MADRID, 20 FEB. (Bolsamania.com/BMS) .- Con “nocturnidad y alevosía”, como aquel que dice, opina Paul B. Farrell, columnista de MarketWatch, es como llegan los crash bursátiles. ¿Por qué no los vemos venir? Es la duda clave que asalta a este experto de nuevo, como ya decíamos ayer miércoles, al calor de las analogías que se han establecido en torno al patrón del mercado en 1929 y en el presente 2014. “El crash del 29 nos llevó a la Gran Depresión. En marzo de 2000, advertimos: '¿Cuándo se producirá el próximo? Lo sentimos, no lo oirán llegar'. Pocos nos escucharon. La fiebre puntocom de los 90 llevó a Wall Street a perder 8 billones de dólares entre 2000 y 2003. Nada cambió. Otra 'ronda' de alarmas saltó entre 2004 y 2008. Pocos escucharon. Y se produjo un nuevo desplome en el que la renta variable estadounidense se dejó 10 billones”, rememora.

En un pasado no tan lejano, “durante 2013, los gurús advirtieron cuán malo era realmente el mercado. Luego, en diciembre, The Wall Street Journal publicó que tras 13 años en territorio negativo, la 'Década Pérdida de Wall Street' (2000-2013) había llegado a su fin al alcanzarse el punto de equilibrio (break even) en base ajustada a la inflación. Pero ante el temor a que se repita lo sucedido en 1929, el sentimiento inversor se tornó negativo en las vacaciones. Y aquí estamos, con el miedo en el cuerpo una vez más”, y peor aún: esta preocupación va por dentro, el consenso repite constantemente que nada va a pasar, pero lo cierto es que en su interior hay algo que le hace estar intranquilo, explica Farrell. Seguidamente afirma tajante: “Nunca confíe en el consenso. Recuerda las conclusiones de los investigadores Brad Barber y Terry Odean, la mayor parte de los traders pierden el dinero el 80% del tiempo”.

Desde principios del año pasado, ciclos, tendencia, patrones, gráficos... se han comportado “de forma salvaje, imprevisible e irracional”: antes de Halloween, tras un primer semestre de predicciones pesimistas, “hablamos de 2014, 'el año del boom, apueste por los alcistas ahora' (…) en vísperas de Acción de Gracias, hicimos referencia al crash de 2004 que nunca ocurrió” y hablaron del “rugido de los 'toros' (bulls o alcistas en inglés). Poco después, a comienzos de diciembre, “esta fuerte energía positiva se aceleró (…) los inversores estaban en las nubes, con los más optimistas soñando con más retornos del 22% para el nuevo año”. Pero, en las jornadas previas a la Navidad el sentimiento bajista hizo acto de presencia: “Bill Gross habló de la 'Supernova de crédito'; Nouriel Roubini de la 'Tormenta perfecta'; Peter Schiff duplicó sus apuestas bajistas”... Muchas advertencias sí, reconoce, Farrell, “que nadie escuchó (nosotros sí) y es que mientras alcistas y bajistas pelean, contradiciéndose, se neutralizan los mensajes. Así vemos como ignorando crash tras crash los inversores caen en la negación, hasta que es demasiado tarde. ¿Por qué? Porque les gusta jugar a las sillas musicales. Saben que habrá un techo, pero no cuándo, por lo que continúan apostando convencidos de que conseguirán salir a tiempo”.

Una y otra vez se descartan las advertencias de un desplome (“sólo estamos ante una corrección temporal” dicen muchos), poco a poco “nos adormecen sobre lo inevitable y olvidamos las lecciones que nos ha dejado la Historia, hasta que llega la gran sorpresa (…) Como un ladrón en la noche, el crash nos golpea y nos despierta bruscamente (…) Un momento estamos felices jugando en nuestras sillas musicales, convencidos de que podemos ganar algo más, de que sabemos cuándo, dónde y cómo salir, y al siguiente el ladrón nos ataca (…) e incluso entonces podemos caer en la negación. Tanto el optimismo, como el pesimismo, están en nuestro interior. Mientras las alertas tempranas llegan desde fuera. Pero nuestros cerebros que deben elegir entre ambos invariablemente borran la información” que no les gusta, que les lleva la contraria, argumenta el columnista de Market Watch.

¿Cómo se predice un crash entonces? “El secreto está programado en su cerebro, sus genes, su perfil psicológico personal. Usted hará lo que siempre hace. Mirar en su interior. Seguir jugando su versión particular de las sillas naturales, ya sea alcista o bajista. Calcular su salida ajustada a su tolerancia al riesgo, sus juicios, creencias, ideología... no a los datos... Sí, leera nuevas advertencias (…) podrá seguirlas o ignorarlas, quizá hacerles caso parcialmente (…) Y de nuevo hará lo que siempre hace (…) y cuando llegue el crash nada de esto importará, porque no lo habremos oído llegar hasta que ya sea demasiado tarde”, concluye.

De momento, la renta variable del Viejo Continente se mantiene en stand by y el cierre de hoy jueves es mixto: ligeramente positivo para el Cac, y levemente negativo para Dax y Euro Stoxx. Por su parte, el Ibex 35 se ha anotado un 0,08%, hasta los 10.062,20 puntos. “Las especulaciones en torno a la posibilidad de que la Fed suba los tipos de interés han disgustado al mercado”, explica Franz Weis a Bloomberg. “Pero lo que realmente está detrás de la debilidad es la situación económica. Además, las perspectivas de beneficios empresariales tampoco están siendo suficiente para la renta variable, que quiere seguir sostenida por políticas monetarias acomodaticias”.

Sara Carbonell

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