
El Departamento del Interior de Estados Unidos afirmó que la decisión se debía a las quejas del Pentágono, según las cuales el movimiento de las enormes palas de las turbinas de los proyectos eólicos marinos, así como las torres altamente reflectantes que las sostienen, causan interferencias en los radares que pueden dificultar la identificación y localización de amenazas para la seguridad.
La suspensión supone el último golpe para los promotores eólicos marinos, que se han enfrentado a repetidas interrupciones de sus proyectos multimillonarios bajo la presidencia de Donald Trump, quien ha declarado que las turbinas eólicas le parecen feas, costosas e ineficientes. Y de hecho, parte de su campaña se centraba en este sector: acabar con la industria eólica marina alegando que los «molinos de viento» son demasiado caros y dañan a las ballenas y las aves, al tiempo que promovía el petróleo y el gas. Esta incertidumbre ha tenido consecuencias financieras para los promotores.
Funcionarios estatales, legisladores demócratas, empresas eólicas marinas y grupos comerciales del sector han criticado la medida de Trump por considerarla injustificada. De hecho, la Asociación Nacional de Industrias Oceánicas (NOIA), un grupo comercial que representa a los promotores de energía eólica marina, instó a la administración a poner fin rápidamente a la pausa, señalando que el Pentágono había participado en la aprobación de los proyectos bajo administraciones anteriores.
Esta pausa afecta directamente a los proyectos Revolution Wind y Sunrise Wind de la empresa energética danesa Orsted, al proyecto Vineyard Wind 1 de Avangrid y Copenhagen Infrastructure Partners, al proyecto D.N Coastal Virginia Offshore Wind de Dominion Energy y al proyecto Empire Wind 1 de Equinor, según el comunicado.
Dominion afirmó que la suspensión pondrá en peligro la fiabilidad de la red para sus clientes de Virginia, incluidas las bases militares y los centros de datos que alimentan la inteligencia artificial. «Estos electrones alimentarán los centros de datos que ganarán la carrera de la IA, apoyarán a nuestros combatientes y construirán los buques de guerra nucleares necesarios para mantener nuestra supremacía marítima», afirmó la empresa.
Orsted aseguró que sus proyectos se encontraban en fases avanzadas y que se habían estado preparando para suministrar energía a alrededor de un millón de hogares en tres estados a partir del próximo año. Esto ha llevado a que la danesa haya impugnado la decisión del gobierno estadounidense y solicitará una orden judicial contra la decisión de detener su proyecto eólico marino de 5000 millones de dólares. Revolution Wind está completado en un 87 % y, en el momento de la orden de suspensión de los arrendamientos, se esperaba que el proyecto comenzara a generar energía en enero de 2026.
En esta línea, también el grupo energético noruego, Equinor , presentó una demanda civil ante el tribunal de Estados Unidos para el Distrito de Columbia en la que impugnaba una orden del Departamento del Interior de los Estados Unidos de suspender su proyecto Empire Wind. Equinor ha asegurado que es necesario solicitar una orden judicial preliminar para mantener el proyecto en marcha durante esta fase crítica de ejecución y evitar más repercusiones comerciales y financieras si la orden sigue en vigor. Empire Wind se está desarrollando en virtud de un contrato con la Autoridad de Investigación y Desarrollo Energético del Estado de Nueva York (NYSERDA). El proyecto está completado en más de un 60 % y representa una importante inversión en infraestructura energética, empleo y cadenas de suministro en Estados Unidos, según la empresa.
Las acciones de Orsted han caído más de un 34% en el último año y llegaron a caer un 12% tras conocer la decisión del gobierno estadounidense. Hoy el valor cede más de un 2,6% y se cotiza a 124,65 coronas danesas. Por su parte, las acciones de Equinor ceden más del 1,7% tras registrar una caída de más del 16% en el último año.


