De todos es sabido que la crisis que estamos viviendo en la actualidad no tiene precedentes y marcará un antes y un después en los anales de la historia. Prácticamente todos los sectores se han visto perjudicados como consecuencia del complicado escenario en el que tienen que interactuar ; sin embargo, el comportamiento de cada uno de ellos ha sido muy dispar y sin llegar a atreverme a calificar de “ganadoras” a determinadas industrias, lo que sí está claro es que algunas han sabido capear el temporal mucho mejor.
En nuestro país, uno de los sectores protagonistas (y no exento de dificultades) en todo este período ha sido el de los medios de comunicación. Al carácter cíclico propio del sector se une una serie de cambios regulatorios que han añadido poca visibilidad al mismo. Como consecuencia de la caída de los ingresos que sufrieron muchas compañías por culpa de la recesión, los presupuestos destinados a publicidad se vieron recortados de forma importante. De esta forma la inversión en publicidad disminuyó un -7,6% en 2008 con respecto al año anterior y en 2009 la caída se amplió hasta el -14,9%, lo cual supone una caída en dos años de la inversión publicitaria del -22,2% y una disminución del peso de la misma en el PIB de 1,53% en 2007 hasta 1,21% en 2009.


Por otro lado, y después de muchos meses de incertidumbre, se aprobó a principios de año la nueva Ley Audiovisual para establecer las bases que deberían estar vigentes tras el apagón analógico. Entre los cambios más importante con respecto a la regulación anterior se encuentra el permiso de concentración de los operadores de TV siempre que su cuota de mercado conjunta sea inferior al 27%, el ofrecimiento por cada operador de la TDT de pago hasta un máximo del 50% de los canales que le corresponden, el establecimiento de destinar un 3% de los ingresos publicitarios a cine frente al 5% anterior ( el 2% restante pueden ahora invertirlo en series y otros programas) y el nuevo modelo de financiación de la televisión pública. A partir de ahora TVE ya no contará con publicidad para financiarse y a cambio recibirá una tasa del 3% de los ingresos de las televisiones privadas, del 0,9% de los operadores de telecomunicaciones que suministran servicios audiovisuales y una parte de la tasa que los operadores pagan al Estado por la utilización del espacio radioeléctrico.


A raíz de todos estos cambios estructurales el escenario en el que se tendrán que mover las cadenas será completamente distinto. La fragmentación de la audiencia incrementará la competencia y les obligará a ser a ser más exigentes en la selección del contenido, haciéndose el tamaño una de las cuestiones claves para el futuro puesto que les permitirá tener mayor poder de fijación de precios y una estructura de costes más eficiente. La fusión de Telecinco con Cuatro, cuya finalización está prevista para el 3T de este año, ha dado el pistoletazo de salida pero creemos que los movimientos corporativos seguirán produciéndose en el futuro.