En primer lugar, centrándonos en Estados Unidos, creemos que en relación al endurecimiento de la política monetaria, la Fed está dispuesta a hacer sus actas lo más claras posible. El banco no quiere llevar a cabo los ajustes demasiado tarde – para evitar tener que aumentar el ritmo de subidas de tipos luego con el objetivo de mantener la estabilidad financiera- ni quiere tomar medidas antes de tiempo.

 Todavía necesitamos aclarar si la desaceleración de principios de 2015 era puramente técnica. La inflación, medida por el índice general de gastos en consumo personal, es aún baja y determinados aspectos como la reciente revalorización del dólar y la crisis griega, sugieren que todavía hay que mantenerse alerta. Creemos que la Fed comenzará la subida de tipos en septiembre y luego los incrementarán unos 100 puntos básicos cada año. El debate se ha centrado en el impacto que el ajuste monetario podría tener en los mercados financieros. Aunque es difícil prejuzgarlo de antemano, pensamos que el cambio en la política monetaria ha sido suficientemente bien anunciado con la intención de limitar el daño a los mercados. Sin embargo, el panorama cambiaría radicalmente si la presión inflacionista resurgiera. Por tanto, debemos mantener una estrecha vigilancia sobre el impulso de los salarios en Estados Unidos, ya que hay signos incipientes de subidas debido a que el país se acerca al pleno empleo. En otras palabras, este riesgo está ahora de forma clara en el radar de los inversores.

En nuestra opinión, la volatilidad del mercado de bonos y los primeros movimientos al alza en los rendimientos europeos proceden de consideraciones técnicas y fundamentales. A principios de 2015, la mayoría de los inversores pensaban que la zona euro estaba lidiando con la deflación, pero; sin embargo, la recuperación y el programa de Quantitative Easing ayudaron a los precios y las expectativas inflacionistas cambiaron de dirección.

En este contexto, es lógico que se haya producido un aumento en los rendimientos de los bonos – los mercados estaban caros y las primas bajas, los tipos de interés eran extremadamente bajos y las expectativas de crecimiento estaban siendo revisadas al alza. A pesar de ello, el aumento de las tipos reales nos parece excesivo dados los fundamentales. Desde finales de 2013, el Bund se ha convertido en el bono de referencia en el mercado de deuda habida cuenta de que el BCE redujo los tipos, llevó los tipos de depósito a territorio negativo y posteriormente marcó el comienzo del QE al mismo tiempo que la Fed liquidaba gradualmente su programa de compra de activos. Este paradigma podría cambiar a finales de 2015. Nos espera un futuro incierto y sorpresas por parte de la Fed, que depende de nuevo de los datos, mientras que la visibilidad de las acciones del BCE durará por lo menos un año. Mario Draghi ya ha recordado a los inversores que tiene la intención de mantener el QE hasta el final inicialmente previsto, al menos hasta septiembre de 2016.

Con una política tan acomodaticia por parte del BCE, bajas tasas de impago y los inversores buscando rentabilidad, el mercado de renta fija privada ofrece oportunidades de inversión, pero esencialmente en los segmentos de menor calificación. Por otra parte, el panorama económico que está mejorando en Europa también debería ayudar a estos bonos ya que unos mejores fundamentales frenarán las tasas de impago y estrecharán los diferenciales de crédito. El riesgo de duración todavía tiene que ser gestionado de forma activa ya que el entorno seguirá siendo volátil. Como resultado de la reciente corrección en el mercado alemán de bonos, de la existencia de un ciclo más maduro en EE.UU. y de las políticas monetarias divergentes, los bonos de Estados Unidos todavía parecen más arriesgados para nosotros que la deuda soberana europea.

Philippe Uzan, Director de Inversiones en Edmond de Rothschild AM (France)