
Lo más destacable de los últimos años ha sido la llegada de los fondos de inversión de gestión pasiva que permiten imitar la evolución de las bolsas u otros índices (renta fija, sectoriales…) con muy poco dinero y a bajísimos costes. Poner el dinero en esos instrumentos y ligar la evolución del ahorro a lo que haga Wall Street, los mercados chinos, el Nikkei japonés o la marcha de un índice tecnológico, del precio del oro o de empresas de defensa, es todo un hito para los ahorradores. Tiene la posibilidad, además, de adquirir ese fondo (ETF cotizado o indexado) en su banco o en un intermediario financiero, u optar por una cartera en la que solo indicará el riesgo que desea asumir: bajo, medio o alto.
Aunque con algo más de solera, en el mundo de los fondos de inversión destacan también las gestoras pequeñas e independientes que, por lo general, están ofreciendo unos resultados muy buenos. Eso no significa que las gestoras bancarias obtengan bajas rentabilidades en sus fondos, pero los grupos independientes, además de soportar menos rémoras, tienen en sus resultados su propia expectativa de supervivencia. Es decir, les va su continuidad en ello, mientras que las grandes instituciones tienen un negocio más diversificado y un cliente más tranquilo, fidelizado con otros productos financieros o por sus relaciones con la sucursal bancaria. Aunque depende mucho de la categoría, también el volumen de dinero que mueven las independientes puede facilitar la gestión del patrimonio.
También se han abierto nuevos productos de inversión que por su elevado riesgo estaban limitados a los inversores institucionales como el caso del capital riesgo donde ya pueden invertir los ahorradores de a pie. Una posibilidad que ahora empieza a preocupar ante algunos casos de dificultad en los créditos privados. Otra opción también arriesgada son las criptomonedas. De los entendidos de la información cripto, se ha pasado a cualquier ahorrador, tanto con la oferta que ya dan los bancos como con fondos de inversión que se estrenaron el pasado año en Estados Unidos.
En este mundo de las criptomonedas como el de acciones que tienen un precio muy elevado ni siquiera es necesario adquirir una acción o un bitcoin. Los intermediarios permiten y admiten cualquier suma por baja que sea. Esto junto con la posibilidad de operar en tiempo real, atrae a muchos inversores jóvenes que tienen entre sus temas de conversación las ganancias (las pérdidas merecen menos comentarios) obtenidas en días o simplemente en horas o minutos. Mercados y tecnología muy a tono con el mundo de internet y de las redes sociales -con influencers que muchas veces recomiendan sin suficientes conocimientos- que tiene poco o nada que ver con la realidad económica con el activo sobre el que se está especulando. Sin duda, un aprendizaje poco favorecedor para crear un futuro inversor a medio y largo plazo, bien informado.
Con toda la oferta al alcance de los pequeños inversores, buscar una buena información como facilita, entre otros, portales Estrategiasdeinversión.com y apoyarse en un buen asesoramiento son decisivos para aprovechar la oportunidad que ahora disfrutamos.

