipo de cambio del euro registró oscilaciones significativas) y el mercado interbancario. Esta fuerte inestabilidad enturbió la publicación el 15 de julio de los resultados positivos de las pruebas de resistencia de la banca europea por parte de la Autoridad Bancaria Europea (EBA, según sus siglas en inglés).

Vea el informe completo en el archivo adjunto