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En 2024, la científica Sara García Alonso señalaba que la creatividad le había permitido lograr avances precisamente por hacer las cosas de forma distinta. Su reflexión es especialmente relevante en un contexto empresarial donde, paradójicamente, la estandarización sigue dominando muchos procesos clave. Y aquí surge una pregunta incómoda: ¿hasta qué punto las organizaciones están aprovechando realmente la creatividad en la gestión del talento?

En el ámbito de Recursos Humanos, durante años se ha priorizado la eficiencia operativa, la profesionalización de Recursos Humanos, la homogeneización de procesos y la reducción de la incertidumbre teniendo como base KPIs retrospectivos que permitan aprender de lo sucedido. Sin embargo, en un entorno marcado por la complejidad y el cambio constante, estas mismas lógicas pueden no ser suficientes para estar al nivel que el cambio exige.

La diferenciación ya no proviene únicamente de atraer talento, sino de cómo se activa, se conecta y se desafía dentro de las empresas. De este modo las áreas de Recursos Humanos deben rediseñar sus estrategias según las directrices marcadas en la organización que acompaña, siendo un fiel impulsor que acompaña en decisiones, que se anticipa, que soluciona problemas complejos.

Cada vez es más evidente que el área de People & Culture no pueda limitarse a acompañar la estrategia: debe formar parte de su definición. Esto implica asumir un rol más vinculante al negocio, pero también más incómodo, donde cuestionar, experimentar y rediseñar modelos organizativos se vuelve imprescindible.

En este contexto, la creatividaddeja de ser un concepto aspiracional para convertirse en una capacidad crítica. No como elemento aislado, sino como parte de un enfoque más amplio: pensamiento sistémico, mejora continua y orientación a impacto. Algunas organizaciones ya están avanzando en esta dirección, integrando la gestión del talento en el núcleo de sus decisiones estratégicas. No como un discurso, sino como una palanca real de competitividad y transformación.

Sin embargo, el reto sigue existiendo: pasar de áreas de Recursos Humanos de soporte que trabajan en función de unidades productivas, a pasar a modelos estratégicos de talento, que con su propia metodología generen valor en la gestión de personas.
Porque, igual que en la ciencia, avanzar no siempre consiste en hacer mejor lo que ya sabemos, sino en atreverse a hacerlo diferente para alcanzar resultados extraordinarios.