Alrededor de 1,5 millones de hombres sufren de incontinencia urinaria en España, según el Observatorio Nacional de la Incontinencia (ONI). El 41,4% de los afectados asocia esta patología a la edad y por este motivo, la gran mayoría asume esta disfunción como algo normal con lo que tendrá que convivir día a día, sin saber que existen diversas soluciones para mejorar su calidad de vida.[1]

La incontinencia urinaria es la pérdida del control de la vejiga y sus síntomas pueden variar desde un leve escape de orina hasta la incontinencia total. Esta patología afecta en gran medida a la calidad de vida de las personas que la sufren y así lo afirma el 64% de los afectados en España. Estos aseguran que la incontinencia urinaria no solo limita su vida social y laboral, sino que también les perjudica a nivel psicológico. Las principales razones son la vergüenza a admitir su problema y el miedo a sufrir escapes repentinos en público, afectando gravemente a su autoestima. Algunos expertos aseguran que en ciertos casos la incontinencia urinaria incluso puede llegar a provocar ansiedad o depresión. Tanto es así, que un 86% de la población afectada teme al rechazo social y limita deliberadamente por este motivo sus actividades públicas.

Los datos del ONI ponen de relevancia que la problemática de la incontinencia urinaria afecta de forma distinta a hombres y mujeres. Mientras que la población femenina trata y asume la incontinencia urinaria de manera mucho más natural (las mujeres hablan entre ellas del tema y lo consultan más habitualmente con su médico), los hombres perciben esta enfermedad como un tema mucho más tabú que mina en mayor medida su autoestima, al ser más difícil de disimular.

La vergüenza y la baja tasa de consultas fomentan el desconocimiento sobre las posibles soluciones que existen frente a esta disfunción urinaria. Por este motivo, los especialistas destacan que, a pesar de ser una disfunción muy común entre la población mundial, ninguna persona debería sufrir por esta condición y que existen tratamientos para ello.

Recuperar la calidad de vida

Gracias a un diagnóstico adecuado y a un tratamiento dirigido, los pacientes que sufren de incontinencia urinaria pueden conseguir una mejoría e incluso la curación del problema.

En la mayoría de los casos ni siquiera es necesario un ingreso hospitalario. Las mallas o cabestrillos quirúrgicos, que cuentan con un 90% de efectividad, ayudan a reposicionar la uretra permitiendo recuperar el control de la vejiga. Además, también existe la posibilidad de insertar un esfínter urinario artificial para paliar este problema. Este se compone de un manguito ajustado alrededor de la uretra, un balón reservorio y una bomba colocada en el escroto. En definitiva, se trata de un dispositivo con un mecanismo muy sencillo que permite retener la orina y controlar su expulsión.

Hoy en día existen técnicas muy seguras y poco invasivas que ayudan a los pacientes afectados a recobrar el control de su vejiga y a volver a llevar una vida normal. Para los varones, sufrir este problema supone grandes daños en su autoestima y los especialistas podemos, a través del tratamiento adecuado, ayudarles a paliar este problema”, señala el Dr. Juan Ignacio Martínez‐Salamanca, del Hospital Universitario Puerta de Hierro-Majadahonda y del Centro de Urología Médico-Quirúrgico (CUMQ).

[1] Datos del Observatorio Nacional de la Incontinencia