Wall Street recuerda que se cumplen 30 años del conocido como el Black Monday. Ese día, el 19 de octubre de 1987, el S&P 500 cayó un 20,5% y el Dow Jones se desplomó solo en esa jornada un 22,6%.  ¿Tiene algún parecido el mercado de hoy con el de hace tres décadas?

Dave Lafferty, Estratega Global de Natixis Global Asset Management, explica en una nota a sus clientes que “las comparaciones históricas entre los regímenes del mercado son siempre poco acertadas – los tiempos cambian y por lo mismo las comparaciones directas nunca son perfectas. Pero en el 30 aniversario de la Crisis del 87, vemos vulnerabilidades estructurales que nos recuerdan el caos generado cuando el índice S&P 500 cayó 508 puntos, perdiendo más del 20% de su valor de mercado en una sola jornada de cotizaciones. Si bien las ventas masivas de esta magnitud se han mitigar por las reglas del intercambio bursátil que detienen los ciclos, los inversores podrían sabiamente reconocer los riesgos paralelos en los mercados de hoy”.

Mark Tinker, director de AXA IM Framlington Equities Asia, explicaba en una nota a sus clientes que en este aniversario, “los nervios surgen de nuevo cuando se piensa en la protección de la cartera y la posibilidad de que la situación se dé la vuelta, especialmente, en un momento en el que la FED ha comenzado ya a reducir su balance”.

Este experto se fija en el XIV, el ETF que mide a la inversa el VIX (el índice de volatilidad implícita del mercado).  Explica Tinker que “después de  una sana corrección en el verano, el índice está tocando de nuevo máximos, con lo que mi nervios comienzan a ponerse a prueba de nuevo”.

Al experto le preocupa que los inversores minoristas estén comprando este ETF como lo hacen con los bitcoins, es decir, lo hacen pensando que solo puede subir.  “Lo que están haciendo cada vez que compran una unidad es vender en corto volatilidad, aunque en realidad es el proveedor del ETF el que lo está haciendo”. Explica el experto “en estos momentos hace 30 años descubrimos que los bancos británicos minoristas habían estado prestando dinero a los ciudadanos. Un dinero que se usaba para vender puts sobre el mercado (después de todo, no dejaba de subir). Lo hicieron de tal forma que cuando el mercado cayó no tenían el colateral suficiente como para hacer frente a sus obligaciones”.

El efecto, explica el experto, “es que el comprador del seguro de su seguro descubrió que su cotnraparte no tenía capital, con lo que sus coberturas no es que no solo no existieran, sino que el deseo de cubrir había creado una gran deuda”.  En su opinión, este momento parece muy parecido. Explica que la volatilidad no solo está baja porque los inversores no están preocupados, sino por la gran cantidad de inversores que están vendiendo volatilidad –muchos de los cuáles ni entienden lo que etán haciendo-, asegura. El experto afirma: “esto no representa el índice del miedo, sino el índice de la avaricia”.

 

Inverso a la volatilidad

Algo en lo que coincide con Lafferty, que señala que “en los últimos años se ha visto un aumento astronómico en las estrategias cuantitativas y algorítmicas de cotizaciones. Estas incluyen áreas en aumento como los asesores en negociación de materias primas, estrategias en gestión de futuros (más ampliamente), productos de paridad de riesgo, y muchas otras estrategias de cobertura o “protección”, tan solo por nombrar algunos”.

El experto indica que “si bien no idénticas, algunas estrategias son ciertamente los primos lejanos de las tácticas de seguro para el portafolio a menudo a las que se culpa de la crisis. En si mismas, muchos de los productos tienen un fin vital en el portafolio, ofreciendo nuevas fuentes de retorno, diversificación o gestión de riesgo. Sin embargo, los efectos en la red creados cuando muchos activos se insertan en estrategias similares al mismo tiempo deberían preocupar a los inversionistas. Los cuantitativos de hoy nos dicen que el modelo de gestión de riesgo y sus técnicas han avanzado mucho”.

Para el experto de Natixis, hay otras similitudes con el lunes negro. En aquel momento la FED había comenzado a restringir su política monetaria y a los inversores les preocupaban las altas valoraciones. En su opinión, como a finales de los 80, la fortaleza hoy de la economía global oculta algunas de las vulnerabilidades del mercado.

Con todo, señala que “si bien no esperamos un nuevo 1987, debemos reconocer que los sucesos raros son, por definición, inesperados. Sin importar el catalizador, creemos que el aumento en la cotización cuantitativa y algorítmica podría magnificar las pérdidas a futuro”.

Y avisa que el deseo por menos protección y las estrategias de piloto automático que proveen podrían aumentar las pérdidas a futuro.