Esperamos que el BCE eleve los tipos de interés en 25 pb en la reunión del próximo jueves (11 de junio). Dada la incertidumbre política en Oriente Medio y la volatilidad de los precios del petróleo, no prevemos que la institución ofrezca indicaciones sobre las próximas reuniones de política monetaria. Seguimos esperando una nueva subida de tipos en septiembre, ya que tanto la inflación como las expectativas de inflación han repuntado. Sin embargo, no contemplamos una tercera subida este año y consideramos que las previsiones del mercado son demasiado agresivas. Además, tenemos la impresión de que el BCE no desea alimentar todavía más las expectativas de endurecimiento monetario. Los discursos recientes han sido mucho más matizados y han puesto más énfasis en las diferencias con el shock energético de 2022 que en sus similitudes.
Las tasas de adopción de la inteligencia artificial (IA) en Europa van a la zaga respecto a las de EE.UU., al igual que las tasas de patentamiento relacionadas con esta tecnología. Para aprovechar el potencial de la IA, los países europeos deberían facilitar la movilidad laboral entre empresas y sectores y aprovechar mejor las posibilidades que ofrece el mercado común. De no hacerlo, Europa corre el riesgo no solo de quedarse aún más rezagada, sino también de socavar la sostenibilidad de las finanzas públicas.
Los precios más altos del petróleo están dejando su huella en la balanza comercial de la zona euro. En marzo, el superávit se redujo en 3.000 millones de euros respecto a febrero y en 26.000 millones en comparación con marzo del año pasado. Las exportaciones relativamente débiles en los principales sectores exportadores de la zona euro —maquinaria y vehículos, así como productos químicos y relacionados— también contribuyeron a la disminución del superávit comercial.
La guerra en Irán sigue estancada, lo que mantiene los precios del petróleo elevados y eleva de forma mecánica nuestras previsiones de inflación para este año; el crudo hasta mayo ha superado las expectativas del mes pasado. No obstante, seguimos pensando que la reapertura del Estrecho de Ormuz sirve a los intereses de ambas partes y debería producirse en cuestión de semanas, manteniendo intacta la dirección general de la economía global.
La protección de los inquilinos y la elevada protección frente al despido preservan las estructuras económicas existentes, dificultan los cambios necesarios en Alemania y limitan el potencial positivo derivado de la disrupción de la IA. Sería más beneficioso premiar la valentía de cambiar de empleo facilitando la transición entre trabajos y aumentando la rotación en el mercado del alquiler.
El BCE ha señalado claramente que “no se dejará paralizar por la duda” a la hora de responder al shock de precios energéticos. Sin embargo, también ha subrayado que desea disponer de “información suficiente sobre la magnitud y persistencia del shock y su propagación”