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En el contexto actual de mercado, ¿qué ventajas tácticas y estratégicas ofrecen las infraestructuras globales líquidas?
Tradicionalmente, las infraestructuras han servido como una manera de cubrirse frente a la inflación. En general, se trata de compañías de valor, que reparten buenos dividendos y que, en muchos casos, tienen un componente semipúblico o regulado, lo que les aporta ciertas ventajas desde el punto de vista de la predictibilidad de los resultados.
Por ello, históricamente han servido tanto para proteger las carteras frente a la inflación como para diversificarlas, ya que presentan una menor correlación con otras tipologías de activos.
Nuestro enfoque, además de incluir infraestructuras tradicionales reguladas, como aeropuertos, autopistas u otros activos similares, incorpora también un sesgo algo más growth. Es decir, tratamos de capturar todo el desarrollo vinculado a la tecnología y, sobre todo, a la inteligencia artificial.
En este sentido, estamos muy presentes en transformación digital, especialmente en centros de datos, y también en energía. La energía es la capa que debe alimentar tanto los centros de datos como, en general, todo el desarrollo de la inteligencia artificial.
Desde nuestro punto de vista, estar posicionados ahí es interesante porque permite capturar buena parte del crecimiento asociado a la inteligencia artificial, pero con menor volatilidad. El comportamiento tan positivo que están teniendo muchas compañías relacionadas directamente con la inteligencia artificial se explica porque, inicialmente, los resultados están siendo muy positivos. Sin embargo, tarde o temprano puede llegar algún trimestre que decepcione y provoque una corrección en el mercado.
En cambio, toda la infraestructura que hay detrás —centros de datos, redes eléctricas, energías tradicionales, energías alternativas e incluso nuclear— permite jugar la inteligencia artificial desde una segunda capa, más estructural y menos expuesta a la volatilidad directa de las compañías tecnológicas.
A menudo se considera un sector que permite proteger contra la inflación pero suele ser sensible a movimientos de tipos de interés, ¿cómo manejáis esta dualidad en Eurizon y qué escenario macro descontáis para el sector en próximos trimestres?
En base a lo anterior, además de las infraestructuras tradicionales, queremos posicionarnos en todo lo relacionado con energía, tanto energías tradicionales como energías limpias, y también en transformación digital. Estas son, en nuestra opinión, las dos capas que alimentan el desarrollo de la inteligencia artificial.
Las infraestructuras mantienen ese atractivo tradicional como activo defensivo frente a la inflación y como fuente de rentas estables, pero creemos que ahora también ofrecen una oportunidad adicional vinculada a las grandes tendencias estructurales de crecimiento.
Por un lado, las compañías de infraestructuras reguladas siguen aportando estabilidad, visibilidad de ingresos y dividendos. Por otro, la exposición a energía y digitalización permite participar en el crecimiento de largo plazo derivado de la inteligencia artificial, la electrificación y la necesidad creciente de capacidad energética y de datos.
Por tanto, la manera de gestionar esa dualidad entre inflación y tipos de interés pasa por combinar infraestructuras más tradicionales, con un perfil más defensivo y de dividendo, con infraestructuras más modernas y vinculadas al crecimiento estructural.
¿En qué consiste el Eurizon Fund Global Equity Infrastructure?
El Eurizon Fund Global Equity Infrastructure es un fondo que distribuimos desde Eurizon y cuya gestión procede de una gestora americana especializada en infraestructuras, Jennison, con experiencia en este ámbito desde la década de los años 60 del siglo pasado.
Jennison cuenta con alrededor de 250.000 millones de dólares bajo gestión y Eurizon ha replicado esta estrategia a nivel europeo, en formato UCITS.
El fondo cuenta con un track record de más de cinco años y ha batido claramente al índice de infraestructuras globales. Por ello, pensamos que se trata de un fondo muy bien posicionado para capturar esta nueva era de infraestructuras más moderna.
La estrategia no se limita únicamente a las infraestructuras tradicionales reguladas, sino que también incorpora áreas de crecimiento vinculadas a la transformación digital, los centros de datos, la energía, las redes eléctricas y las nuevas necesidades derivadas del desarrollo de la inteligencia artificial.
¿Dónde encontráis las valoraciones más atractivas ahora mismo y qué subsectores liderarán el crecimiento futuro?
Como he mencionado, vemos oportunidades especialmente interesantes en todo lo relacionado con la energía. La necesidad de inversión en este ámbito viene impulsada por distintos factores.
Además, hay un tercer pilar muy relevante: la urbanización. Cada vez las grandes megalópolis mundiales concentran más población. Es un movimiento que vemos a nivel global y estas grandes ciudades se han convertido en centros muy potentes de desarrollo de infraestructuras.
Por tanto, combinando estos tres factores —energías tradicionales y nuevas energías, incluyendo renovables, sostenibles e incluso nuclear; urbanización de las grandes megalópolis; y desarrollo de centros de datos— pensamos que ahí es donde deben concentrarse buena parte de las oportunidades de crecimiento futuro.
Esto no significa que vayamos a dejar de estar invertidos en infraestructuras tradicionales, más enfocadas al reparto de dividendos regulares. Pero creemos que una combinación entre infraestructuras tradicionales y nuevas infraestructuras vinculadas a la digitalización, la energía y la urbanización puede aportar un valor muy claro en las carteras de los inversores.
Para un inversor, ¿qué papel exacto debe jugar un fondo de infraestructuras globales líquidas? ¿Lo concebís como un sustituto de la renta fija para buscar “yield”, como un diversificador de la renta variable, o como un bloque independiente de activos reales?
Tiene un doble enfoque. Por un lado, determinadas tipologías de infraestructuras pueden jugarse a través de activos ilíquidos. Pero, cuando hablamos de infraestructuras líquidas, pensamos que ofrecen un valor de descorrelación muy interesante respecto a la renta variable tradicional.
Este tipo de fondos permite descorrelacionar la cartera y, al mismo tiempo, participar en el crecimiento de la inteligencia artificial desde la capa que está por debajo: la infraestructura que alimenta todo ese desarrollo.
Por tanto, no lo concebimos exclusivamente como un sustituto de la renta fija para buscar yield, ni únicamente como un diversificador de renta variable. Lo vemos más bien como un bloque independiente de activos reales líquidos, con capacidad para aportar estabilidad, rentas, diversificación y exposición a tendencias estructurales de crecimiento.
En una cartera de renta variable, pensamos que una exposición de entre el 8% y el 10% a infraestructuras globales líquidas puede contribuir a construir carteras más óptimas desde el punto de vista del binomio rentabilidad-riesgo.