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Enrique Bailly-Baillière, director general de Altex AM, deja claro que su camino no fue planificado: “ no era mi plan… estudié ingeniería porque de verdad quería trabajar de ingeniero” . Su interés inicial estaba en el mundo tecnológico le “apasionaba bastante el mundo de telecomunicación”, lo que le llevó a trabajar durante años en Ericsson: “trabajé más de siete años… desarrollando sistemas de telecomunicación” .

El giro hacia las finanzas nace de una inquietud personal: “tenía una inquietud por conocer cómo funcionaban los negocios”, que se refuerza tras una experiencia inversora negativa: comprar acciones de Ericsson, lo que le hace reconocer que se estaba “perdiendo algo importante en el mundo” . A partir de ahí, decide formarse y cambiar de sector. Su visión sobre Ericsson ilustra un aprendizaje clave sobre los mercados. “Ericsson empezó siendo una compañía puntera… pero luego perdió el tren”, al no adaptarse al paso de la infraestructura a las aplicaciones.

La incorporación a Altex tampoco fue inmediata. Reconoce sus dudas iniciales. “Rechacé la propuesta porque no entendía qué valor aportaba yo”, hasta que toma una decisión vital: “o cambio ahora o no lo voy a hacer nunca” . Finalmente se une en 2007, en un momento complejo, justo antes de la crisis financiera.

Sobre el éxito de Altex, identifica un factor central: “la conexión tan fuerte que hay entre inversores y gestión”. Subraya que “de nada sirve tener la mejor estrategia, si luego los inversores te abandonan”. Por ello, redefine el objetivo: “no se trata solo de proteger el capital, se trata de maximizar la rentabilidad de los inversores”, pero con un enfoque a largo plazo. También destaca la importancia de conseguir “la confianza de los inversores permanezca durante el tiempo” algo que le ha enseñado las crisis, consolidando una relación estrecha con los inversores.

La evolución de Altex refleja que “ha cambiado el entorno de mercado, y los objetivos de los inversores son distintos”. En una primera etapa dominaba la prudencia: “los inversores pedían más estabilidad que rentabilidad”, mientras que posteriormente surge una nueva necesidad: “no se pueden quedar atrás” en un entorno de mayor rentabilidad de activos.

En este contexto, critica el modelo de ciertos hedge funds: “se volvieron muy endogámicos”, lo que generó conflictos cuando bloquearon salidas de inversores: “se desalineó completamente el objetivo y la gestión” . Frente a ello, Altex apuesta por utilidad real: “el fondo tiene que generar rentabilidad y ser útil” para distintos tipos de inversores.

Explica también el peso de perfiles técnicos en la firma: “tiendo a fiarme mucho del comportamiento estadístico”, defendiendo un enfoque basado en datos. Construyen estrategias con reglas objetivas basadas en el pasado . El objetivo es ganar certidumbre: “la única forma es haciendo estrategias basadas en el comportamiento de los mercados”.

Este enfoque implica renuncias conscientes: “te pierdes unos éxitos… y también algunos fracasos”, priorizando estabilidad. Por ello evitan ciertas inversiones, como “entrar en compañías que pierden dinero”, aunque eso implique llegar más tarde a tendencias como la IA .

Finalmente, compara distintos perfiles de inversores y concluye que “son más parecidos de lo que pensamos”. Tanto el inversor de 2 millones como el de 10.000 euros comparten una necesidad: “que su dinero produzca una rentabilidad superior a la inflación”. Su propuesta se sitúa en un punto intermedio: “maximizar dentro de un riesgo controlado”, con un objetivo claro de “acumular riqueza a largo plazo”.