Los mercados están mostrando una fortaleza que sorprende incluso a los analistas más optimistas. Más que amortiguar las subidas, lo que estamos viendo son avances extraordinarios impulsados por unos resultados empresariales especialmente sólidos. En Estados Unidos, el consenso del mercado apunta a un crecimiento del 27,8% en los beneficios del primer trimestre, mientras que en Europa el incremento se sitúa en el 6,9%. Una diferencia notable que refleja una clara dicotomía entre ambas economías.
En el caso europeo, el impulso proviene principalmente del sector energético, con un peso relevante de compañías petroleras y gasísticas. En cambio, en Estados Unidos es el sector tecnológico el gran protagonista, con un comportamiento sobresaliente. Este contraste también se refleja en las valoraciones: el PER —que compara el precio actual con las expectativas futuras de beneficios— se apoya en previsiones que siguen sorprendiendo al alza, incluso en un contexto de tensiones geopolíticas.
Ni el pulso entre Estados Unidos e Irán por el estrecho de Ormuz ni el encarecimiento del petróleo, por encima de los 113 dólares por barril, parecen inquietar a los mercados. De hecho, las caídas han sido más acusadas en Europa que en Estados Unidos. A ello se suma una macroeconomía estadounidense que, pese a ciertos signos de desaceleración, sigue mostrando datos positivos, como los índices manufactureros.
En paralelo, los bancos centrales han endurecido su discurso. Aunque el tono general es más restrictivo, las subidas de tipos se están implementando de forma gradual. El Banco Central de Australia ya ha dado el paso elevando los tipos al 4,35%, anticipándose a movimientos similares por parte de la Reserva Federal, el Banco Central Europeo o el Banco de Inglaterra. Sin embargo, estas decisiones no han provocado grandes correcciones en los mercados, que continúan mostrando resiliencia.
El apetito por el riesgo sigue presente. En Estados Unidos, el liderazgo corresponde a los sectores de crecimiento, especialmente el tecnológico, pero también el inmobiliario, que ha registrado un aumento del 15% en beneficios estimados. En Europa, en cambio, este mismo sector presenta caídas del 14%. En Europa destacan sectores más cíclicos como energía o telecomunicaciones, este último con crecimientos cercanos al 20%. La banca, tras un 2025 excepcional, muestra cierta moderación, aunque mantiene resultados sólidos.
En este entorno, en Divacons Alphavalue la estrategia de inversión ha ido adaptándose a los acontecimientos. Antes del estallido del conflicto, se adoptaron posiciones agresivas en energía y sectores defensivos, junto con posiciones cortas en consumo. Posteriormente, ante la volatilidad generada por la tregua entre Estados Unidos e Irán, se optó por neutralizar carteras, apostando por la indexación para reducir riesgos sin quedar fuera del mercado. Esta estrategia permitió generar un alfa cercano al 10% en las primeras fases del conflicto. Actualmente, la incertidumbre sigue siendo elevada y la visibilidad, limitada, lo que ha llevado a mantener una postura más prudente. Aun así, el peso en Estados Unidos —en torno al 62%-65% de las carteras— ha resultado clave para aprovechar el tirón de las grandes tecnológicas.
De cara al medio y largo plazo, destacan tres valores como apuestas claras: Alphabet, por su liderazgo en inteligencia artificial, publicidad y servicios en la nube; JPMorgan, como referencia de solidez en el sector financiero; y NVIDIA, protagonista indiscutible del nuevo paradigma tecnológico basado en chips avanzados. Aunque pueda parecer una apuesta concentrada en Estados Unidos, lo cierto es que el país sigue marcando el ritmo en los mercados globales, especialmente en innovación y tecnología.

