Tu alimentación es clave para fortalecer el sistema inmune

Rocío Práxedes es dietista-nutricionista y miembro de la Unidad de Obesidad y Nutrición del Hospital Quirónsalud Valencia y alerta de que es “un hecho bien conocido” el que un pobre estado nutricional conlleve un mayor riesgo de contraer infecciones: “El sistema inmunológico presenta tejidos, células, y moléculas que requieren de un aporte energético y estructural suficiente para así poder preservar su funcionamiento (calorías y nutrientes)”.  

En este sentido, la experta destaca que son nutrientes clave para el sistema inmune: los aminoácidos, los ácidos grasos poliinsaturados, el zinc, el selenio, el hierro, el cobre, las vitaminas A, D, E, C, B6, así como el ácido fólico. “El aporte de energía y de nutrientes debe ser el correcto: ni por encima, ni por debajo de las recomendaciones”, apostilla esta especialista en Nutrición.

La aparición de enfermedades crónicas

Con ello, remarca que los hábitos alimentarios pueden relacionarse con la aparición de enfermedades carenciales y con la presencia de enfermedades crónicas, especialmente con la diabetes, así como con otro tipo de alteraciones cardiovasculares y algunos tipos de cáncer.

“La desnutrición energética y proteica pueden debilitar nuestras defensas y, por tanto, nuestra capacidad de respuesta frente a otras enfermedades. En cualquier caso, nunca hay que suplementar nutrientes sin una razón justificada, y es necesaria una valoración nutricional completa antes de hacer una prescripción nutricional y/o dietética”, subraya la dietista-nutricionista Rocío Práxedes.

En el caso de la COVID-19, esta especialista de Quirónsalud subraya que los estudios han mostrado que la deficiencia de vitamina D incrementa el riesgo de infección del tracto respiratorio y de gripe.

“En la pandemia por COVID-19, la Sociedad Internacional de Inmunonutrición ha propuesto un aporte de entre 400 UI – 2000 UI de vitamina D como medida encaminada a fortalecer el sistema inmune”, apostilla. 

Ahora bien, dice que, de nuevo, hay que subrayar que sin diagnóstico y prescripción nutricional no está justificada la suplementación: “La principal fuente de vitamina D para lo humanos es aquella producida gracias a la exposición al sol, y está afectada por factores como la estación del año, la latitud, el tiempo de exposición, color de la piel. Los lácteos enteros son buena fuente alimentaria de vitamina D”.

¿Hay mejores alimentos para el sistema inmunitario?

Así, la miembro de la Unidad de Obesidad y Nutrición del Hospital Quirónsalud Valencia reconoce que no existe una dieta, ni alimentación única o específica, para mejorar el sistema inmune, pero sí se ha visto que el seguimiento de una alimentación rica en alimentos de origen vegetal como las frutas, las verduras, las legumbres, o los frutos secos, entre otros, ayuda a reforzar el sistema inmunológico que nos protege de las bacterias, de los virus, y de otros organismos patógenos.

Mantiene que el consumo de probióticos puede mejorar la flora intestinal y, por tanto, mejorar el sistema inmune. “Contienen probióticos los alimentos fermentados como yogures, kéfir, quesos, col fermentada, miso, o entre otros el tempeh”, añade la dietista-nutricionista.

Hay que huir de estos alimentos

Por el contrario, Rocío Práxedes hace una mención especial sobre esos alimentos que restan frente a nuestro sistema inmunitario, que lo debilitan: 

- Alimentos ricos en azúcares simples: azúcar, mermelada, miel, zumos de fruta, bollería industrial, galleta, etc. 

- Grasas saturadas: presentes en la bollería, en los alimentos procesados, o por ejemplo en la comida rápida, etc. 

- Exceso de carne roja y de embutidos procesados (fuet, longaniza, chorizo, mortadela…)

- Consumo de alcohol a diario o en dosis elevadas.

En última instancia, esta dietista-nutricionista llama la atención sobre el hecho de que también existen otras situaciones que producen alteraciones en el sistema inmunitario, algunas fisiológicas, como la edad avanzada o el estrés producido por un deporte excesivo, y otras situaciones patológicas, como las alergias alimentarias, la obesidad (la respuesta inmune puede verse profundamente afectada jugando la leptina un papel importante), los trastornos del comportamiento alimentario, o los trastornos gastrointestinales, por ejemplo.