2025 ha sido un año espectacular. En 2026 se mantiene cierto optimismo, aunque desde Pictet AM prevén retornos de un solo dígito. ¿Estamos ante un aterrizaje suave o ante un agotamiento del ciclo tras varios años de subidas de doble dígito?

Es verdad que 2025 ha sido excepcional, pero no olvidemos que 2023 y 2024 tampoco fueron malos. En conjunto, el mercado ha subido cerca de un 80%. Solo en 2025 hablamos de más de un 20%, lo cual es una cifra muy elevada.

Dicho esto, creo que es importante poner las cosas en perspectiva. Más que hablar exclusivamente de 2026, debemos pensar en el ciclo en el que estamos entrando. Venimos de crecimientos económicos razonables en los países desarrollados y, además, nos ha sorprendido el llamado “excepcionalismo americano”. Muchos anticipaban una fuerte desaceleración en Estados Unidos ya en 2024, pero hemos llegado a 2025 y la economía sigue creciendo por encima del 3%.

Es cierto que Estados Unidos se va a desacelerar más de lo que el mercado descuenta, pero el entorno sigue siendo favorable: tipos de interés estables o a la baja y políticas fiscales claramente expansivas. Hemos visto, por ejemplo, el anuncio de Japón de un plan de expansión fiscal equivalente al 3% del PIB. En Estados Unidos también hay planes fiscales, y el propio Donald Trump ha insinuado la posibilidad de enviar cheques a los hogares gracias a los ingresos por aranceles.

En Europa, además de los fondos Next Generation y los planes verdes, tenemos un nuevo plan de defensa y el ambicioso programa fiscal alemán. Todo esto apunta a que en los países desarrollados hay liquidez y estímulos fiscales que sostienen un crecimiento moderado. La clave, desde el punto de vista de la inversión, está en las empresas. Los gobiernos están muy apalancados, pero las empresas presentan balances mucho más eficientes. En general, las compañías están en una situación mucho mejor que los Estados. Por eso vemos 2026 con cierto optimismo dentro de este ciclo.

En Europa, por ejemplo, los tipos están en torno al 2%. Si el crecimiento no llega —actualmente se espera entre el 1,2% y el 1,4%—, factores como el final de la guerra en Ucrania o una implementación más eficaz del plan fiscal alemán podrían elevarlo hacia el 2%, aunque esto último llevará tiempo. Mientras tanto, si miramos a los países emergentes, vemos crecimientos del 4,5% al 5%, lo que marca una divergencia muy clara frente a los países desarrollados.

Has mencionado varios factores clave. En la parte corporativa destacas balances más saneados y mayor potencial de crecimiento. Me llama la atención la apuesta de Pictet AM por la bolsa suiza y por el sector salud como refugio. ¿Tiene esto que ver con una posible corrección en el ámbito de la inteligencia artificial?

Nuestros estrategas creen firmemente en la inteligencia artificial, pero también observan una creciente divergencia dentro del sector. En las conocidas “siete magníficas”, que muchos consideran caras, ya se empiezan a ver diferencias claras.

El mercado está penalizando a las compañías que se están endeudando fuertemente para invertir en centros de datos, como Oracle o Meta. En cambio, empresas como Alphabet, Microsoft o Apple están teniendo un comportamiento mucho más sólido.

Creemos que la inteligencia artificial ha entrado ya en una nueva fase. Hemos pasado del gran ciclo de inversión en infraestructuras y Capex a una fase centrada en aplicaciones, software y uso práctico de la tecnología. Ahí es donde vemos mayores oportunidades.

En cuanto a Suiza y el sector salud, la bolsa suiza es muy defensiva, con un peso importante de financieras y farmacéuticas. En un entorno en el que los mercados no están baratos, hemos analizado qué sectores se han quedado rezagados y hemos identificado oportunidades claras en salud y biotecnología. Las valoraciones son atractivas, los balances sólidos y las farmacéuticas generan un exceso de caja muy relevante.

Además, en los próximos años vencen patentes por valor de unos 250.000 millones de dólares. Eso obliga a las farmacéuticas a invertir, adquirir compañías y reforzar su cartera de productos e investigación. Todo esto abre oportunidades muy interesantes desde el punto de vista de la inversión.

Si miramos a los mercados emergentes, parece que juegan en un escenario muy distinto: población joven, pirámides demográficas favorables y mayor crecimiento. Dentro de esta región, ¿qué países veis con más potencial?

En mercados emergentes hacemos una distinción clara entre China y el resto. China la analizamos por separado. En los emergentes ex-China vemos mucho potencial, especialmente en Latinoamérica.
Tradicionalmente hemos sido positivos en renta fija latinoamericana, con tipos de interés históricamente elevados, entre el 6% y el 9%, e incluso superiores en países como Brasil. Es cierto que las divisas se han depreciado en los últimos años, pero eso también ha generado oportunidades.

Además, en renta variable estamos viendo compañías poco apalancadas, con buenos fundamentales y alto potencial de crecimiento. Por eso creemos que los mercados emergentes, tanto en renta fija como en renta variable, deberían formar parte de las carteras.

Es verdad que al inversor español le cuesta acercarse a estos mercados, pero en los últimos seis meses hemos visto entradas de capital en renta fija emergente, tanto en moneda local como en dólares y en crédito corporativo, con rentabilidades del 6,5% al 8%. En un entorno europeo con tipos al 2% y depósitos que no baten a la inflación, es imprescindible diversificar y poner el dinero a trabajar.

 ¿Qué visión tenéis sobre China?

En China somos más cautos. Vemos oportunidades, pero sobre todo a nivel micro, empresa por empresa, más que a nivel macro. A nivel macroeconómico, China no está cumpliendo las expectativas: problemas de deflación, una grave crisis inmobiliaria que afecta a gran parte de la riqueza de los hogares y políticas fiscales y monetarias que no han logrado reactivar el consumo interno.

El crecimiento ha venido principalmente de las exportaciones, pero la economía doméstica sigue débil. Aun así, China es líder mundial en áreas de innovación como energías renovables, baterías, biotecnología y tecnología avanzada. Ahí sí vemos compañías muy interesantes.

Por eso, quien quiera invertir en China debería hacerlo a través de fondos de gestión activa, donde sea el gestor quien seleccione cuidadosamente las empresas con mayor potencial.
Geopolítica, volatilidad… parece que tenemos que acostumbrarnos a convivir con este escenario, como hemos visto en los últimos meses. Es uno de los motivos por los que recomendáis sobreponderar el oro. Fue uno de los activos ganadores de 2025, con una subida del 65%, su mejor año desde 1979, si no recuerdo mal. ¿Seguimos manteniendo el oro en cartera?

Sí, es curioso. Conviene recordar que el oro no ofrece rentabilidad directa: no paga cupones, no da dividendos, no genera ingresos. Es un activo físico, una materia prima. Sin embargo, en los últimos años hemos vivido un entorno en el que las correlaciones entre acciones y bonos han sido positivas, cuando históricamente eran negativas. En ese contexto, muchos inversores han buscado activos de cobertura frente a la volatilidad, y el oro ha desempeñado ese papel.

Ahora parece que los bonos empiezan a recuperar su correlación negativa con la renta variable, pero aun así creemos que, estructuralmente, el oro seguirá teniendo apoyo. Es cierto que después de una subida del 65% el recorrido es mucho más limitado, pero existe una demanda estructural muy fuerte por parte de los bancos centrales que no parece que vaya a desaparecer.

En nuestras carteras mixtas, aproximadamente un 10% está invertido en oro. Nuestros expertos coinciden en que no hay que esperar grandes subidas adicionales, pero sí una demanda sostenida, especialmente por parte de bancos centrales de países emergentes, que están comprando grandes cantidades como activo de reserva y cobertura dentro del sistema financiero internacional.

Teniendo en cuenta el enorme volumen de ahorro que existe en Europa, si tuvieras que elegir un activo para poder “dormir tranquilo”…y con la brecha que existe entre países desarrollados y emergentes y todo lo que hemos comentado, ¿qué activo recomendarías?

Yo señalaría dos opciones. La primera sería un fondo multiactivo, donde es el gestor quien decide cómo distribuir la inversión entre renta fija, renta variable, oro y otros activos, ajustando la cartera de forma ágil en función de las oportunidades. En nuestro caso, contamos con una estrategia multiactivo global que el año pasado obtuvo una rentabilidad en torno al 7% u 8%, con una volatilidad muy contenida, del 3% o 4%.

Más allá de que sea un fondo de Pictet, creo que los fondos mixtos —más conservadores o algo más dinámicos— con volatilidades controladas son una buena solución para obtener rentabilidades del 4% o 5%, claramente superiores a las de los depósitos. Esa sería una opción para el perfil más conservador.

Dicho esto, también le diría al inversor conservador que no tenga miedo a la renta variable. Al final, el inversor europeo busca rentas. Y esas rentas se construyen con cupones, con dividendos o con una combinación de ambos. El objetivo debería ser acercar la rentabilidad potencial de la cartera más al 4% que al 2%.

Para lograrlo, hay que ser algo más imaginativo de lo que tradicionalmente ha sido el inversor español, incluso siendo conservador. Existen muchas alternativas en renta fija corporativa y en otros activos que permiten dormir tranquilo por la noche. Eso sí, siempre con una condición muy clara: tener un horizonte de inversión mínimo de tres años. Lo que no se puede hacer es intentar acertar en un solo año natural, porque nadie sabe con certeza qué va a ocurrir en el corto plazo.