En 1621, Felipe IV formó una expedición con 40.000 hombres al mando del genovés Ambrosio de Spinola con el objetivo de reconquistar la ciudad de Breda. La conquista, con sitio incluido, fue en su época toda una lección de estrategia militar, precisamente en un momento de declive del poderío español. La ciudad capituló el día 5 de junio de 1625...

La rendición, con la entrega de las llaves, fue retratada de forma majestuosa y con un gran respeto a los vencidos por Velázquez a través de uno de sus grandes cuadros: La Rendición de Breda. El éxito fue efímero, tan sólo 12 años después, 1637, los holandeses recuperaron la ciudad definitivamente.
Los días 29 y 30 de junio Mariano Rajoy, con la ayuda táctica del lombardo Monti que llego a amenazar con su dimisión, así como el apoyo básico de Hollande, arrancaron una pírrica victoria a la canciller Angela Merkel y sus acólitos. La reunión en Bruselas, a tan solo 107 kilometros de Breda, se ha tildado de una gran victoria. Sin embargo, la misma puede ser efímera. La gran victoria contempla como puntos básicos: recapitalización directa de la
banca y programa de compra de deuda italiana y española. Ya con menos publicidad se reconoce también la necesidad de políticas de crecimiento para aquellos países con mayores problemas.

Ya veremos, eso sí, de dónde se sacan los recursos, pues tan solo se cuenta con 10.000 millones de euros. Dicen que esta cifra podrá conseguir que el fondo se financie y alcance los
130.000 millones de euros. Por cierto, es en el crecimiento donde más atención y de forma más rotunda debería hacerse. Si las economías no crecen podemos sanear los bancos pero eso
no significa que las unidades refinanciadas sean rentables económicamente.
Además, sin crecimiento el riesgo de incremento de déficit público continuará siendo real. Precisamente después de que el Banco de España diera a conocer la caída del Producto Interior Bruto en el primer trimestre de este año, el ministro de Guindos nos avisa de que las perspectivas son muy débiles para nuestra economía. Esperemos que esta victoria no sea tan efímera como fue la de Breda.

Por otra parte, no solo la imprecisa, vaga y débil actuación futura para el crecimiento arroja una visión de duda, sino que ahora el acuerdo debe pasar por una serie de puntos importantes: ratificación por parte de los miembros, calendario de ayuda y tipo de interés a los bancos, orden de prelación de la ayuda dada a los bancos, supervisión, 31 de septiembre auditoría de cada uno de los bancos para saber la desagregación de los 62.000 millones, instrumentación del puente provisional hasta que sea efectiva la ayuda directa que podría alcanzar los 100.000 millones de euros. Por otra parte, debemos cuestionarnos si el volumen actual de fondos es suficiente como para que, mediante compras de títulos públicos españoles e italianos, se pueda atemperar la crisis de deuda, me da la sensación que sin el concurso del Banco
Central Europeo esto no va a ser posible.

Habrá que leer y escuchar a Mario Draghi quien podrá aclarar y dar más luz en este punto, así como quizá e incluso bajar los tipos de interés. En el momento de escribir este artículo aún no se había reunido el BCE el 5 de julio de 2007.
No me gustaría dejar una sensación amarga. La cumbre en principio puede ser positiva para el interés de España, aún cuando la política de crecimiento y apoyo económico, aparece muy difuminada e imprecisas. Es evidente que la recapitalización directa de los bancos puede romper ese círculo vicioso: deuda-bancos, pero hasta el momento tenemos tan solo un principio de acuerdo que está supeditado a muchas cosas. La cotización del Ibex-35 a pesar
de un mes de junio infernal ha avanzado casi un 10 por ciento. La noticia de la recapitalización de la banca es, en principio, buena para bancos y constructoras, éstas últimas tremendamente
endeudadas, pero no solucionan los problemas. La prima de riesgo española, sin que haya mediado todavía la declaración del BCE, se ha rebajado hasta unos 536 p.b.

Los mercados de deuda parecen estar vigilantes a las palabras y actuaciones del Banco Central Europeo.
La recapitalización de la banca trae consigo la unión bancaria, el BCE será ya no sólo el director de la política económica, sino también el regulador y supervisor de la Banca, por cierto en el Banco Central Europeo España ya no tiene ningún representante. Bonistas y Accionistas deben estar preparados para unas actuaciones más fuertes y decididas que las que hasta el momento han llevado los bancos centrales domésticos, la posibilidad de cierre y liquidación de una entidad es ahora mucho más cierta, aumenta por tanto el riesgo sobre los inversores. Además la intervención conlleva decisiones de cumplimiento obligatorio en el aspecto macro del país de aquellos bancos que reciban ayudas, aún siendo directas.