Uno de los riesgos que la mayoría de casas de análisis dibujaba de cara a este ejercicio 2018 era un error en la política monetaria de los bancos centrales. Con unos mercados “anestesiados” desde 2008 por las medidas ultraexpansivas de las entidades supranacionales, cualquier movimiento en falso en el período de normalización del balance  podría hacer que los mercados se tambalearan y algunas economías entraran en recesión. BCE y FED han marcado en el calendario algunas fechas para reducir su balance. En teoría, el Banco de Japón mantiene sus políticas ultraexpansivas. Pero sólo en teoría.

El mercado de cara a 2018 tiene que estar pendiente de dos variables: la política de los bancos centrales y la inflación. Una depende la otra puesto que actualmente la gran amenazada de los bancos centrales son los precios que, si no llegan al 2% que tienen como objetivo, retrasarán el proceso de retirada de estímulos que han anunciado. Con lo que sí,  generar la inflación es el mayor reto al que se enfrentan los banqueros centrales.

 

 

Previsión Balance de los Bancos Centrales. Fuente: JP Morgan

Un paso en falso, esto es una política de reducción de balance más rápido de lo que está digiriendo el mercado o una subida de tipos que  invierta la curva de tipos de interés, son dos de los riesgos a los que más temen los expertos de cara a este próximo ejercicio 2018. “Los bancos centrales a lo largo de estos años han distorsionado los activos al alza y el gran problema es que los distorsionen a la baja. Y lo harán si la inflación les da alguna excusa”, reconoce José Luis Cava, en su video análisis semanal.

Con lo que, si lo miramos a la inversa. Mientras los bancos centrales mantengan su política monetaria expansiva, las bolsas seguirán subiendo. Sin embargo, tanto FED como BCE han iniciado (o al menos lo han anunciado) su proceso de normalización monetaria. “Es cierto que no han expuesto un programa muy ambicioso de recorte de balance pero al menos han inicado el movimiento. Pero lo de Japón es para morirse”, reconoce Cava.

Si tomamos las declaraciones del presidente del BoJ, Haruiko Kuroda, hace unos días lo cierto es que no todo es lo que parece. De hecho, el mandatario del banco central dijo que mantendrán  pacientemente  la política monetaria ultraexpansiva aunque la economía se estuviera expandiendo.

Afirmó que la mentalidad deflacionaria – el gran reto de su economía en los últimos diez años – no está desapareciendo fácilmente. El pasado 20 de diciembre, el Banco de Japón mantuvo la tasa de interés a corto plazo en el -0,1% y el objetivo de que el rendimiento de los bonos se mantenga ligeramente por encima del 0%. Y reitera, al igual que el resto de banqueros centrales, “que el objetivo más importante es alcanzar el objetivo de inflación del 2% lo más pronto posible”.

Leyendo esto, no parece que la normalización de la política monetaria esté cerca. Pero si echamos un vistazo a los datos del balance, no se aprecia lo mismo. El pasado viernes el Banco de Japón anunció que reducía el QQE en 39000 millones desde finales de noviembre, algo que no había pasado desde finales de 2012, cuando se diseñaron los Abenomics.

Si tenemos en cuenta la variación mensual del balance, es negativa, con lo que se aprecia que el Banco de Japón ha retirado dinero del sistema.

 

 

Y si vemos la tasa de cambio, se evidencia que Japón ha comenzado su Tapering.

 

 

“Y las bolsas desmadradas al alza con lo que tenemos a tres banqueros centrales que dicen unas cosas y hacen otras. Los tres se están confiando porque están viendo recuperación económica”, explica Cava.

Este es el motivo por el que no cabe esperar una fuerte subida de las bolsas para este ejercicio. El potencial alcista será más limitado que lo que la mayor parte de los inversores cree. Y, por primera vez desde 2008, la rentabilidad de las notas a 2 años ha superado la rentabilidad por dividendo del S&P500.