El mundo está tomando conciencia del cambio climático y organismos como el Banco Central Europeo ya están animando a desinvertir en activos contaminantes. Analizamos con Manuel Gómez, profesor del IEB y Presidente de AvanGreen, los riesgos y ventajas de estos cambios.

 

¿Qué supone la descarbonización?, ¿qué ventajas y riesgos económicos tiene asociados?
La comunidad internacional ha acordado que es necesario reducir el calentamiento global por debajo de 2 grados con respecto a niveles preindustriales. Esto significa que tenemos un determinado presupuesto de CO2 disponible para no exceder esa barrera. Significa también que debemos cambiar el paradigma económico, productivo para no superar este presupuesto, así que, la raíz del problema es cambiar el modelo productivo para descarbonizarlo.
En cuanto a riesgos y oportunidades, por poner una cifra, para el sistema financiero europeo supone un riesgo sistémico en cuanto a que el BCE ha cifrado en más de 1 billón de euros la exposición de las entidades financieras europeas a activos varados o que no podrán utilizarse debido a la descarbonización.
 
¿Qué medidas se están tomando para financiar ahora energías limpias?
A nivel macro, el BCE y el Consejo Europeo de Riesgo Sistémico han advertido ya que ese riesgo hay que eliminarlo y, muy probablemente en la regulación macro de las entidades financieras a futuro se incorporen ya en los stress test medidas de evaluación del riesgo del cambio climático dentro de los activos de la banca.
A nivel microeconómico proliferan ya nuevos métodos de financiación y nuevas oportunidades de negocio en esa transición hacia una economía descargonizada o verde. Según datos de la OCDE, se cifran en un trillón de dólares las necesidades de inversión anual para cumplir con el objetivo de reducir 2 grados el calentamiento global. Así, se abre un grandísimo negocio y una grandísima oportunidad a nivel micro.
 
¿Los bancos tienen dotados estos riesgos por los activos varados?
En este momento no creo que nadie tenga esto provisionado porque no es una alerta tan roja, pero el BCE y el CERS ya han cifrado ese riesgo, por cuanto que existe un riesgo sistémico global y, por ello, es probable que a corto y medio plazo se vaya introduciendo en los stress test y se exija a las organizaciones, tanto financiera como no financieras, a tomar medidas de trasparencia por esa exposición y medidas de mitigación de esos riesgos.

¿Qué son los activos varados?
Esos activos varados o stranded assets son aquellos activos incorporados en los bancos, entidades financieras o en las propias compañías que no podrán explotarse en virtud de los compromisos por la evolución hacia una economía limpia. Se calcula que solo 35% de las reservas de petróleo y el 90% de las reservas de gas no podrán utilizarse porque se tendrán que transferir esa economía hacia una economía baja en carbono.
El problema es que en la actualidad esos activos están en los balances de los bancos y las empresas, por eso son activos varados, inservibles, que habrá que provisionar y abandonar y, si no se hace en un momento dado, habrá que revaluar.
¿Con qué tiempos cuentan las empresas financieras y las compañías para provisionar estos activos varados?
Según datos de las Naciones Unidas, si seguimos la tendencia de emisiones y considerando el presupuesto citado, en 2040 habremos liquidado nuestra capacidad de emisión. Debemos ponernos ya a descarbonizar las carteras y la economía.
 
Entonces, ¿los nuevos sistemas de extracción de energía de residuos fósiles, como el fracking, qué futuro tienen y qué riesgos están transmitiendo a las entidades financieras que los están financiando?
Desde luego, esos van en la dirección errónea. No es menos sorprendente que la inversión en energías verdes crece sosteniblemente a nivel global y crece de tal manera que, si consideramos datos de la Agencia Internacional de la Energía, las inversiones en energía renovable superan a las de energía convencional desde 2010. Es verdad que todavía hay inversiones en el lado oscuro, pero no es menos cierto que la tendencia a descarbonizar es imparable.
 
¿Dónde están captando esa financiación las energéticas limpias?
Están captando financiación mediante métodos tradicionales, pero también son atractivos los nuevos métodos, como por ejemplo los “bonos verdes” o “green bonds”, que han proliferado de manera exponencial en los últimos años: en 2010 el volumen a nivel global era de 4 billones de dólares y el próximo pasado cerramos en torno a 70 billones de dólares. Esto es una porción pequeña del mercado de capitales, pero sin duda marca una tendencia. Esas energías limpias tienen una salida financiera estándar tradicional, pero comienzan a abrirse algunas iniciativas, tanto a nivel privado, como a nivel de deuda pública, que incitan a proliferar las inversiones en “energías verdes”.
 
Teniendo en cuenta estas fuentes de captación de financiación y las necesidades de descarbonización, ¿las energéticas limpias ganan visibilidad a medio y largo plazo?
Estas compañías, especialmente las que se mueven en el sector energético y de infraestructuras, están llamadas a aprovecharse de este negocio, pues se necesita un trillón de dólares adicional en infraestructuras verdes y la inversion en infraestructuras a nivel global anual es de 6 trillones de dólares. Es decir, las compañías que se posicionen en ese entorno tienen mucho que ganar y un gran mercado al que atacar.
 
¿Cuál es el marco regulatorio?
Es un gran desafío. Si vamos al precio de la tecnología verde, solar o eólica, por ejemplo, que son las más maduras, ha experimentado un descenso de costes brutal; en el caso de la solar hemos visto descensos de costes del 80%-90%. Esto significa que el marco regulatorio va a ser trascendental, pero no tan importante como lo era antes, pues las primas e incentivos empiezan a desaparecer por la propia competitividad de los costes.
 
¿Van a poder recoger el testigo las energías limpias y cubrir el cupo de generación que dejarán las instalaciones térmicas, pues actualmente no lo cubren?
Es el gran desafío a nivel regulatorio y de mercado, es decir, mapear o sustituir las energías fósiles con energías renovables, pero es algo que debemos hacer, las consecuencias de no hacerlo serían brutales a nivel financiero, compañías de seguros… en todos los órdenes. No hay alternativa. La cuestión es cómo de rápida y cómo de dolorosa a nivel económico será esa transición.
 
¿Qué otros sectores podrían verse beneficiados o perjudicados por estos cambios en el sistema energético?
Se verán beneficiados o perjudicados en la medida en la que sean capaces de visibilizar con suficiente anticipación estos riesgos o activos varados. Muchas de estas empresas empiezan a hacer trasparentes sus balances y a tomar alternativas. El mercado del transporte es paradigmático en este sentido, incluso las empresas de transporte aéreo se incorporan ahora al mercado de emisión de CO2, así que, estarán obligadas a reducir sus emisiones sistemáticamente. Esa tendencia se dará en todas los sectores afectados y, en la medida en la que suceda, esas medidas tendrán más visualización de cómo adaptarse para ser compatibles con este cambio.

El nuevo presidente de EEUU, Donald Trump, no cree en el cambio climático. No podemos obviar la importancia de contar con el apoyo de la primera potencia mundial para progresar en los objetivos fijados en la Cumbre del Clima celebrada en París el año pasado. ¿Cómo podría obstaculizar la consecución de estos objetivos?
Es un gran interrogante y no ayuda, pero no deja de ser algo coyuntural. Hablamos de decisiones que van a proliferar o estar vigentes en los próximos 50-100 años. La comunidad internacional en París decide ese tipo de cosas, y la perspectiva de la legislatura de Donald Trump será inferior a 50 años.
Por otro lado, no es menos cierto también que EEUU junto a China fueron los principales inversores en tecnologías verdes el pasado año.
Es importante la coyuntura política, pero el subyacente de lo que está ocurriendo en la economía real es el conductor de todo esto.