Ni los políticos ni los mercados se ponen de acuerdo sobre si la creación de un fondo para rescatar al sector financiero español es o no una buena noticia.
 Los principales actores del panorama político se mostraron muy satisfechos cuando se cerró el acuerdo el pasado sábado 9, pero pasadas unas jornadas han empezado a aparecer las dudas.  Estas dudas aparecieron en seguida en los mercados financieros. La renta variable abrió con una importante subida, pero conforme avanzaba la sesión se fue dando la vuelta hasta terminar en negativo.

Más claro lo tuvieron los inversores del mercado de renta fija. La euforia apenas duró unos minutos y la rentabilidad del bono a diez años y el diferencial con Alemania empezaron a crecer hasta marcar, con el paso de las jornadas, máximos históricos desde la entrada en vigor del euro.

Pero, ¿en qué consiste dicho rescate? y ¿qué hay detrás? Básicamente se establece un fondo de 100.000 millones de euros que iría destinado a resolver los problemas de las entidades financieras en dificultades y que estaría gestionado por el FROB. Sin embargo no es un dinero a fondo perdido, sino que se tiene que devolver. En principio son las propias entidades financieras las que tienen que hacer frente a este préstamo. Si ellas no pudiesen pasaría al FROB, que tiene el respaldo del Estado.

Los puntos positivos son que se crea un plan para tratar de solucionar el problema del sector financiero en España, que a pesar de los años que llevamos de crisis todavía no se había planteado, quizás creyéndonos eso de que “teníamos el sector bancario más sólido del mundo”, y sobre todo que la financiación va a ser mucho más barata (en el entorno del 3%) que si tuviese que ser el Reino de España el que la pidiese al mercado (en la última subasta, los tipos a un año se han situado prácticamente en el 5%).

Sin embargo también hay una parte negativa. Se aumenta la deuda en circulación del país, pero con la peculiaridad de que en caso de suspensión de pagos, esta deuda sería la primera que se cobraría. De esta forma se va a elevar la deuda pública en circulación hasta el 90% del PIB, una cantidad que queda muy lejos del 60% que es el objetivo marcado por la Unión Europea. El mensaje que se está mandando es que lejos de disminuir la deuda esta aumenta lo que puede obligar a variar las políticas del Gobierno (mayores recortes de gasto público y aumento de ingresos, como por ejemplo a través de la subida del IVA). Viendo que estamos en recesión y que aumenta la deuda pública, el mercado pide cada vez más a la deuda española para permitir seguir financiándonos y así hemos llegado a la situación límite de tener unos tipos a diez años por encima del 7%.

La solución, por un lado pasa por contar con el apoyo de nuestros socios europeos y del BCE para evitar que sea insostenible nuestro nivel de endeudamiento y España precise de un rescate en toda regla o se vea abocada a una suspensión de pagos. Pero por otro lado pasa por reconocer la encrucijada en la que nos encontramos, y que de ella solo se puede salir haciendo reformas económicas y eliminando todo el gasto público superfluo que sea posible. De esta manera se podrán equilibrar las cuentas, y el dinero que reciban los bancos será para sanearse y conseguir que el crédito vuelva a fluir hacia la sociedad, en lugar de financiar al Gobierno mediante la compra de deuda pública, como está sucediendo en la actualidad.