“En la naturaleza de las innovaciones está implícito el vértigo de emprender grandes cambios para poder dar grandes saltos. El mejor camino para que una nación se proyecte mejor en el futur,o es que definitivamente, asuma que sólo innovando podrá alcanzar a los países más prósperos”

Esta es una de las frases más conocidas del célebre economista Joseph A. Schumpeter y escritor de clásicos entre los que destacan “Teoría del Desenvolvimiento Económico” (1912), “Los Ciclos Económicos” (1939) o “Capitalismo, Socialismo y Democracia” (1942). En ellas, se destacó por sus investigaciones sobre el ciclo económico y por sus teorías sobre la importancia vital del empresario en los negocios, subrayando su papel para estimular la inversión y la innovación que determinan el aumento y la disminución de la prosperidad. También popularizó el concepto de “destrucción creativa” como forma de describir el proceso de transformación que acompaña a las innovaciones.

Pues bien, en la época actual en la que nos encontramos, donde las tecnologías de la información están en pleno auge y las formas de ofrecer servicios, sobre todo en el sector financiero, deben cambiar y adaptarse a las nuevas exigencias que el mundo demanda, se hace si cabe más importante los conceptos de investigación, desarrollo e innovación.
Es cierto que suena fácil este planteamiento, sobre todo en un entorno donde el crédito está estancado y la liquidez que las entidades financieras reciben por parte de sus respectivos bancos centrales, no acaba de llegar a empresas y familias. Pero también es cierto que las necesidades de reinventarse y de ofrecer nuevos servicios, más eficientes y al alcance de un mayor número de usuarios se incrementan.

Indaguemos un poco en cómo está el gasto en investigación y desarrollo en la actualidad.
En nuestro país, se destinaron cerca de 14.334 millones de euros a I+D en el año 2010, lo que representa un 1,39 % del PIB y un 48% más que en el 2000. Sin embargo, todavía estamos lejos de la media de la UE donde se alcanza un gasto del 2% del Producto Interior Bruto.

A continuación, presentamos un mapa de la relación del gasto en I+D por PIB de los diferentes países de la UE.



Fuente: Eurostat

Si nos centramos en la participación de los principales agentes de la economía, la Administración Pública aumentó su gasto en un 0,1%, mientras que las empresas lo redujeron un 0,8% respecto a 2009. El sector privado ejecutó el 51,5% del gasto total frente al 51,9% del período anterior. Por otra parte, el sector público financió el 46,6% de las actividades de I+D y el sector empresarial el 42,9%. El resto se reparten entre fondos procedentes del extranjero (5,7%), Enseñanza Superior (3,9%) y entidades sin fines lucrativos (0,7%). Las comunidades autónomas que realizaron un mayor esfuerzo en actividades de I+D fueron: Comunidad de Madrid, Comunidad Foral de Navarra, País Vasco y Cataluña. Todas ellas presentaron cifras de intensidad en el gasto superior a la media nacional.



Si nos fijamos ahora en el gasto en I+D por sectores de actividad en nuestro país, observamos que la industria concentró el 47,1% del total durante el año 2010. A su vez, a las empresas del sector servicios les correspondió el 49,7%. El desglose por ramas de actividad, se presenta en el gráfico a continuación, donde destaca con un 20,9% los servicios de I+D.


Fuente: INE

Hagamos una breve reflexión de por qué España ostenta el doceavo puesto en el ranking mundial de economías y sin embargo se sitúa en el lugar número 42 en cuanto a competitividad se refiere.

Existen ciertos factores clave que explican esta falta de competitividad del país entre los que se encuentra en primer lugar, el acceso a la financiación. España es una de las economías más bancarizadas del mundo, donde las empresas son muy dependientes de la financiación tradicional, es decir, de los bancos. El estallido de la burbuja inmobiliaria en EEUU en 2008, afectó de manera agresiva a la economía española, muy dependiente del sector de la construcción. En los siguientes episodios de la crisis financiera global y las consiguientes restricciones del crédito, perjudicaron al país de una manera nunca vista, donde el número de desempleados llega a día de hoy a cifras cercanas a los cinco millones y el paro juvenil se encuentra en el 46,7%. Así, el segundo factor y no menos importante, es la rigidez del mercado laboral, cuyo coste por trabajador es enorme en comparación con economías vecinas de la UE. El Gobierno actual está tomando medidas al respecto y veremos si en un futuro, estas decisiones se transforman en un aumento del empleo, una flexibilización del mercado laboral y no se precarizan demasiado las condiciones de los trabajadores. En tercer lugar, no sorprende encontrarse la burocracia del sector público ocupando este puesto. España es uno de los países que ponen más trabas a la hora de crear empresas. El control de los distintos organismos gubernamentales garantiza la reducción del fraude, sin embargo, no es concebible que en una de las principales economías mundiales, se tarde una media de 47 días en crear una empresa. De hecho, es el país de la UE en el que más tiempo lleva abrir un negocio, mientras que Italia, Portugal, Dinamarca, Hungría y Bélgica tardan menos de seis.

Otros de los factores, no menos importantes que perjudican a la competitividad del país son: la inadecuada educación de la fuerza de trabajo, los tipos impositivos y su regulación.
A continuación observemos el gráfico que compara los diferentes aspectos en los que la economía española difiere de las más avanzadas, así como el ranking que obtiene en cada uno de los pilares fundamentales.


Fuente: World Economic Forum (Global Competitive Index)

A pesar de que la economía española posee ciertas ventajas respecto a sus competidores, está claro que carece de muchas otras, vitales, para competir a nivel mundial y que sin duda necesita mejorar. Un país no sólo puede competir reduciendo costes y menos todavía cuando hay economías emergentes que están creciendo a ritmos espectaculares, donde empresas de países occidentales llevan años deslocalizadas y beneficiándose de los bajos salarios y condiciones preferenciales. Necesitamos mejorar nuestra competitividad y ser una de las economías punteras en innovación, no sólo de procesos, sino de productos. Como explicaba Schumpeter, con el término acuñado “destrucción creadora”, la innovación implica evolución como resultado de, entre otras cosas, la apertura de nuevos mercados y el desarrollo de la organización de la producción. Esto genera una revolución de la estructura económica destruyendo lo antiguo y creando elementos nuevos. Esta definición le viene al pelo a España, donde las empresas necesitan reinventarse para salir del atolladero en el que está medido, llamémosle “concentración excesiva en la construcción” y encaminarse todavía más al nuevo paradigma que se nos plantea.

A continuación adjuntamos una tabla sobre la capacidad de innovación de 138 países. La puntuación se sitúa entre 1 (adquisición de licencias o imitación) y 7 (investigación formal y pioneros en introducir nuevos productos y procesos).



Innovar es crear algo nuevo para dar respuesta a una demanda, latente o no, con el fin de adaptarse a las necesidades del mercado e intentar obtener una ventaja competitiva con respecto a tus competidores. Además presenta muchas más ventajas que inconvenientes, a pesar del riesgo que conlleva por la incertidumbre de la tarea.
Así, según estudios estadísticos del Innobarometer, realizados a un elevado número de empresas en la UE después de haber innovado, los principales efectos positivos son: mejoras en el acceso a la información, mejora en la satisfacción, mejora en la consecución de objetivos, mayor rapidez en la prestación de servicios, etc.


Fuente: Innobarometer

Por otra parte, el 66% de las empresas encuestadas, afirman que la innovación no presenta aspectos negativos.
En este estudio, las principales barreras, de mayor a menor, que presenta la innovación según los encuestados son: la falta de recursos humanos y financieros suficientes, problemas en la regulación, falta de apoyo de los directivos, falta de iniciativa por parte del staff, etc.



Fuente: Innobarometer
De hecho, si nos centramos en nuestro país, un 38% de los encuestados le da una importancia máxima a la falta de apoyo por parte de la directiva a la hora de introducir innovaciones en la empresa. Este es un dato significativo, ya que en países como Alemania esta cifra es de un 10% y en Finlandia o Suecia es del 16,8% y 12,9%, respectivamente. Además, hay una correlación positiva entre los países que menos gastan en I+D y los que afirman en un porcentaje más alto, que la falta de apoyo de sus jefes es una de las barreras más importantes a la hora de introducir cambios. Esto puede ser debido a la falta de cultura en innovación, si bien es cierto, que la mayoría de estos países son los llamados “periféricos” y sus problemas de endeudamiento

están frenando el gasto, no sólo en I+D, sino en muchos otros ámbitos.
Cambiar la cultura directiva no es fácil y lleva tiempo, pero se puede ir corrigiendo poco a poco, tratando de incentivar el gasto en innovación mediante beneficios fiscales que llamen la atención del empresario. Esta clase de medidas incrementan su relevancia en un contexto de subida de impuestos y recorte del gasto público. Es por esto que creemos importante mencionar lo que se entiende por I+D+i y cuáles son las deducciones que se pueden aplicar en cada caso:
• Investigación: Indagación original y planificada que persiga descubrir nuevos conocimientos y una superior comprensión en el ámbito científico y tecnológico
Art. 35 .1.a) TRLIS
• Desarrollo: Aplicación de los resultados de la investigación (…) para la fabricación de nuevos materiales o productos o para el diseño de nuevos procesos o sistemas de producción, así como para la mejora tecnológica sustancial de materiales, productos, procesos y sistemas preexistentes
Art. 35 .1.a) TRLIS
• Innovación tecnológica: Actividad cuyo resultado sea un avance tecnológico en la obtención de nuevos productos o procesos de producción o mejoras sustanciales de los ya existentes. Se considerarán nuevos aquellos productos o procesos cuyas características o aplicaciones, desde el punto de vista tecnológico, difieran sustancialmente de las existentes con anterioridad
Art. 35 .2.a) TRLIS



(1) Bienes afectos exclusivamente a I+D. Excluidos inmuebles y terrenos
*La ley 2/2011, de 4 de marzo, de economía sostenible, aumenta el % de deducción fiscal por actividades de innovación del 8 al 12 %, y aumenta el límite de la cuota íntegra sobre la que aplicar la deducción fiscal generada, para ejercicios fiscales que comiencen posteriormente a la entrada en vigor de la Ley.”
En el siguiente enlace se puede obtener más información acerca de las deducciones fiscales, así como de la naturaleza de los gastos que se pueden afectar a las actividades de I+D+i:


http://noticias.juridicas.com/base_datos/Fiscal/rdleg4-2004.t6.html#a35

Es innegable que en nuestro país, gozamos en exceso de titulados universitarios y muchos de ellos como investigadores, ingenieros, médicos, etc., tienen que marcharse al extranjero por falta de fondos gubernamentales y de inversión en I+D por parte de las empresas.
Creemos que el mercado necesita también buenos y cualificados profesionales. La elevada tasa de fracaso y abandono escolar, dicen muy poco del sistema educativo del país. Aquí también necesitamos mejorar.
Necesitamos que las empresas y la Universidad estén mucho más unidas, ya que es una pieza clave a la hora de adaptarnos a un entorno económico cada vez más dinámico.
Pensamos también que hay cierto “miedo” a la hora de crear empresas por las incertidumbres que ello conlleva. Quizás sería una buena idea implantar asignaturas en todas las carreras, ya sea medicina, magisterio o educación física, de cómo crear empresas y fomentar el espíritu emprendedor. No hay suficiente espacio para tantos funcionarios, con todos los respetos. Esto mismo, es aplicable a todo tipo de estudios, no sólo universitarios e incluso nos atreveríamos a decir que debería empezar en los institutos y colegios.
Deberíamos también eliminar barreras burocráticas a la hora de crear empresas y no ahogar al pequeño empresario con una tributación excesiva, cuando el 99,88% del total son Pymes y dan empleo al 60% de los trabajadores.
Por otro lado, el empleo en España ha estado ligado en las últimas décadas al turismo y a la construcción principalmente y según datos del INE, el mayor número de nuevas empresas creadas se enmarcan en actividades de comercio al por menor, sanitarias y comercio al por mayor con un crecimiento del 8,6%, 23,9% y 5,3%, respectivamente.
El sector de la construcción, ha perdido nada menos que 23.339 empresas (-4,57%) desde 2009 y continúa siendo el sector con mayor destrucción de empresas en términos absolutos.
En términos relativos, la actividad que presenta una menor tasa de creación de empresas corresponde a Investigación y Desarrollo, con un -22,9% desde una tasa neta del -0,13% en 2009.

España como parte de un marco económico como la UE, donde hay países cuyo grado de innovación es de los más elevados del mundo, debería fomentar estas prácticas y no sólo aprender de sus vecinos, sino incrementar su potencial investigador y evitar una fuga masiva de “cerebros” como la que se está dando. Todavía estamos a tiempo de mejorar, es más, es imprescindible mejorar y ofrecer servicios cada vez más innovadores y eficientes. En un contexto de creciente globalización y apertura de mercados, las necesidades se incrementan y si no sabemos dar respuesta a los nuevos retos que se nos presentan, estamos condenados a estar rezagados y otra potencia, posiblemente emergente, ocupará el papel que podríamos desempeñar en un futuro. Es un momento difícil para aumentar el gasto en I+D, pero es en estas circunstancias cuando de verdad salen verdaderos proyectos que posicionarán a las empresas con una ventaja competitiva superior a la de sus rivales.
Desde Aspain 11, animamos tanto a Pymes como a grandes corporaciones, a seguir mejorando en este aspecto, sin duda clave para la regeneración de nuestra economía e imprescindible para adaptarnos a los nuevos cambios de una economía global. Incentivemos las subvenciones para mejorar nuestro tejido productivo con inversiones en I+D, y cojamos conciencia social que somos capaces. Todo depende de nosotros mismos y seamos autocríticos para fomentar el empleo y ser competitivos con nuestros países vecinos.