El Sareb, o como todos le conocemos, “banco malo”, es una sociedad que no puede dar crédito. ¡Qué paradoja! Se trata, pues de un lugar de paso y una manera de engañarnos a nosotros mismos, saneamos los balances de los bancos y cajas en quiebra y lo traspasamos a otro lugar que le llamamos banco malo. De momento desaparece, pero únicamente se han cambiado de sitio los papeles y se aparenta solvencia. Solo se aparenta.

Al no poder dar créditos las operaciones las tiene que financiar alguna entidad o buscar una fórmula que sea manejable para todos y ahí reside uno de los grandes problemas de la creación de este ruinoso conglomerado inmobiliario. Aunque últimamente algunas entidades como La Caixa han abierto líneas para financiar alguna compra a terceros, evidentemente como contraprestación a las adjudicaciones de entidades en quiebra y con el fin de poder dar algún tipo de salida fácil a compradores con menos recursos. Recordemos que nadie da puntada sin hilo.

Los vaivenes de la dirección del Sareb empezaron con las negociaciones en la constitución de la sociedad. Los fondos especulativos quisieron entrar, pero a precios de saldo, y eso en esos momentos era poco razonable y muy criticable. Pasado este escollo, el SAREB trató de realizar operaciones por vía directa con compradores igualmente especulativos, siendo algunos los mismos que quisieron entran en la sociedad: “si no hemos podido ser socios, ahora compramos directamente”. Pero otro parón y marcha atrás se introdujo con las conversaciones iniciadas con estos posibles compradores. La subasta (operación Bull), seamos serios a mitad de la jugada, no se puede parar y cambiar las reglas. No solamente está este problema, aparece otro más importante y es que las adquisiciones se deben de hacer a través de un Fondo de Activos Bancarios , figura de reciente creación y vehículo con que se debe utilizar para estas compras del Sareb, según dictamina el Ministerio de Economía.

Los procesos rápidos no están exentos de problemas en su posterior funcionamiento. El círculo real de estas posibles operaciones quedaría como sigue: las entidades financieras constituyen a regañadientes el SAREB, que era un vehículo obligatorio para iniciar el proceso y, una vez allí, la sociedad,como hemos indicado, no puede dar créditos y, bien por medio de operaciones subastas tipo Bull, se pueden adquirir lotes inmobiliarios. Pero, ¡ojo! a través de fondos inmobiliarios tipo FAB, los cuales están constituidos en su gran mayoría por las propias entidades constituyentes del Sareb entre otros. Estas situaciones de improvisación y “dobles juegos” no aportan nada al proceso y si confusión al mismo. Además de desconfianza en nuestras instituciones, esta fórmula puede ser muy favorable para el Sareb porque aporta fondos desde el primer día.

Para acabar de cerrar este círculos, estos Fondos de Activos Bancarios están autorizaos por ley a emitir títulos de cualquier índole, aunque, según comentan, dado su riesgo o complejidad únicamente acudirán a comprar inversores de tipo institucional. Parece que esto cierra un círculo que huele a cierto tufillo de estar las cosas preparadas para las mismas entidades , puesto que también la tributación durante los primeros quince años será igual que las Sincav, del 1%. O sea, que compro a precio de saldo por las necesidades, tributo casi a cero y en quince años hago el negocio. Además, si soy extranjero, estoy exento de pagar el impuesto de beneficios.

En estos intentos y operaciones nos va mucho del crédito de la sociedad y no se nos pasa por alto que los gestores de los activos responsables sobre el terreno son los mismos colocan todas las trabas posibles ante solicitud de informaciones para posibles compradores, ya que les va su trabajo en ello. Es un simple matiz, pero es muy importante. Compruébenlo por favor.
Independientemente de todo ello, no sé por qué el SAREB no puede vender al mejor postor inmuebles sin necesidad de subastas. Puede ser que estemos escaldados y que nuestra gestión no sea de fiar, pero cuando a una sociedad se le encomienda un trabajo, hay que responsabilizarse de ello y no inventarse concursos y trabas cuando después, fiscalmente, les damos todas las facilidades.

Rafael Montava Molina
Consultor financiero Empresarial
rafaelmontava@hotmail.com