El Presidente Draghi recomendó el fin de semana pasada encarecidamente a los gobiernos europeos un mayor énfasis en las reformas internas, reconociendo que la Unión fiscal está lejana. Esto es compatible con mayor flexibilidad fiscal a corto plazo (pero sin olvidar los objetivos de consolidación fiscal a medio y largo plazo) e inversión pública a nivel conjunto.


Ayer el Ministro de finanzas alemán “rectificó” la interpretación que hizo el mercado de las palabras de Draghi: el ajuste fiscal sigue siendo la base sobre la que estructurar el Euro. Sin decirlo directamente, se entiende que se refería al primer párrafo de esta nota.


El Presidente Hollande, tras concretar el cambio de su Gobierno, se ha referido a la necesidad de dar prioridad en la política europea a la “batalla del crecimiento y del empleo”. Ha pedido que el ritmo de reducción del déficit sea compatible con el escenario macro. Y acorde con la situación de cada país. Al final ha demandado que el ECB “asuma sus responsabilidades”, repitiendo que la moneda europea está demasiado alta.

Claro, Europa debe favorecer la inversión dada la debilidad del crecimiento europeo. Esta afirmación de Schaeuble ayer en París deja preguntas sin responder: ¿se refiere a reformas de oferta para atraer inversión productiva? ¿a inversión pública nacional que no compute en los objetivos de déficit?. Mas clara ha sido su afirmación de que tanto Alemania como Francia tienen especial responsabilidad en Europa. ¿Cómo modelo en sus decisiones al resto?. Y el Ministro de finanzas alemán ha finalizado reconociendo la debilidad del crecimiento y el impacto negativo de los riesgos geopolíticos, como un imponderable que deprime la demanda. Tanto el consumo como la inversión.

Compaginando todo lo anterior (no he querido incluir otras variables, como las que surgen en el caso italiano) la confusión no es poca. La Crisis del Euro que hemos sufrido (que sufrimos) desde 2008 tiene raíces claras políticas. La Unión Monetaria, no eficiente ante la falta de unión fiscal, financiera y política, funcionaba por otro lado bien en escenarios de expansión económica. Naturalmente, la Gran Recesión ha sido clave para el desarrollo de la Crisis. En los últimos años muchos países han aumentado la flexibilidad de sus economías, han recuperado competitividad y encauzado el ajuste de sus finanzas públicas. Pero todas estas medidas y reformas no se han hecho de forma unánime, dependiendo su profundidad de la propia presión del mercado sobre los países en cuestión. La disciplina del mercado ha funcionado, aunque ha puesto al límite la propia supervivencia del Euro. En este difícil periodo se ha avanzado en la unión financiera, aunque sin desvincular el riesgo soberano del financiero. Se ha avanzado menos en la unión fiscal, aunque lo cierto es que se han creado mecanismos antes inexistentes de asistencia financiera a países con problemas. Pero, especialmente, se ha reforzado el papel del ECB como garante de la supervivencia del Euro. Se dice que ningún país puede quebrar en su moneda si tiene al banco central a su lado. La cuestión de fondo es, precisamente, qué limites puede asumir el ECB en este papel que ha asumido de forma implícita. En definitiva, ¿puede realmente conseguir unificar el riesgo en el área a través de su balance?.

Por cierto, Schaeuble consideró también que los tipos de cambio deben ser fijados por los mercados.