El cambio climático es ya una prioridad para muchos inversores. Según el último informe sobre inversión sostenible en EE. UU., publicado en octubre de 2018, el cambio climático es la temática que concentra una mayor proporción dentro de las estrategias de inversión en base a criterios Ambientales, Sociales y Gubernamentales (ASG). Un factor clave para atraer el interés de los inversores contra el cambio climático han sido los esfuerzos políticos durante más de 25 años. Hoy en día existen más de 1.500 textos legislativos vigentes sobre este asunto en todo el mundo.

En agosto de 2015, poco después de la firma del Acuerdo de París, Francia fue el primer país en recoger dentro de su regulación la obligación de los inversores institucionales de realizar un reporte sobre cambio climático, incluido dentro del artículo 173 de su ley sobre “Transición energética para un crecimiento verde”. En California se llevaron a cabo medidas similares el pasado mes de septiembre de 2018, cuando el Estado aprobó la obligación para que los fondos de pensiones de profesores y otros funcionarios de California (CalSTRS y CalPERS respectivamente por sus siglas en inglés) identificaran los riesgos climáticos en sus carteras y que los reportaran cada tres años, tanto al público como a la legislatura, indicando su nivel de riesgo.

Si analizamos el cambio climático desde el punto de vista de la inversión, hay que señalar la importancia del compromiso de los inversores porque supone una oportunidad para influenciar directamente en el comportamiento de las compañías. El programa de engagement de UBS AM combina las recomendaciones del Cuerpo especial para la transparencia financiera en relación con el cambio climático (TFCD por sus siglas en inglés), del que es miembro, con las conclusiones de los documentos sobre las expectativas para los sectores a los que nos dirigimos, elaboradas por el Grupo de inversores institucionales en materia de cambio climático (IIGCC por sus siglas en inglés).

En este sentido, UBS AM busca una mejora de la gobernanza, la gestión del riesgo, el posicionamiento estratégico, los objetivos y métricas, así como de la estrategia de transparencia en general. También se busca un compromiso con programas colaborativos alineados a los objetivos de la organización, como Climate Action 100+, una iniciativa global en la que participan más de 300 inversores con una cartera de activos bajo gestión superiores a los 300 billones de dólares. Asimismo, alineamos nuestros compromisos en temas de cambio climático con nuestras políticas de voto de forma que apoyemos las resoluciones climáticas consistentes con los intereses a largo plazo de los accionistas.

La principal área de acción es el sector energético, identificada mediante el uso de una estrategia propia denominada Climate Aware. Este es un sistema basado en reglas que incluye el uso de un marco de probabilidad para capturar la incertidumbre inherente a la información sobre el carbono, así como un programa de voto y de engagement. De esta forma se identifican empresas con las que colaborar, así como áreas específicas de mejora.

Estas acciones de engagement han permitido obtener una serie de conclusiones. Por ejemplo, las compañías del sector de los carburantes están en etapas tempranas de concienciación sobre las implicaciones de su actividad, y solo unas pocas han sido capaces de articular acciones futuras en términos de modelo de negocio. Algunas están diversificando una pequeña parte de su flujo de caja mediante nuevas líneas de negocio.

Por otra parte, muchas eléctricas, especialmente en EE. UU., están retirando del funcionamiento las plantas de carbón, y en ocasiones reemplazándolas por gas natural, mientras que otras tienen planes más ambiciosos en energías renovables. En Europa, algunas compañías no tienen por el momento mayor ambición que las obligaciones regulatorias y de atracción de la inversión, y las actividades de lobby para retirar el carbón son opacas.

Claramente, el cambio climático es uno de los problemas globales para los que los inversores demandan una solución de manera más urgente. Hay formas para que los inversores, incluso aquellos que entran en contacto con la problemática del cambio climático por primera vez, aprendan de las estrategias existentes con el fin de gestionar su exposición dentro de su perfil de riesgo. Por último, tanto los gestores de activos como los propietarios de los mismos tienen capacidad para encauzar un cambio positivo a largo plazo si se comprometen con compañías con modelos de negocio y actividades económicas con impacto en la transición climática.