
- Las exportaciones de petróleo a través del estrecho de Ormuz se han recuperado hasta un 85-90% estimado de los volúmenes previos al conflicto, pero los precios siguen siendo elevados.
- Las disrupciones en la cadena de suministro, la reposición de inventarios y los nuevos ataques contra el transporte marítimo siguen impidiendo una normalización definitiva del mercado del petróleo.
- La incertidumbre en torno a Irán y a la guerra entre Rusia y Ucrania deja el suministro energético expuesto a nuevas interrupciones y al riesgo geopolítico.
- La limitada capacidad mundial de refino mantiene altos los precios del diésel y de otros productos refinados, incluso a medida que mejoran los flujos de crudo.
- Para los inversores, el refuerzo del suministro físico es alentador, pero los cuellos de botella persistentes y los riesgos de seguridad probablemente mantendrán la volatilidad y una prima de riesgo considerable.
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Los mercados del petróleo han recibido algunas señales comparativamente alentadoras desde Oriente Próximo, pero la mejora del suministro físico aún no se ha traducido en una caída decisiva de los precios. El tráfico marítimo a través del estrecho de Ormuz aumentó durante septiembre, con un incremento tanto de los tránsitos visibles como de los más difíciles de rastrear. Los flujos se han recuperado hasta un 85-90% estimado de los volúmenes previos al conflicto, lo que ha ayudado a contener nuevas presiones alcistas sobre el precio del crudo.
Sin embargo, restablecer los flujos de crudo es solo una parte del reto. Las cadenas de suministro siguen alteradas, mientras que la reposición de inventarios está sosteniendo la demanda. Como resultado, la recuperación de las exportaciones no ha ido acompañada de un descenso proporcional del precio del petróleo. Los nuevos ataques contra buques en octubre, junto con la primera represalia de Estados Unidos durante el fin de semana, ponen además de manifiesto que el camino de vuelta a la normalidad difícilmente será sencillo.
La disputa de fondo sigue sin resolverse. Irán busca imponer sus propias condiciones al tráfico a través del estrecho de Ormuz, mientras que Estados Unidos se opone. Aunque el aumento de los volúmenes de transporte ofrece una vía plausible hacia unas condiciones más normales, la reciente escalada demuestra que el riesgo de interrupción sigue siendo significativo. La posibilidad de nuevas acciones militares estadounidenses implica también que los inversores no pueden descartar una nueva ampliación del conflicto.
La evolución de la guerra entre Rusia y Ucrania añade una segunda fuente de incertidumbre. Las informaciones sobre un posible alto el fuego que abarque las infraestructuras energéticas serían, de materializarse, positivas. La red de refino rusa ha sufrido daños considerables por los ataques ucranianos, lo que limita la oferta de productos refinados. No obstante, las últimas informaciones parecen haber sorprendido a Ucrania, no han sido confirmadas por Rusia y llegan después de titulares similares en septiembre que finalmente no se concretaron. Para los mercados, esto aconseja prudencia en lugar de dar por hecho un alivio inminente.
La distinción entre el crudo y los productos refinados es especialmente importante. La presión sobre la capacidad de refino mantiene el precio del diésel muy por encima del crudo. Las refinerías estadounidenses operan cerca de su límite, la capacidad europea está restringida, la tasa de utilización en Rusia ha caído con fuerza y el refino en Oriente Próximo sigue afectado por el conflicto. Aunque mejore el suministro de crudo, los cuellos de botella del sistema de refino podrían mantener elevados los precios del diésel y de otros productos.
Para la Administración estadounidense, esto supone un desafío político y económico inmediato de cara a las elecciones de mitad de mandato. Las medidas destinadas a aliviar la carga sobre los consumidores pueden ofrecer cierto apoyo, pero es poco probable que reduzcan de forma significativa el precio del diésel a corto plazo. En un sentido más amplio, la presión no se limita a los combustibles para transporte. Las disrupciones continuadas afectan también al gas natural licuado, el azufre, los fertilizantes y otros productos que dependen de rutas comerciales regionales seguras.
En el plano político, la situación sigue pareciéndose a un punto muerto. Las negociaciones pueden abrir margen para una desescalada, pero Irán parece dispuesto a asumir la presión económica y a seguir una estrategia a más largo plazo. El régimen se mantiene en el poder y ha mostrado escasa disposición a ceder en las posiciones negociadoras planteadas a principios de año. Esto limita las perspectivas de una solución diplomática rápida y deja a los mercados energéticos expuestos a nuevos episodios de volatilidad.
El mensaje central es que unos mejores datos de transporte marítimo no deben confundirse con una solución completa. El aumento de los tránsitos por el estrecho de Ormuz es una evolución positiva, pero la frágil situación de seguridad, la limitada capacidad de refino y el persistente riesgo geopolítico probablemente mantendrán elevados los precios del petróleo y de los productos refinados. Al mismo tiempo, la resiliencia de la economía mundial y su capacidad de adaptación en los dos últimos meses han sido alentadoras. Por tanto, los mercados podrían seguir sopesando la mejora del suministro físico frente a una prima de riesgo todavía considerable.

