La etiqueta de enfermo de Europa fue usada por primera vez a mitades del siglo XIX para identificar al Imperio Otomano que experimentaba un periodo de dificultades económicas y empobrecimiento generalizado de su población. Hoy, esta etiqueta la podríamos usar para Italia que entró en recesión en el último trimestre del 2018 y que en 20 años ha crecido solo 4 puntos, estando aun 8 puntos por debajo del PIB del 2008.

Italia tiene una enorme deuda pública superior a los 1.5 trillones de euros y necesita financiar cada año 400 billones (Bln) para mantenerse a flote. Dos tercios de la deuda pública total italiana está en manos de bancos basados en Roma y Milán, el resto está la mayoría en manos de bancos en Madrid, Frankfurt y sobretodo Paris. Los bancos alemanes son tenedores de casi 60 Bln de deuda italiana, España poco más de 20 Bln, pero quienes deberían estar preocupados son los bancos franceses que tienen una exposición a Italia de 285 Bln, siendo BNP Paribas con 143 Bln, Crédit Agricole con casi 100 Bln y Societé Génerale con 21 Bln los tres bancos franceses más ligados a los destinos de Italia.

Dentro del territorio trasalpino son UniCredit (66 Bln), Banca Monte dei Paschi di Siena (25 Bln), banco BPM (20 Bln) e Intesa Sanpaolo (47 Bln) los cuatro bancos con más bonos soberanos italianos en sus balances y que, por tanto, más deberían esperar un comportamiento razonable de Salvini y compañía para con los mercados de capitales.

El riesgo que supone la finalización de la inyección monetaria de Mario Draghi que tanto ha beneficiado a Italia, junto al riesgo de unos mercados de capitales que puedan cansarse de la actitud beligerante del actual gobierno italiano será crucial para que Italia no suponga un problema que desestabilice Europa. Pensemos que, como decía más arriba, Italia necesita financiar 400 Bln al año y el importe de los fondos del Mecanismo Europeo de Estabilidad es de 410 Bln. Sobra cualquier comentario.