Paco Abad, CEO de la Fundación Empresa y Sociedad, “maño” e ingeniero de caminos, señala que esa base le permitió adaptarse al mundo empresarial. Inició su carrera en consultoría y auditoría, pasó después al ámbito bursátil, “cuando todavía la contratación no era digital, se contrataba a mano”, y, finalmente, en 1995 participó en la creación de la Fundación Empresa y Sociedad. En sus inicios, la fundación se centró en conectar empresa y ámbito social, con especial foco en el empleo, principalmente de colectivos vulnerables como personas con discapacidad, parados de larga duración o inmigrantes.
En esta primera etapa, el empleo de personas con discapacidad fue “el punto clave”, en un contexto donde prácticamente no había iniciativas. Abad subraya que muchas de las líneas actuales, como el voluntariado, tuvieron su origen en aquellos primeros programas. Además, destaca que el impacto de la fundación no se mide tanto en cifras concretas como en cambios estructurales: “no había nada en el 95… y mira lo que hay ahora”.
Con el paso del tiempo, la fundación evolucionó hacia tres áreas principales. La primera, y más relevante (ocupa “el 75% o el 80% del tiempo”), es el ámbito B2B, donde buscan conectar el mundo emprendedor con la empresa tradicional. Aquí trabajan con “Scalabs B2B”, es decir, empresas que ya están creciendo y necesitan apoyo para desarrollar negocio: “les ayudamos a vender en el mundo empresarial”. Su valor diferencial radica en facilitar contactos y oportunidades reales, utilizando redes y conocimiento del ecosistema.
La segunda línea es la longevidad, centrada en el impacto de vivir más años en la vida profesional. El objetivo es “mentalizar a los 40 y 50añeros de que no se duerman en los laureles”, ya que el futuro exigirá mayor autonomía laboral. Abad señala el contraste generacional: mientras los jóvenes ya incorporan el aprendizaje continuo, generaciones anteriores deben adaptarse a un nuevo contexto donde “no tanto por cuenta ajena como por cuenta privada”.
La tercera área es la filantropía internacional, donde facilitan donaciones entre países, resolviendo complejidades fiscales y operativas. Participan en redes globales y proyectos colaborativos, como iniciativas en la región mediterránea relacionadas con inmigración, medio ambiente o empleo, aportando además herramientas digitales para mejorar la gestión de las entidades.
Un aspecto clave de la fundación es su modelo: “se financia exclusivamente con recursos privados, sin subvenciones, sin donaciones”. Esto implica una exigencia de autosostenibilidad: “si no somos capaces de autofinanciarnos, tenemos que cambiar de actividad”. Además, operan con una estructura mínima: “la gente soy yo y luego el resto es todo pura tecnología”, apoyándose en externalización y digitalización.
En cuanto a gestión, Abad destaca que las fundaciones tienden a parecerse cada vez más a empresas, aunque con mayor complejidad: deben ser sostenibles y, además, medir su impacto social. También han reformulado su gobernanza, diferenciando entre un patronato más operativo y un consejo asesor más representativo.
Finalmente, Abad reflexiona sobre el futuro, reconociendo la dificultad de preverlo: “la fundación de ahora no es igual que la del año pasado”. Aun así, mantiene un objetivo claro: “la apuesta es seguir estando en vanguardia, aportando a la sociedad todo lo que podamos” y adaptarse a los cambios, especialmente tecnológicos. Resume su visión en una idea: permanecer en “tensión positiva” para evolucionar constantemente en un entorno que cambia cada vez más rápido.

