Las últimas declaraciones de la Fed han seguido la misma línea que desde diciembre del año pasado y también en paralelo con el escenario de los últimos meses. Reconoce una recuperación progresiva hasta 2014 donde, se espera crecimiento sobre el 3 %. La gradual relajación del QE, se espera tras el verano y la suspensión de las compras de bonos para la primera parte del próximo año. Por otro lado, el primer aumento de tipos se producirá a finales de 2014 o principios de 2015, en todo caso antes de la segunda mitad de 2015.


Todos estos movimientos están condicionados por la situación económica. Si ésta se deteriora, la Fed pospondrá estas medidas. Las implicaciones que tiene en el mercado un endurecimiento de la política monetaria en una etapa inicial (como el producido en 1987, 1994,1999 y 2004) implican mayor volatilidad, impacto negativo en los bonos y además, dificultades iniciales para la renta variable, pero en una segunda fase el impulso de la recuperación (el motivo subyacente para el cambio en la política monetaria) pasa a ser más importante.

En general, se puede decir que sería un paso más a las declaraciones desde diciembre. La Fed no está a punto de pisar el freno, y está centrada en proseguir en el camino de la recuperación (sobre todo).

En las últimas semanas, los mercados financieros se han visto gravemente afectados por la creciente ansiedad respecto a la política monetaria en EEUU. No obstante, esto parece excesivamente prematuro ya que el ajuste monetario real tiene todavía un año y medio por delante. Dicho esto, los rendimientos de los bonos son sensibles a una normalización de la situación económica y de la política monetaria. Una normalización de los rendimientos de la deuda implica un retorno a un intervalo de entre el 4 y el 5%. A esto le quedan algunos años por llegar para que sea realidad, probablemente en el largo plazo.
La Fed ha adoptado una postura flexible desde septiembre de 2007, que ha resultado en tipos reales muy cercanos a 0% durante 4 años y medio, y ha cuadruplicado el balance de la Fed. Actualmente, sigue comprando 85.000 millones de dólares en bonos cada mes, no obstante la Fed ha estado planeando gradualmente reducir y finalmente abandonar estas compras en línea con la recuperación de la economía.

La ansiedad sobre una nueva política monetaria en EEUU parece prematura. En algún momento la Fed tendrá que retomar su ajuste, todavía lejos. Sólo una vez que la economía realmente empiece a normalizarse, estará en la agenda cualquier ajuste monetario serio. Hoy en día hay todavía 2,5 millones de empleos menos que a principios de 2008, así que todavía queda bastante para empezar a hablar de normalización… Por lo menos probablemente no antes de un año y medio. La Fed cambiará esto con mucha precaución para limitar un impacto negativo en la economía ya que ha dejado muy claro que prefiere correr el riesgo de una inflación mayor en vez de acabar con la recuperación.

Sin embargo, cuando la recuperación económica se fortalezca, será inevitable un giro en la política monetaria. Los movimientos tempranos hacia un ajuste monetario en 1987, 1994, 1999 y 2004 confirman que el impacto al principio del ajuste en los mercados financieros es amplio, tal y como puede esperarse: Los rendimientos de los bonos empiezan a aumentar en previsión del primer movimiento de ajuste tres meses antes de que éste se produzca, y continúan incrementándose en línea con el ritmo de ajuste monetario (con 2004 como excepción notable). Los mercados de renta variable se ven impactados por el primer movimiento de ajuste, pero se recuperan consecuentemente ya que la fuerza de la recuperación, que es el motivo subyacente del ajuste, toma la delantera (el record de 1987 se ve distorsionado por el choque del Lunes Negro).

El ciclo actual sin embargo no se puede comparar totalmente con experiencias anteriores. Primero, probablemente el ajuste será gestionado de manera mucho más cuidadosa y será un proceso más prolongado que los anteriores. Los rendimientos de los bonos serán más vulnerables. Desde una perspectiva a largo plazo, si la economía finalmente consigue volver a la normalidad, esto también se verá reflejado en una normalización en los rendimientos de los bonos. En los últimos 140 años, la media real de los rendimientos de los bonos a largo plazo ha estado sólo un poco por encima del 3%. Por todo ello y teniendo en cuenta la inflación, una normalización de los rendimientos implica un retorno del 4-5%.