MADRID, 10 JUL. (Bolsamania.com/BMS) .-
Alemania y Argentina volverán a medirse en una final 24 años después. La última vez que se enfrentaron por el título fue en el Mundial de la FIFA de 1990, celebrado en Italia. En aquella ocasión, Alemania vencía a una Argentina que les arrebató el torneo cuatro años antes en el Mundial de México.

Estas dos son las últimas finales que han ganado ambos equipos, por lo que el domingo lo darán todo por conseguir que sus aficiones recuerden lo que es saborear la gloria. Los dos conjuntos llegan con importantes cuentas pendientes sobre la mesa. Se tienen ganas.

Argentina intentará alcanzar a un rival que se le puede escapar en cuanto número de títulos. Si los de Sabella consiguen que el domingo la copa tome rumbo a Buenos Aires, habrán igualado el palmarés alemán, con tres trofeos en sus vitrinas. Por su parte, si gana Alemania, doblará el palmarés argentino gracias a los cuatro títulos con los que contaría, frente a los dos de la 'albiceleste', y alcanzaría a Italia, segunda del ránking con cuatro copas. También destaca la importancia del escenario en el que ambos países pueden alcanzar la gloria: el Estadio Maracaná. Es uno de los estadios con más magia del mundo del fútbol. En su césped jugaron estrellas de la categoría de Pelé, Garrincha o Zico. Lleva el fútbol en lo más profundo de sus raíces. Coronarse en este campo supone entrar por la puerta grande en la leyenda del deporte rey. De momento, solo lo ha conseguido Uruguay.

HEGEMONÍA DEL FÚTBOL MUNDIAL

Finalmente, los dos equipos necesitan dar un golpe sobre la mesa en el panorama mundial. Argentina vive olvidada y eso les sienta mal. Quiere recordar qué es capaz de hacer, y para ello cuenta con Messi, su guía en esta empresa. Ha llegado a los últimos torneos sin ser una de las claras favoritas y, en ocasiones, saliendo por la puerta de atrás. Ahora puede darle la vuelta a esta situación y hacerse con la hegemonía del fútbol mundial.

Alemania necesita ganar de una vez. Siempre está. Siempre es favorita. Pero nunca llega a materializar el éxito. En todos los torneos aparece otro combinado que le deja con la miel en los labios. Ya ocurrió en 2002 en Corea y Japón cuando Brasil ganó la final por dos goles a cero. Volvió a pasar en 2008 en la final de la Eurocopa ante España, y cuatro años más tarde en el Mundial de Sudáfrica. Y otra vez frente a España. Esta vez, la copa no se les puede volver a escapar.

G.D.

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