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“Desde principios de año, los mercados emergentes han repuntado, impulsados principalmente por el drástico giro de la política monetaria de la Fed, por las medidas económicas pro cíclicas emprendidas en China y por las tortuosas relaciones comerciales entre China y Estados Unidos, que mejoran gradualmente. A menudo, se menciona a Asia como la región más dinámica en la que invertir en el marco de esta clase de activos. Y, dentro de Asia, China y India probablemente constituyan los mercados más interesantes. Sin embargo, los inversores harían bien en no olvidar que las dinámicas de estos países difieren considerablemente.

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La economía de China depende en gran medida del comercio exterior, mientras que la de la India es bastante cerrada. India ofrece un sólido desarrollo demográfico a largo plazo, mientras que China tiene que hacer frente a una población que envejece rápidamente. En términos políticos, las diferencias también son notorias. Además, los mercados bursátiles de ambos países están bastante des correlacionados. En los últimos meses, las fluctuaciones de los mercados chinos obedecieron principalmente al flujo de noticias sobre las negociaciones comerciales con la Administración Trump. Por su parte, los mercados indios se vieron principalmente afectados por el resultado previsto de las elecciones generales actualmente en curso.

Así, cabría preguntarse qué potencia se alzará victoriosa a largo plazo. Son muchos los que consideran que India ofrece unas perspectivas demográficas mucho más alentadoras. Así, el país resulta más atractivo debido al crecimiento de una clase media de gran envergadura: se trata de una tendencia económica que a menudo buscan los inversores a largo plazo en los mercados emergentes. Si la Administración Modi resulta reelegida, seguramente acentuará las reformas económicas de cara a iniciar un ciclo de inversión considerable. En caso de obtener la victoria, la economía india presentaría unas perspectivas de crecimiento a más largo plazo sumamente atractivas que beneficiarían a sectores como el bancario, el cementero o el de consumo.

En China, el todo poderoso Xi Jinping parece seguir apostando por la trasformación a largo plazo de su país. Al mismo tiempo, se espera que las tasas de crecimiento económico general se ralenticen aún más. Así pues, los sectores de la nueva economía china, como el de consumo, servicios o tecnología, deberían experimentar un notable crecimiento en los próximos años. En nuestra opinión, los inversores deberían centrarse en este tipo de sectores en lugar de invertir en la vieja economía china, es decir, en los sectores industriales y en aquellos vinculados a las infraestructuras, que previsiblemente seguirán perdiendo fuelle.  Además, parece que China presenta argumentos de inversión a corto plazo, como pueden ser los efectos positivos de las medidas de estímulo económico o la posibilidad de que finalice el conflicto comercial, mientras que India parece contar más bien con catalizadores a largo plazo, como sus favorables factores demográficos y las reformas estructurales previstas. No obstante, no olvidemos que los mercados emergentes siguen constituyendo un universo muy volátil y, por tanto, los inversores harían bien en diversificar sus carteras, independientemente de los catalizadores que mayor confianza despierten a sus ojos.”