Las nuevas tecnologías y las deficiencias en la gestión destapadas tras la crisis financiera de 2008 dejan hoy un escenario totalmente diferente para el negocio de la distribución de fondos de inversión.

Gestión de fondos. La industria de la gestión de fondos afronta un nuevo escenario.

No podría entenderse el siglo XXI sin las nuevas tecnologías. En poco más de 10 años, han revolucionado todos y cada uno de nuestra entorno social y económico. El mundo financiero no iba a ser una excepción, y también ha sufrido muchas transformaciones en los últimos años. Una revolución que se ha solapado con la brutal crisis financiera iniciada en 2008 en que afloraron múltiples deficiencias de gestión y control de los riesgos en muchas entidades financieras e intermediarios del ahorro.

Estas dos fuerzas de cambio han propiciado un escenario completamente diferente en el negocio de la distribución de fondos. Con la proliferación de los sistemas de comercialización a través de internet, se han generado diversos modelos de negocio Fintech.

Estas startup permiten que cualquier inversor, grande o pequeño, pueda participar en el mundo de la inversión financiera de una manera mucho más fácil, rápida y barata. Acabar con los intermediadores les permite hacer cualquier tipo de operación de una forma más rápida, pero, sobre todo, al reducir burocracia y personal, pueden abaratar el precio de las comisiones y jugar con precios muy competentes.

Pero las Fintech no son las únicas responsables de este cambio. La nueva directiva europea MiFid II también tiene un papel relevante en la génesis de este nuevo ecosistema. Como explica Martín Huete, cofundador de Finnizens, “tras la crisis financiera, la pérdida de confianza hacia los bancos ha sido profunda, existe una demanda real de nuevas entidades: modernas, transparentes, respetuosas y alineadas con los intereses de sus clientes”. Esta búsqueda ha llegado hasta la UE que, tras los abusos a los inversores, ha decidido regular estrictamente el mercado”.

¿Qué está haciendo la banca, el gran dominador de la distribución de fondos, ante esta revolución? Desde un primer momento han optado por mantener su status quo.  Un ejemplo es el caso de ‘BME Fondos’, una de tantas plataformas en las que se pueden encontrar fondos de cualquier entidad bancaria, independientes o mixtas. Bolsas y Mercados Españoles lanzó en 2017 este servicio, cuyo objetivo principal era permitir al inversor, sobre todo al pequeño, acceder a cualquier tipo de fondo de inversión de una manera más directa y con una oferta mucho más amplia. Desde el primer momento, y por motivos evidentes, las entidades bancarias nacionales dieron la espalda a esta plataforma, pero, las gestoras internacionales independientes, que en principio parecían interesadas en el proyecto, finalmente han acabado desestimándola. ‘BME Fondos’ se encuentra en la misma situación que hace dos años: completamente paralizada y sin ningún fondo.

En este fracaso también ha tenido algo que ver la implantación del MiFid II, que precisamente ha sido el golpe final que ha provocado el despertar del sector financiero tradicional. La norma, obliga a las gestoras de producto exclusivo a incluir fondos a terceros, así como un paquete de requisitos que buscan la transparencia completa. Esto supone, en gran parte, una pérdida del valor diferencial de la plataforma de BME que, junto a los requisitos y costes requeridos para entrar en ella, podrían explicar la poca acogida de la iniciativa.  BME ha declinado detallar los motivos de la evolución de su plataforma de fondos.

 

Gestores internacionales reunidos en un encuentro en ROMA

 

El objetivo de la directiva europea es garantizar la protección del inversor convirtiendo el negocio en un proceso más transparente y con más limitaciones. Lo más relevante de la nueva regulación es el punto en el que se prohíben los incentivos, las retrocesiones, para las gestoras independientes. Las gestoras dependientes también se ven influenciadas porque deben detallar sus intereses y su negocio vinculado de forma detallada a sus clientes. Como explica la directora general de Tressis, Sonsoles SantaMaría, “la nueva directiva comunitaria ha supuesto un cambio de modelo de negocio y de la forma de distribuir fondos”. Desde su punto de vista, los más perjudicados son las gestoras dependientes porque “la norma exige una oferta mínima del 25% de fondos de terceros, por lo que aquellas entidades con modelos de producto propio exclusivamente han tenido que trabajar mucho más en la incorporación de fondos de terceros”

Esta circunstancia, unida al hecho del empuje de la gestión pasiva, está provocando una bajada de las comisiones de gestión y los distribuidores independientes están cobrando directamente a los clientes por el servicio. Todo ello influye también en los procesos de venta, que están teniendo que afinarse cada vez más para generar más valor añadido en su actividad y así justificar esos costes que ahora son completamente visibles para el inversor.

Por ello, Patricia Mata, directora de imdi funds (Intermoney), afirma que “este aumento de la exigencia sitúa en una posición de ventaja a las gestoras independientes cuyas principales armas son la calidad de gestión, la alineación de intereses con el partícipe y el servicio excelente”. Tressis añade que “se ha producido un cambio cultural muy importante en el asesoramiento al cliente” en cuanto a información y transparencia se refiere.

Según Mutuactivos, la gestora de la Mutua Madrileña, gracias a Mifid II se están generalizando los modelos de servicios y productos de cobro explícito como la gestión discrecional y los fondos de fondos, que son los grandes beneficiados. Afirman que “es una tendencia que continuará acentuándose”.  Y es que, si algo está claro es que el sector está cambiando y los bancos tradicionales se están viendo obligado a reinventarse para no quedarse atrás en un mercado que comienza a premiar a los mejor adaptados al mundo de las nuevas tecnologías, la información continua y la transparencia.  “Uno de los efectos colaterales más beneficiosos de esta mayor transparencia e información a disposición del cliente es la mayor sensibilidad de éste hacia el valor añadido aportado con respecto a su ahorro, esto es, como de bien lo ha hecho el gestor con respecto a los objetivos marcados, incluyendo, por supuesto, todos los costes relacionados”, añade Mata desde Intermoney.

La gran mayoría de los actores tradicionales están potenciando sus servicios digitales, según la patronal de la industria de fondos, Inverco, y muchos de ellos están lanzando propuestas de asesoramiento independiente. En este panorama emergente, las Finctech, debido a su naturaleza disruptiva, parecen encontrarse en una situación privilegiada. Sin embargo, se enfrentan a un rival que cuando se ve forzado a afinar sus armas ante la competencia, lo hace y con solidez. No olvidemos también el proverbial miedo al riesgo y a lo novedoso de todo ahorrador, y más del inversor español. La capacidad de distribución de la banca es enorme y no va a renunciar a jugar sus bazas.

De hecho, los resultados en la penetración de las Fintech no son tan positivos como se esperaban, según refleja el informe ‘Mas allá del Fintech’ elaborado por el World Economic Forum y Delolitte en el que se sostiene que estas startup han fallado en romper las reglas establecidas en el mercado porque para el cliente muchas veces el coste no está justificado y porque no han tenido éxito en la creación de vías de pago alternativas. Sin embargo, han sentado las bases y han ayudado a despertar del sueño a las firmas financieras tradicionales.

¿Qué pasará a partir de ahora? ¿Quién se comerá a quién? Si en algo coinciden todas las fuentes consultadas es en este punto: el futuro será la coexistencia de éstas y todas las opciones. Por ejemplo, desde Inverco creen que “la distribución de fondos implica asesoramiento, lo que conlleva un valor añadido respecto a la mera creación de carteras on-line” por lo que “probablemente muchos seguirán prefiriendo adquirir sus fondos como hasta ahora”.