A finales del pasado año, en diciembre de 2015, se cumplieron ya tres años de las medidas económicas impuestas por el primer ministro japonés Shinzo Abe, que se dieron a conocer con el término “Abenomics”.
 

Recordemos que, con el objetivo prioritario de combatir la deflación, aumentar las inversiones e incrementar el consumo, el BOJ apostó por una política monetaria expansiva nunca vista, comprando prácticamente la gran mayoría de los bonos que salían a la venta e incluso rebajando los tipos de interés de referencia a tasas cercanas a cero.

Ya se sabe que los bancos centrales, en los últimos tiempos, se han cuidado muy mucho de tomar medidas, en teoría para activar las economías de sus países, pero en la práctica también para mantener en niveles competitivos a sus divisas, y el BOJ no iba a ser una excepción, más teniendo en cuenta el carácter exportador de Japón.

Estas políticas llevaron al JPY a depreciarse con fuerza respecto a su cruce con el USD, alcanzando sus cotas más bajas en los últimos años durante el pasado mes de junio. Sin embargo, desde ese momento, la divisa nipona, no solo no se siguió depreciando, sino que recuperó notablemente terreno.

Muchos analistas comenzaron a preguntarse sobre si este programa, tan “radical” mantenido por el BOJ respecto a su política monetaria, estaría deparando el resultado esperado o realmente no estaba ya generando resultados muy diferentes de las medidas que ya se venían aplicando en Japón con anterioridad. Probablemente, el papel de “divisa refugio” que siempre ha tenido el yen, también tuvo algo que ver en este movimiento, teniendo en cuenta el entorno de aversión al riesgo que observan los mercados desde el verano pasado y que se ha incrementado desde finales de 2015.

El pasado 29 de enero, por sorpresa, el BOJ decidió rebajar los tipos de interés a tasas negativas, en concreto hasta el -0,10%. El efecto “depreciador” para el JPY apenas duró ese día, y desde entonces ha vuelto a apreciarse con fuerza respecto al billete verde.
Aunque creemos que este retroceso es algo puntual, es motivo suficiente para el Banco Central de Japón continúe con nuevos estímulos en su política económica, que sigan debilitando al yen para no lastrar su economía. Si nos fijamos en los diferenciales de rendimiento de los bonos japoneses y estadounidenses a dos años, podemos observar que descuentan un fortalecimiento claro del par. En cuanto las políticas económicas de ambos países empiecen a ser cada vez más divergentes, si los datos de empleo en USA continúan consolidándose y su economía empieza a cumplir los objetivos inflacionistas, el par debería dirigirse a niveles de 120-125 en el medio plazo.



Pero si nos olvidamos de los fundamentales, y trabajamos con un escenario puramente técnico, se nos presenta una gran paradoja, ya que el escenario que contemplamos es radicalmente opuesto al fundamental, con la importante ruptura de la línea de tendencia formada desde el 2012 en el inicio del Abenomics.

Esta vela es muy potente, ya que traspasa simultáneamente medias importantes que moldean la tendencia de largo plazo y aunque esperamos un “pullback” hacia la línea de tendencia, puede quedar abortado mucho antes en la resistencia de 116 yenes por dólar.
En nuestra opinión, solamente si el par consolida un rebote más agresivo por encima de la zona de 118 yenes podríamos hablar de un giro pero la tendencia del año y del trimestre de momento es claramente bajista.

Así que habrá que prestar mucha atención a la evolución de este par durante las próximas semanas, atentos a la resolución de esta paradoja.