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A medida que se acercan las elecciones al Congreso de EE. UU., las encuestas indican una mayor probabilidad de que los demócratas se hagan con el control de al menos una de las dos cámaras. Desde una perspectiva histórica, los cambios legislativos relevantes son poco frecuentes cuando distintos partidos controlan los poderes ejecutivo y legislativo. En estas circunstancias, los mercados tienden a reaccionar favorablemente.
Sin embargo, eso no significa que los inversores estadounidenses y globales deban pasar por alto los próximos comicios. Desde la pandemia, la creciente influencia de la política fiscal estadounidense en los mercados ha convertido cada cita electoral en un acontecimiento de especial interés para los inversores.
Asimismo, las elecciones de mitad de mandato de este año pueden aportar valiosas pistas sobre la orientación a largo plazo de la política estadounidense en materias como los tipos de interés, la inflación o la inteligencia artificial. Esta información ayudaría a los inversores a identificar oportunidades en un entorno inestable.
¿Congreso dividido o victoria arrolladora?
Una posibilidad es que los republicanos conserven el Senado y los demócratas logren el control de la Cámara de Representantes. Este escenario reduciría la probabilidad de que se aprobaran nuevas leyes e incrementaría la capacidad del Congreso para supervisar al Ejecutivo. La contienda por la Cámara de Representantes se reduce a cerca de 29 escaños en disputa. Bastaría con que entre 4 y 5 pasaran a manos de otro partido para alterar la mayoría.
En las últimas semanas, los sondeos apuntan a que los demócratas podrían obtener el control tanto en el Senado como en la Cámara de Representantes. Una victoria arrolladora de los demócratas daría mayor protagonismo a la sanidad, el coste de la vida, la protección del consumidor y otros ejes prioritarios de su campaña electoral.
El bloqueo legislativo derivado de un Congreso dividido o controlado por los demócratas y un presidente republicano limitaría el gasto adicional. Los rendimientos de los bonos del Tesoro podrían experimentar una menor presión al alza, aunque ese escenario sería menos favorable para el crecimiento económico.
La perspectiva de que en enero tome posesión un Congreso dividido o bajo control demócrata llevaría a los republicanos a acelerar la aprobación de sus principales medidas legislativas durante el periodo de sesiones saliente, justo antes de que termine el año. Entre las propuestas podrían figurar un incremento del gasto en defensa relacionado con la guerra de Irán, más fondos para la agricultura y cambios en las partidas destinadas a infraestructuras. En conjunto, estas iniciativas podrían suponer un aumento del gasto de hasta el 0,5% del PIB.
Sin embargo, con independencia del resultado electoral, el presidente Trump conservará la potestad para adoptar medidas ejecutivas en materia de comercio, regulación, política exterior y otros ámbitos.
La deuda, otro factor clave
Las campañas políticas de ambos partidos se centran más en aspectos como la inflación y la economía que en el aumento de la deuda federal. Sin embargo, la necesidad de elevar el techo de deuda antes de que finalice el próximo año tendrá repercusiones en los mercados y podría afectar a la calificación crediticia del Gobierno.
La atención de los inversores se centrará en dos escenarios: que los republicanos intenten elevar el techo de deuda durante el periodo de sesiones saliente antes de que finalice el año, o que los demócratas utilicen esta cuestión como baza negociadora el próximo año si logran una victoria arrolladora en las elecciones al Congreso.
Aunque los candidatos de ambas formaciones apelan a la inquietud de los votantes ante la inflación y el coste de la vida, el resultado de los comicios tendrá un efecto limitado en la trayectoria de los precios. Esto se debe a que el actual repunte inflacionista responde, en parte, a perturbaciones en el suministro energético derivadas del conflicto en Oriente Medio. A diferencia de la inflación impulsada por la demanda, la Reserva Federal dispone de un margen reducido para atajar la subida de precios provocada por las restricciones de oferta. Por ello, el coste de la vida seguirá siendo un reto para las autoridades y los consumidores, con independencia de qué partido controle el Congreso.
¿Se regulará la IA?
Las expectativas de los inversores respecto al futuro de la IA se han convertido en un motor clave para los mercados de renta variable y renta fija. Sin embargo, crece la preocupación de los votantes ante los riesgos de la IA en diversos ámbitos de su vida cotidiana. En respuesta, las fuerzas políticas han emprendido diversas iniciativas para regular un sector que hasta ahora ha funcionado en gran medida mediante mecanismos de autorregulación. Aunque la Administración Trump se opone, en líneas generales, a la intervención pública en el ámbito de la IA, el resultado electoral podría sentar las bases de un futuro marco normativo. A continuación, detallamos algunos escenarios posibles:
- Una victoria arrolladora de los demócratas daría paso a una supervisión más estrecha de los centros de datos y de otros proyectos relacionados con la IA. Este mayor control respondería sobre todo a la preocupación por el coste de la vida y la seguridad.
- La regulación podría acelerarse a raíz de un accidente u otro acontecimiento.
- Ante la ausencia de un detonante inmediato, es posible que en las elecciones de 2028 se presenten candidatos partidarios de regular la IA, con un posible respaldo bipartidista a partir de 2029.
- Las consideraciones de seguridad nacional favorecen un enfoque regulatorio más flexible, ya que las autoridades perciben la IA como una infraestructura estratégica y temen que una normativa frene la innovación de EE. UU. frente a China.
Por qué es relevante para los inversores globales
Los inversores no estadounidenses deberían estar pendientes de la posible aprobación en el Congreso de un paquete de gasto a finales de año. Su efecto en el crecimiento económico, los tipos de interés y la inflación en EE. UU. podría tener consecuencias para la asignación de activos. Si el resultado electoral no se traduce en un paquete de medidas antes de que acabe el año, el país afrontaría un ajuste fiscal equivalente al 0,5% del PIB el próximo ejercicio, lo que supondría un cambio significativo con respecto al periodo posterior a la pandemia
Asimismo, los inversores deberían prestar atención a cómo evoluciona durante la jornada electoral la creciente división dentro del Partido Demócrata entre moderados y progresistas. El desenlace ofrecerá pistas sobre si las elecciones de 2028 se centrarán en el gasto en prestaciones sociales y la reforma sanitaria o si habrá un mayor margen para alcanzar acuerdos en materia de política fiscal.

