Con un perfil moderado y un horizonte de corto a medio plazo, ¿qué posicionamiento resulta más adecuado en renta fija y renta variable ante la actual inestabilidad en Oriente Medio?
La situación geopolítica está acentuando un deterioro económico que, incluso si se resolviera a corto plazo, no revertirá inmediatamente. Las revisiones a la baja abarcan prácticamente todas las regiones y sectores, en especial los tipos de interés, condicionados por la inflación y la incertidumbre energética europea. Por ello, el mercado ha pasado de descontar dos o tres bajadas de tipos en 2026 a prever incluso nuevas subidas antes de finalizar el año. En este contexto, en la parte de Renta Fija priorizaría posiciones de muy corta duración. Dos alternativas de calidad son Nordea Low Duration European Covered Bond y Ostrum Credit Ultra Short Plus. En cuanto a Renta Variable, tras las recientes caídas, el sector tecnológico vuelve a ofrecer oportunidades, siempre que evitemos la sobreexposición a las Siete Magníficas. Además, China muestra un PMI al alza y está captando cuota de mercado ante la incertidumbre política de EEUU, consolidándose como un socio comercial cada vez más fiable.
El fondo Lazard Credit Opportunities (FR0010230490) presenta pérdidas en cartera. ¿Conviene mantener la posición o rotarla hacia una alternativa más conservadora?
Este año el fondo se ha visto penalizado por su duración, debido a la crisis en Oriente Medio y la consiguiente subida de las tires. Es una opción sólida a largo plazo para inversores conservadores, pero si finalmente se confirman nuevas subidas de tipos, cabe esperar presión adicional. En su caso, lo mantendría si el horizonte de inversión es medio-largo. Si busca una alternativa de perfil conservador pero distinta en estrategia, consideraría el Dunas Valor Equilibrado, que equilibra prudencia y rentabilidad de manera más estable.
En una cartera moderada con horizonte de 5 a 8 años, ¿cómo encajan posiciones del 5% en BNY Mellon Global Infrastructure Income y BL Global 50 dentro de una estrategia diversificada?
En 2024, la inversión global en infraestructuras alcanzó 1,1 billones de dólares, con un crecimiento del 7â¯% en 2025. Se estima que el mundo necesita 3,3 billones de dólares anuales en inversión para sostener su desarrollo y afrontar las transformaciones estructurales actuales. Los gobiernos no pueden asumir ese esfuerzo por sí solos, por lo que el capital privado y los fondos de infraestructuras son hoy actores clave. Por todo ello, BNY Mellon Global Infrastructure Income me parece un claro “caballo ganador” a su horizonte temporal. En cambio, respecto al BL Global 50, aunque presenta un historial razonable, no soy partidario de los fondos mixtos. Con una volatilidad cercana al 6â¯%, puede construirse una combinación de RF y RV que logre mayor rentabilidad ajustada al riesgo.
¿Qué estrategias o fondos de renta fija pueden actuar como refugio en el actual entorno de mercado marcado por la volatilidad y la incertidumbre sobre los tipos de interés?
En este escenario, las duraciones cortas siguen siendo la mejor defensa ante futuras subidas de tipos. Dos opciones relevantes son Nordea Low Duration European Covered Bond y Dunas (Prudente o Equilibrado), gestionados por Alfonso Benito. Si ya ha sufrido las correcciones derivadas del conflicto con Irán, mantendría posiciones, ya que el mercado comienza a descontar una recuperación progresiva.
Una cartera mantiene una exposición del 15,35% a renta variable latinoamericana a través de los fondos Fidelity Latin America, Schroder ISF Latin America, DWS Invest Latin America Equity, DWS Invest Brazilian Equity y Nordea 1 Latin American Equity. El conjunto de la cartera se distribuye además en un 15,72% en Europa, 27,23% en EEUU y 34,67% en Pacífico/Oceanía/África, con una asignación total del 25% en renta fija y 75% en renta variable, y una rentabilidad acumulada del 11,43%. ¿Es adecuado este nivel de exposición y qué perspectivas ofrece la región?
América Latina siempre ha sido una región de grandes promesas y contrastes: rica en recursos, joven demográficamente y estratégicamente ubicada, pero lastrada históricamente por la inestabilidad política y fiscal. A pesar de ello, en las últimas dos décadas la inversión extranjera directa se ha duplicado, lo que demuestra un cambio estructural en marcha. Actualmente la región sigue aportando solo un 6,3% al PIB mundial, pero su potencial sigue siendo inmenso. Dicho esto, la mayoría de fondos latinoamericanos concentran más del 70% de su exposición en Brasil, lo que incrementa la correlación entre ellos. Por tanto, su peso del 15% en la región es algo elevado. Recomiendo reducir ligeramente la exposición y diversificar con algún fondo alternativo o de estrategia market neutral, como Jupiter Merian Absolute Return y Eleva Absolute Return Europe. Su cartera global, por lo demás, está muy bien equilibrada.
¿Es el momento adecuado para tomar posiciones en fondos como R-Co Valor C y Robeco Smart Energy dentro del contexto actual de mercado?
Ambos son fondos interesantes. Robeco Smart Energy es uno de mis favoritos dentro del ámbito energético y ESG. Pese a su alta volatilidad, a largo plazo tiene un gran potencial ligado a la transición energética. El R-Co Valor, por su parte, incorpora buenos gestores pero actualmente lo compensaría con posiciones más conservadoras, como DNCA Invest Alpha Bond, y equilibraría la parte de RV con un fondo como Robeco Global Premium, que diversifica muy bien entre estilos y regiones.
Un fondo como Seilern Growth, con una revalorización cercana al 69 %, ¿invita a recoger beneficios o a mantener la posición en cartera?
Esa plusvalía probablemente proviene de años de buen desempeño o de movimientos tácticos en periodos de corrección. Aun así, considero acertado recoger beneficios y rotar hacia fondos quality growth con métricas más sólidas. El Seilern ha perdido consistencia y muestra ratios de rentabilidad/riesgo más débiles últimamente. Una alternativa muy atractiva es el Groupama Global Disruption (LU1897556517), gestionado por Philippe Vialle. Este fondo refleja de forma más realista lo que es la tecnología disruptiva aplicable a la economia real: impresión 3D, plataformas de streaming, vehículos autónomos y 5G, entre otros sectores de futuro.

