Uno de los aspectos fundamentales a tener en cuenta al planificar la jubilación es el ahorro necesario y la forma de invertirlo para que, con un esfuerzo razonable, el inversor logre el capital adecuado para conseguir sus objetivos vitales.
 Se trata de responder a la pregunta de ¿Qué rentabilidad necesitamos para alcanzar nuestros objetivos? Y una vez que lo sepamos, hacernos otra: ¿Cómo puedo conseguirlo? ¿Cómo debo gestionar mi ahorro para obtener el rendimiento que me permita retirarme con total tranquilidad? ¿Cuándo empiezo a preparar mi cartera para la jubilación?

Contestar a estas preguntas no es sencillo. Para empezar, porque en la actual situación económica y de mercados, los activos sin riesgo no ofrecen ninguna rentabilidad y apostar por ellos implica aceptar que nuestro dinero puede perder valor. Los tipos en Europa están en mínimos históricos (el 0,05%, tras la bajada hecha por el Banco Central Europeo el 4 de septiembre) y economistas e inversores esperan que esta situación se mantengan durante bastante tiempo, dado que las economías que forman parte de la Eurozona todavía muestran signos de debilidad y algunos países, como Francia e Italia se enfrentan a la necesidad de hacer ajustes internos para relanzar el crecimiento, tal y como se encargó de recordar el presidente del BCE, Mario Draghi, en la última reunión. En consecuencia, el ahorrador debe asumir la opción de invertir con un determinado porcentaje de riesgo para obtener la rentabilidad que necesita y, sobre todo, aprender a gestionarlo correctamente cuanto antes para poder tomar las decisiones acertadas en los momentos complicados.

Esto queda aún más claro con un ejemplo. Pensemos en una persona que hoy, con 45 años, empieza su plan de ahorro para la jubilación y decide destinar 10.000 euros al años para lograr, cuando se retire, su independencia económica, que, implica un gasto mensual –desde los 67 años- de 1.500 euros, que complementarán a una posible pensión pública –tanto el ahorro, como el gasto futuro se actualizarán con la inflación -. Esta persona se encontrará con escenarios muy distintos a los 67 años, dependiendo de si elige una inversión que le de un retorno igual o mayor que la inflación. El ahorro acumulado hasta el momento de la jubilación sería de 258.000 euros.

Si invierte en productos de baja rentabilidad, al 2% de media anual, conseguirá, además de lo que vaya metiendo en la hucha año a año, 82.000 euros de rentabilidad –una ganancia acumulada del 32%-. ¿Esto qué consecuencias prácticas tiene? Si decide gastar 20.000 euros anuales desde los 67 se quedará sin el ahorro antes de los 80 años. O deberá gastar menos, 8.000 euros, para estirar el dinero hasta los 95, como muestra el gráfico:

rentas necesarias


Sin embargo, si elige un producto que le dé un 6%, en un escenario con una inflación del 2%, obtendrá gracias a ese interés 287.000 euros, es decir, una ganancia total del 112% (frente al 32% que veíamos en el primer caso). Este capital le permitirá vivir hasta los 95 años con un gasto de 20.000 anuales, que complementarían a otras rentas.


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Con esto se pone de relieve la importancia de plantearse adecuadamente los objetivos, hacer un cuidado análisis y, después, elegir la mejor forma de rentabilizar el dinero. Existe una amplia variedad de productos de ahorro e inversión para elegir, pero el vehículo por excelencia para planificar la jubilación es el plan de pensiones. Sin embargo, un repaso a los datos de la industria de fondos de pensiones evidencia que la mayoría de españoles no le están sacando todo el provecho que deberían, ya que no se pone el acento en la rentabilidad del producto, sino que la elección se basa en motivos fiscales y en la huida de todo riesgo.