Los mercados siguen pendientes de la evolución del conflicto bélico. La tregua ha puesto de manifiesto que existe apetito por el riesgo y por mantenerse en mercado. Si la situación se resuelve de forma ordenada, el escenario volvería a los fundamentales de comienzos de año, con un crecimiento moderado como referencia. Sin embargo, la guerra deja como consecuencia una inflación más persistente y un entorno de tipos de interés elevados durante más tiempo, sin movimientos de los bancos centrales. A corto plazo, el alto el fuego mantiene a los inversores en modo de “esperar y ver”, especialmente ante la evolución de las negociaciones durante el fin de semana. Las tensiones recientes, con Irán como uno de los actores más activos, obligan a ambas partes a acercar posturas. En este escenario, tampoco interesa una prolongación del conflicto a figuras como Donald Trump, en un contexto de elecciones de mandato en noviembre con encuestas más ajustadas que hace dos años, lo que podría limitar su margen de acción política en el futuro.
Por ello, aunque existe voluntad de entendimiento, el mercado se mantiene prudente. La recomendación sigue siendo permanecer invertido, evitando reaccionar a movimientos especulativos o a la volatilidad de corto plazo. En los últimos meses, las expectativas han sido excesivas, con el mercado descontando de forma sucesiva subidas, bajadas y posteriores mantenimientos de tipos de interés. Frente a ello, la clave sigue estando en los fundamentales y en mantener una estrategia de inversión a largo plazo.
En términos de comportamiento de mercado, los índices estadounidenses han mostrado una mayor resiliencia que los europeos durante el conflicto. Este mejor desempeño se explica, en parte, por el papel del dólar como activo refugio frente al resto de activos: caídas en renta variable, descensos en el oro y repuntes de rentabilidad en renta fija —con la consiguiente pérdida de precio— han reforzado al billete verde. Además, la menor dependencia energética de Estados Unidos frente a Europa, en un contexto de subida del precio del crudo, también ha contribuido a esta divergencia. De cara al escenario central, si el conflicto se resuelve de forma moderada y sin un claro ganador ni perdedor, los mercados podrían regresar a los fundamentales de inicio de año, aunque con un condicionante adicional: una inflación más persistente.
En cualquier caso, las expectativas para las compañías estadounidenses siguen siendo elevadas. La semana que viene, concretamente el lunes con Goldman Sachs, arrancan los resultados de Wall Street del 1T2026 de forma oficial. Según los analistas, el 59% de las empresas publicarán resultados con beneficios por acción y objetivos anuales positivos para 2026. La clave no estará solo en las cifras, sino en las previsiones y en la capacidad de adaptación a las nuevas presiones inflacionistas.
Por su parte, el sector financiero afronta el inicio de la temporada de resultados con perspectivas favorables. La previsión de tipos de interés más altos durante más tiempo —frente a las expectativas iniciales de recortes por parte de la Reserva Federal—, junto con una buena evolución en préstamos, depósitos y comisiones, refuerzan la expectativa de un arranque positivo en las cuentas de los bancos estadounidenses.

