Durante los últimos meses, el debate económico nacional se está centrando en cuándo y cómo de fuerte llegará la tan ansiada recuperación de la economía española. 

Todos somos conscientes de las dificultades que está atravesando nuestra economía desde hace ya 5 años, y el impacto que está generando sobre nuestras empresas y familias: Una tasa de paro superior al 25% y del 50% para los miembros más jóvenes de la población activa; caída de ingresos fiscales y de la seguridad social , una población que no crece por las emigraciones; tasa de mora hipotecaria superior al 10%, la reestructuración bancaria que no finaliza; problemas de quitas con productos financieros complejos, desahucios de viviendas, presunta corrupción política…… Podríamos seguir así un buen rato.

Sin embargo, toda moneda tiene también anverso. En el horizonte se empiezan a otear algunos rayos de luz dentro de las tinieblas. Así, por ejemplo, España está recuperando competitividad internacional a un ritmo muy significativo; la balanza comercial (excluyendo la factura petrolífera) ya es positiva; nuestras exportaciones crecen a un ritmo superior al crecimiento del PIB mundial; está volviendo inversión a España a sectores claves, como el sector de la automoción; se han batido records de turistas y de ingreso medio por turista…..

Estas incipientes mejoras han tenido un reflejo relevante en los mercados financieros, especialmente de renta fija. En los últimos meses, hemos asistido a una fuerte reducción de la prima de riesgo de los activos españoles, tanto para los emisores públicos. La fuerte demanda extranjera de papel español, público y privado, en las nuevas emisiones de este cuatrimestre, ha hecho que entre el 70 y el 80% de las nuevas emisiones de bonos españoles se hayan colocado entre inversores internacionales.

Pero para los inversores, quizás, no han sido las mejoras en la economía española lo que les ha animado a volver a invertir en papel español, sino:

- las enormes inyecciones de liquidez que se han llevado a cabo por gran parte de los banqueros centrales que, a su vez, ha llevado a pírricas rentabilidades a los bonos de los países más desarrollados (tipos que no superan el 1,8% para los bonos a 10 años de EEUU, Reino Unido, Francia, Holanda, Suecia…. por debajo del 1,25% para Alemania…… e incluso inferiores al 0,6% para Japón y Suiza).

- El famoso “Believe me, It will be enough” o también conocida como ”Put de Draghi” anunciando que haría todo lo necesario (compra de bonos periféricos, básicamente) para la salvaguarda del euro. Esto mitigaba uno de los riesgos más relevantes para los inversores, (si se rompe el euro en qué divisa cobraré mis bonos), y se animaban a comprar bonos españoles e italianos.

Estas compras han llevado a unos tipos de interés para los bonos españoles a 10 años a niveles cercanos al 4,5%, similares a los de noviembre de 2010, y que coincide con el nivel promedio del mismo desde la introducción del euro.

Y cabría preguntarse, y ¿ahora qué hacemos?

Como hemos anticipado antes, la prima de riesgo española sigue siendo muy elevada, y las reformas que se están llevando en la economía están corrigiendo buena parte de los desequilibrios en España. Es cierto también que, de momento, no se está reflejando en una aceleración del crecimiento económico, ni en una mejora percibida por las familias. Pero, lo que sí sabemos es que la economía financiera adelanta al menos seis meses lo que luego veremos en la economía real. El gobierno y buena parte de los analistas anticipan que para finales de año o principios de 2014, comenzaremos a ver las primeras cifras de crecimiento en España. Si esto se produjera, se frenaría la destrucción de empleo, especialmente privado, asistiríamos a la recuperación de los ingresos públicos y, por ende, la corrección del déficit público más por la llegada de ingresos que no por recortes adicionales.

Ante este escenario, con el apoyo de las medidas de liquidez de los banqueros centrales, la prima de riesgo continuaría su reducción hacia niveles de 200 puntos básicos, en un primer paso, propiciando una ganancia adicional de otros 10 puntos porcentuales frente a los bonos del centro de Europa.

Este movimiento, incluso aún más agresivo, lo veríamos en cédulas hipotecarias y en bonos de Comunidades Autónomas, dados los diferenciales adicionales que ofrecen este tipo de activos frente a los bonos españoles. El movimiento de la bolsa española sería claramente alcista (cotiza un 15% por debajo de noviembre de 2010).
Ahora bien, si el inversor pensara que el escenario se tornará mucho más negativo, en el que los países periféricos caerán en un círculo vicioso, en el que los continuos recortes solo llevarán a la economía a un mayor deterioro, mayor tasa de paro, recesión prolongada….deberían evitar las aparentemente atractivas rentabilidades de los activos españoles, y más aún el mercado de renta variable (que se desplomaría ante un escenario de similares características).

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