La gran magnitud del rebote que han vivido los mercados de renta variable europea en lo que llevamos de año (sobre todo en la eurozona con baja volatilidad) ha vuelto a poner sobre la mesa la eterna preocupación acerca de que los precios no pueden subir siempre. 

Las tendencias han sido impresionantes, pero los motores que se han acelerado en solo unas semanas también son muy potentes. El QE del BCE ha sido mucho más grande de lo esperado. Y esto ha coincidido en el tiempo con el anuncio de señales tangibles de recuperación, tanto en las encuestas europeas como en las estadísticas económicas. Además, todo esto se ha producido después de varios meses de revisiones a la baja lo que hizo que las expectativas fueran muy bajas.
De hecho, después de la fuerte desaceleración que vivimos a comienzos de 2014, los beneficios del bajo nivel del euro y del colapso en el precio del petróleo así como el impacto positivo de la recuperación norteamericana en la segunda mitad del año cogieron por sorpresa a los inversores y muchos no aprovecharon estos factores positivos.

Sin embargo, la probabilidad de que se produzca un repunte en los ingresos corporativos en Europa a partir de esta reactivación económica es alta. Los márgenes de las compañías están en cierta medida constreñidos y podrían expandirse de forma considerable:

- La reducida presión sobre los costes continuará. Los salarios están lastrando la inflación y el ritmo de aumento de los precios se ha reducido significativamente. Asimismo, la brecha de producción (la diferencia entre el PIB real y el potencial) sigue en territorio negativo.
- Los tipos de interés están en caída libre.
- Los precios de las materias primas continúan contrayéndose.
- El euro sigue depreciándose.

En otras palabras, el rebote de la renta variable europea todavía puede ir a más. Sin embargo, aún persisten algunas preocupaciones:
- La situación en Grecia todavía no se ha resuelto. No obstante, seguimos pensando que se llegará a un acuerdo satisfactorio, incluso aunque la tensión podría recrudecerse antes de llegar al entendimiento.
- Deberíamos vigilar de cerca el endurecimiento monetario de la Fed. Los últimos datos económicos de Estados Unidos han sido difíciles de interpretar, por lo que el momento en cual se producirá la subida de tipos se ha vuelto más incierto.

También deberíamos prestar atención a cómo pretende la Fed gestionar la reducción de su balance. El único detalle que ha trascendido hasta la fecha es que será un proceso gradual. La abundante liquidez puesta en los mercados ha sido en parte responsable de la baja aversión al riesgo que existe hoy. De esta forma, algunas señales que indican que ciertos bancos centrales podrían recuperar parte de esta liquidez –incluso aunque lo hagan de forma muy gradual- podrían reavivar la volatilidad.

Basándonos en este escenario, creemos que el entorno sigue siendo favorable para los mercados de renta variable, incluso después del rally. Sin embargo, hemos reducido nuestra exposición a los mercados emergentes dado que los ingresos de las compañías asiáticas están siendo revisados a la baja y también debido al potencial impacto negativo que podrían generar las nuevas preocupaciones sobre la acción de la Fed.

Con respecto a la renta fija, nuestras convicciones no han cambiado. Seguimos sobreponderando los sectores que es más probable que obtengan mayores beneficios de la acción del BCE como los bonos high yield europeos y la deuda soberana periférica, incluso aunque ahora están caros. Estamos neutrales en cuanto a las duraciones en Europa y nos mantenemos fuera del riesgo de duración en Estados Unidos.

Por último, en cuanto a las divisas, nuestras carteras están ligeramente sobreexpuestas al dólar americano. La brecha de rendimiento entre Europa y Estados Unidos es tan amplia que es probable que el dólar siga apreciándose.
Benjamin Melman, director de asignación de activos y de deuda soberana en Edmond de Rothschild AM (France)