Con las elecciones francesas se ha despejado uno de los escollos que tenía Europa para este año. El hecho de que haya salido Macron elegido, dicen los expertos, es una buena noticia para Europa aunque ésta se puede dar la vuelta y perjudicar más que beneficiar. Pero no es lo único que tenemos en el horizonte.

El año comenzó de nuevo pendiente de los procesos electorales en Europa, especialmente el de Francia, que podría suponer - cerca de un año después del Brexit – una nueva ruptura de la Unión Europea y comprometer el estado de la Unión. De hecho, una semana antes de las elecciones,  un posible pacto entre Le Pen y Mélenchon reflejada en las encuestas puso nerviosos a los inversores y suponer, tal y como analizó UBS, una caída del 35% en las bolsas europeas.  De nuevo, y por suerte para Europa – dicen los expertos – la encuestas fallaron y fue Macron el que tomó la delantera. ¿La respuesta? Los mercados volvieron a máximos de una década.

Sin embargo, lo que a priori parece positivo, podría darse la vuelta si pensamos que “es un político joven, sin experiencia y que se encuentra en  Francia una economía que crece por debajo del resto de economías europeas, un mercado laboral muy rígido, administración absolutamente sobredimensionada y, aunque ha ganado, no hay que olvidar que Le Pen llegó a un 45% de los votos, lo que demuestra que hay tente descontenta”, en opinión de Victoria Torre, responsable de contenido, productos y servicios de Self Bank.  De hecho, si no ayudan el resto de partidos, tendrá problemas para aprobar las reformas.

Además, todavía está por ver si estas medidas serán suficientes para conseguir una mayoría absoluta en las elecciones legislativas que se celebren el 11 y 18 de junio. Será en esa fecha cuando los votantes franceses elijan a sus 577 representantes en la Asamblea Nacional.  Para ser elegido en la primera vuelta un candidato debe obtener una mayoría absoluta, si nadie lo logra, todos los candidatos con más del 12,5% pasan a la segunda vuelta donde es elegido el candidato con más votos. Sí, de momento hay más optimismo pero tampoco hay que echar las campanas al vuelo.

 

 

Sin embargo, el primer test para testar si el escenario se vuelve más vulnerable o no será el próximo 8 de junio, cuando los ciudadanos británicos vuelvan a las urnas para ratificar la decisión de Theresa May. Y aquí de nuevo, el riesgo está en lo impredecible. Ignacio Martín, profesor del IEB reconoce que “cuando convocas elecciones supone un riesgo importante porque puede ocurrir lo contrario a lo que esperas”. Todo el mundo esperaba que no saliera el Brexit, y salió, y ahora “el mayor riesgo que veo es que Reino Unido se vaya y en dos o tres años los datos macro no se hundan”, explica este experto.  Esto haría que otros países vieran la pertenencia a la Unión Europea como una limitación al crecimiento. Y eso sí podría comprometer la viabilidad de la Eurozona.

Poco después, el día 19, el negociador jefe de la Unión Europea, Michel Barnier, dará el pistoletazo de salida a las negociaciones del Brexit. La victoria de Macron hace que la Unión Europea tenga la sartén por el mango al tiempo que se cuestiona la capacidad negociadora de David Davis, actual ministro del Brexit, que ha sido cuestionado no sólo por Bruselas sino en Círculos internos del propio Partido Conservador.

Cuando todo el debate entre Brexit duro o una negociación algo más “amistosa” tiene que centrarse en tres puntos principalmente: la factura de divorcio de 10.000 millones de euros que Londres se niega a reconocer que dejaría un “agujero” negro en las finanzas de la unión monetaria del euro; el reconocimiento de los derechos a los más de  tres millones de inmigrantes en suelo británico – Bruselas aboga por el reconocimiento de los plenos derechos –  y por último, el futuro de la frontera de Irlanda. Aquí las posturas coinciden en la necesidad de una frontera blanda y sin fricciones para evitar echar por tierra todo el camino avanzado en treinta años.  Desde JP Morgan AM, reconocen que los signos de que Reino Unido pueda conseguir un acuerdo razonable irá a favor de la libra mientras que los temores de que Reino Unido consiga un mal acuerdo, o ningún acuerdo, probablemente provocarán más debilidad de la libra esterlina.  Si esto sucede, las compañías que obtengan la mayor parte de sus ingresos en el extranjero tendrán un comportamiento peor que las que están más centradas en el ámbito doméstico.  La renta variable de gran capitalización de Reino Unido obtiene la mayor parte de sus ingresos del extranjero, mientras la mayoría de los ingresos de las empresas de mediana y pequeña capitalización proceden del Reino Unido. Por eso, aunque el resultado de las elecciones está bastante claro, la perspectiva para la libra y para la rentabilidad relativa de las compañías de gran capitalización, internacionalmente centradas en relación con las pequeñas y medianas empresas centradas en el ámbito nacional, probablemente seguirá siendo muy incierta durante varios años.

Dentro de Europa, el calendario ya nos lleva a septiembre (previsiblemente el día 24) , que será cuando se celebren las elecciones generales en Alemania.  A falta de fecha concreta para los comicios, Merkel ha anunciado que se presentará para un cuarto mandato en el que pondrá a juicio popular su política migratoria, que ha abierto las puertas del país a los refugiados. Parece que Merkel, tras verse respaldada en las elecciones regionales, volverá a ser la dirigente de Alemania, un país que cuenta con una inflación en el 2%, un crecimiento que se ha acelerado entre enero y marzo, el paro en mínimos históricos – tasa del 5,8% - y un superávit comercial a razón de un euro que es encuentra, en opinión de la dirigente germana, demasiado débil.  Quizás son estos riesgos de “sobrecalentamiento” de la economía alemana lo que pueda comprometer la continuidad de Merkel al frente del gobierno, al ser un flanco de debilidad y vulnerabilidad que podría ser explotado por sus rivales.

Pero ¿Y en Estados Unidos?Vea el informe completo pinchando aquí