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José Luis Cava aborda tres cuestiones clave: si el oro ha formado suelo, las implicaciones del acuerdo entre Estados Unidos e Irán y la valoración de la reciente subida de tipos del Banco Central Europeo. 

En primer lugar, respecto al oro, se plantea que podría estar cerca de iniciar un nuevo tramo alcista tras una fase de debilidad relativa frente al petróleo. Para ello, se analiza el cociente entre ambos activos, que muestra cómo, tras una tendencia alcista clara hasta comienzos de 2026, el oro corrigió y ahora trata de construir una base sólida en niveles concretos. Esta debilidad reciente no responde a factores estructurales, sino a elementos transitorios: por un lado, las ventas de oro por parte de países del Golfo que necesitaban liquidez ante la interrupción de exportaciones de petróleo; por otro, el incremento de exportaciones de oro desde Estados Unidos, fruto de un exceso de inventarios acumulados por temor a posibles aranceles. 

Una vez desaparezcan estas presiones, el oro debería recuperar fortaleza. Además, el sentimiento del mercado es claramente bajista, lo que, desde un enfoque contrario, aumenta la probabilidad de que se haya formado un suelo. Técnicamente, la clave estaría en la superación de la media de 200 sesiones, que actuaría como señal de confirmación de un cambio de tendencia, señala el analista.

En segundo lugar, el acuerdo entre Estados Unidos e Irán lo interpreta como una victoria estratégica clara del primero, con Irán renunciando a elementos clave de su capacidad militar y nuclear. Esto tendría importantes implicaciones económicas: una reducción de las tensiones geopolíticas, caída de las primas de riesgo globales y un entorno más favorable para el crecimiento económico. 

Además, la normalización del tránsito en el estrecho de Ormuz permitiría una mayor oferta de petróleo en el mercado, lo que presionaría los precios a la baja. Aunque el Brent todavía se mantiene en niveles de soporte relevantes, los mercados de futuros ya apuntan a posibles caídas hacia niveles más bajos, lo que contribuiría a moderar la inflación progresivamente. Este proceso no sería inmediato, pero sí sostenido en el tiempo, según Cava.

Por último, critica la decisión del BCE de subir los tipos de interés. Su argumento es que las expectativas de inflación están contenidas y que la posible caída del precio del petróleo debería aliviar las presiones inflacionistas. En este contexto, endurecer la política monetaria podría frenar innecesariamente una economía europea ya debilitada, advierte. Sugiere que esta decisión refleja un error de diagnóstico por parte del BCE, posiblemente derivado de una interpretación inadecuada de los indicadores de mercado, y advierte de sus efectos negativos sobre el crecimiento económico.