
La historia financiera nos recuerda que ninguna moneda de reserva es eterna. Antes de la hegemonía del dólar, el mundo funcionó bajo el Real de a Ocho español (durante 3 siglos), el florín holandés y la libra esterlina (ambas aproximadamente poco mas de un siglo). En este contexto el dominio estadounidense apenas representa un suspiro de ocho décadas. Hoy, ese dominio muestra al menos cinco grietas que amenazan la arquitectura del sistema financiero actual.
1. La "Armamentización" y el error estratégico según la Teoría de Juegos
La instrumentalización del dólar como arma (weaponization) tras la congelación de reservas rusas, cambio las reglas del juego. Usando Teoría de Juegos, podemos decir que el sistema financiero funciona como un juego de interacción repetida basado en la confianza. Al confiscar activos soberanos, Washington (bajo la administracion Biden) activa una estrategia de gatillo (Grim Trigger): una vez que rompes la neutralidad, el equilibrio se destruye para siempre.
La confiscación es un arma que solo se puede usar con éxito una vez. Aunque a la Alemania nazi se le confiscaron activos, aquello ocurrió en un escenario de hot war (guerra declarada); la movida actual contra Rusia no tiene precedentes en tiempos de paz formal y ha alertado a todos los potenciales rivales estratégicos (y a no rivales) de EEUU en particular a China, quienes han comprendido que sus ahorros nacionales en letras del Tesoro Americano están sujetos a confiscación. El efecto inmediato no es una desdolarización total de la noche a la mañana, sino una reducción drástica y coordinada de la exposición al dólar.
Según datos del Departamento del Tesoro, por poner dos ejemplos, China paso de tener circa 1 Trillon* (T) de USD en bonos del Tesoro Americano en 2021 (pre congelamiento de reservas rusas) a 680 billones (B) en Noviembre 2025 (-32$), India paso de 286 B en 2021 a 174 B (-40%).
Como bien dice el refrán, cuando veas las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar; y medio mundo calladamente vio la acción y comenzó el remojo.
2. La aritmética insostenible: Deuda real contra métricas ajustadas
La deuda pública estadounidense camina hacia los 40 T de dólares, situando el ratio deuda/PIB por encima del 125%. Resulta irónico recordar cómo los mercados se rasgaban las vestiduras cuando Grecia, Italia o España alcanzaban el umbral del 100%, activando alarmas de rescate. Muchos argumentan que, a diferencia de los países del sur de Europa, EE. UU. posee la maquinilla de imprimir. Sin embargo, este argumento ignora que el poder de emisión no es un cheque en blanco, sino un préstamo de confianza global. Imprimir para pagar deuda cuando el mundo ya no quiere acumular tus bonos no es una solución, es una capitulación inflacionaria. El "Privilegio Exorbitante" del dólar termina exactamente donde empieza la pérdida de su poder adquisitivo y su neutralidad.
El problema aquí es que hemos visto en este siglo cómo, sea quien sea quien ocupe la Casa Blanca, la deuda —o el ratio deuda contra un PIB (Producto Interno Bruto) maquillado— no cesa de aumentar. EE. UU. ya ha cruzado un Rubicón financiero: el gasto por intereses de la deuda federal Americana ya sobrepasa el presupuesto de defensa! Históricamente, esta documentado, que este punto de no retorno ha sido nefasto para los grandes grupos hegemónicos.
Mientras tanto, el PIB utilizado como denominador ha sido progresivamente optimizado mediante ajustes como las rentas imputadas —que contabilizan el alquiler teórico que los propietarios se pagarían a sí mismos, este monto ficticio es posteriormente incluido como gasto y forma parte del PIB!— y ni hablar de la inclusión de estimaciones de actividades no gravables como la prostitución y las drogas(Europa también es adepta a este maquillaje), factores que según algunas estimaciones en su conjunto engordan la cifra del PIB hasta un 10%. Irónicamente, el PIB hoy vale tanto como un "EBITDA ajustado": una cifra para el marketing y el roadshow a ser utilizada con inversores naíf, pero que poco tiene que ver con la capacidad real de pago. La deudas se paga con dinero real; la solvencia se mide crecientemente con aire estadístico.
3. El entierro del mito de la independencia de la Reserva Federal
La credibilidad de una moneda de reserva se fortalece cuando existe una separación entre política y emisión de dinero. Sin embargo, la actual pugna pública entre la Casa Blanca y Jerome Powell no es una anomalía, sino el momento en que se le ha quitado la careta a la supuesta independencia de la Fed. Esta tensión es una constante histórica: desde Richard Nixon presionando a Arthur Burns en los años 70 para mantener tipos bajos y ganar las elecciones —lo que desencadenó la Gran Inflación—, hasta las críticas frontales de George H.W. Bush a Alan Greenspan por la recesión de 1991.
Esa independencia ha sido un mito que en realidad murió hace años bajo administraciones de ambos signos, hoy en día asistimos a su entierro. La era del QE (Quantitative Easing) y la sumisión a la MMT (Modern Monetary Theory) convirtieron a la Fed en el brazo financiero del Tesoro, financiando déficits que ningún inversor privado habría absorbido a esos tipos. Trump, con su estilo histriónico, no ha roto la independencia de la Fed; simplemente ha hecho explícito el chantaje que antes se hacía en despachos cerrados. Cuando el mercado percibe que el control de la oferta monetaria es una herramienta de conveniencia partidista para evitar recesiones antes de las urnas, el refugio institucional desaparece y el dólar se convierte en una simple moneda fiduciaria más, sujeta a los caprichos del ciclo electoral.
4. El agrietamiento de las alianzas: Risk Management y la larga marcha hacia Pekín…
Incluso los aliados más cercanos de EE. UU. están buscando un seguro de vida. En este inicio de 2026, vemos una fila de líderes occidentales en Pekín aplicando el pragmatismo: Mark Carney (Canadá) visitó a Xi Jinping hace apenas dos semanas y Keir Starmer (Reino Unido) lo ha hecho esta misma semana.
En Davos, Carney fue lapidario al diagnosticar que "no estamos ante una transición, sino ante una ruptura". Según Carney, el orden basado en reglas se ha vuelto "coercitivo en lugar de cooperativo" y, por tanto, la respuesta institucional debe ser un "classic risk management". Cabe recordar que Carney no es un académico o analista de think tank sin experiencia del mundo real; hablamos de un ex socio de Goldman Sachs y ex gobernador del Banco de Inglaterra. Cuando alguien con ese historial habla de ruptura, no está teorizando; está ejecutando una salida de emergencia.
5. Aranceles: El retorno de las ideas zombis
Resulta insólito ver cómo las ideas más nefastas de la CEPAL (Comisión Económica para América Latina y el Caribe) de los años 70 vuelven de su tumba. Que la primera potencia mundial confíe su futuro a los aranceles masivos es una confesión de debilidad industrial. Si bien la política de sustitución de importaciones (apoyadas sobre tarifas) logró construir una base industrial en algunos países latinoamericanos, a la final terminó fracasando al crear compañías de invernadero: industrias que solo podían sobrevivir en un entorno protegido y que eran incapaces de competir a nivel global. Y dada esa experiencia reciente y cercana, cabe preguntarse: ¿cuál será la próxima idea "brillante"? ¿Quizás el control de precios para frenar la inflación? (Mr. President, check notes: how did that work in Venezuela?). Aplicar recetas de economías colapsadas a la principal economía del mundo es la señal definitiva de que el sistema -por ahora- ha perdido el rumbo.
Conclusión: El colapso es inevitable (si no hay cambios significativos de politica)
El dilema actual trasciende la alternancia política en la Casa Blanca; reducir el debate a una contienda entre demócratas o republicanos es ignorar una realidad mucho más profunda. La deriva hacia el intervencionismo y el abandono progresivo de la disciplina de mercado —patente en la cultura de los rescates perpetuos y el dogma del too big to fail— ha sido el hilo conductor de las últimas administraciones, sin distinción de siglas, y hoy impregna la totalidad de Occidente.
Como se ha analizado, la deuda pública y su ratio sobre el PIB mantienen una trayectoria ascendente que parece inmune a los ciclos económicos. Para encontrar una reducción nominal del endeudamiento estadounidense debemos remontarnos a la década de los 50; y para hallar una mejora consistente en el ratio (pese a la creciente optimización estadística de las métricas actuales), es necesario regresar a los años 90 bajo la Administración de Bill Clinton.
Nos enfrentamos a un problema estructural insalvable: en las democracias modernas, el incentivo del gasto para asegurar el favor del electorado a corto plazo colisiona frontalmente con la necesidad de preservar la solvencia a largo plazo. Ningún actor político posee hoy el capital o la voluntad de frenar una inercia de emisión y endeudamiento que garantiza la supervivencia política a costa de la integridad de la moneda. Occidente ha abrazado un modelo de crecimiento sobre apalancado que no admite marcha atrás. En este escenario, el colapso no debe entenderse como una probabilidad remota, sino como la consecuencia matemática inevitable de un sistema que ha optado por el suicidio financiero diferido.
José Antonio López es graduado en Economía por la Universidad Católica Andrés Bello y cuenta con un máster en Economía por la Universidad de Colorado en Boulder. Su trayectoria profesional incluye experiencia como analista financiero en HSBC y Société Générale, además de haber trabajado como gestor de fondos para diversos hedge funds de primer nivel (blue chip) en Londres.

