Hay una nueva clase de bonos en el mundo de la renta fija. Es la conocida como mercado de ‘bonos verdes’, que es diferente y atrevida. Mientras continúa ganando ritmo la tendencia de inversión en ESG (Medio Ambiente, Social y Gobierno Corporativo, por las siglas en inglés de Environmental, Social and Governance), los políticos e inversores están dándose cuenta de la importancia –y los beneficios- de la inversión en bonos verdes.

Evolución del mercado de bonos

Al igual que con cualquier otro bono, los bonos verdes son instrumentos de renta fija que intentan obtener financiación para proyectos nuevos o ya existentes a través de los mercados de deuda de capitales. Habitualmente, el emisor del bono captará una cantidad de capital fija de los inversores durante un periodo de tiempo establecido. Entonces, repagarán el capital con el nivel de pagos de interés acordado hasta el vencimiento del bono. Los bonos verdes no son diferentes, salvo por una excepción: los proyectos tienen en su esencia beneficios medioambientalmente sostenibles.

La inversión ESG y la Inversión Socialmente Responsable existen desde hace algún tiempo, pero el concepto de bono verde es relativamente nuevo. El Banco Mundial y el Banco Europeo de Inversiones (BEI) sembraron las semillas en 2007. El crecimiento fue lento durante los primeros años pero el mensaje al sector privado fue claro. Ahora corresponde a los mercados financieros e instituciones poner su grano de arena en la batalla contra el cambio climático.

El año 2013 fue importante. Las emisiones se dispararon, guiadas principalmente por la emisión de bonos verdes corporativos. Desde entonces, no ha habido marcha atrás. Los grandes inversores institucionales están mostrando interés y el apoyo internacional a los bonos verdes está aumentando. Y la creciente demanda está siendo cubierta, en primer lugar por la emisión por parte de  bancos de bonos verdes para financiar sus propias líneas de crédito sostenibles. Las compañías siempre están buscando maneras de volverse más verdes. Apple Inc es la compañía que ha copado más recientemente los titulares verdes con una emisión de 1.000 millones de dólares, su segunda emisión en los últimos 12 meses.

Pero no solo están implicados los bancos y compañías. Los gobiernos municipales e incluso nacionales se están sumando a la fiesta. En diciembre del año pasado, Polonia emitió sus primeros bonos verdes soberanos. Francia les siguió con una emisión de 7.000 millones de euros en enero –la mayor emisión de bonos verdes hasta la fecha- y Nigeria, Bangladés, Marruecos y Filipinas están preparados para emitir estos bonos durante este año.

De  poder a poder

El mercado de bonos verdes tiene actualmente un tamaño de cerca de 200.000 millones de dólares. Aunque todavía es una parte muy pequeña del universo de renta fija, esta cifra refleja que el crecimiento se ha duplicado anualmente desde 2013. Se espera que la tendencia se reduzca ligeramente este año, aunque Moody’s todavía pronostica la emisión de 120.000 millones. Este crecimiento excepcional es indicativo del creciente reconocimiento de los riesgos climáticos, así como del apetito por estrategias ESG y bonos verdes.

El Acuerdo de París de diciembre de 2015 fue un cimiento clave en el movimiento por los bonos verdes. Firmado por 197 países y ratificado hasta la fecha por 148, el plan de acción global acerca a las naciones a una causa común para emprender esfuerzos ambiciosos a la hora de combatir el cambio climático y adaptarse a sus efectos. La pretensión central es limitar el calentamiento global a menos de dos grados en 2100.

La decisión del presidente de Estados Unidos, Donald Trump, de retirar al país norteamericano del acuerdo indignó a gobiernos y políticos de todo el mundo. Pero mientras que muchos lo han visto como una decepción, la decisión de Trump de apostar en contra de la ciencia y la diplomacia está motivando al sector privado a actuar donde el gobierno está fallando. En las dos semanas posteriores a la decisión de Trump de salir del acuerdo, el mercado respondió emitiendo bonos por valor de 7.200 millones de dólares. Además, Estados Unidos es solo uno de los muchos países que han firmado y el resto del mundo ha aumentado su apoyo al Acuerdo de París.

Los principios de los bonos verdes

Los cuatro principios de los bonos verdes han sido establecidos por la Asociación Internacional de Mercados de Capital. Están diseñados para promover la transparencia e integridad y desarrollo del mercado de bonos verdes y consisten en lo siguiente: (1) empleo de los ingresos; (2) procedimientos de selección y evaluación de proyectos; (3) gestión de los ingresos; (4) presentación de informes.

Medir ‘lo verde’ que es un proyecto no siempre es fácil. A pesar de las buenas intenciones detrás de los principios, la falta de criterios estrictos es preocupante, como lo es el hecho de que no hay un mecanismo de vigilancia posterior a la negociación para asegurar el cumplimiento. La integridad del mercado se ha mantenido firme hasta ahora, pero el riesgo de un ‘lavado verde’ –a través de los cuales se financian proyectos inapropiados con emisiones de bonos verdes- está aumentando.

China, que lideró el camino de los bonos verdes el año pasado, es un buen ejemplo. Una tercera parte de las emisiones no cumplieron con la definición internacionalmente reconocida de ‘verde’. La razón se sustenta en el hecho de que los chinos tienen sus propias normas sobre qué constituye un bono verde: permiten a los emisores emplear hasta un 50% de los ingresos en pagar préstamos bancarios pendientes y en invertir en capital circulante general. A nivel internacional, se espera que al menos el 95% de los ingresos estén relacionados con activos o proyectos verdes.

De todas formas, se están realizando progresos. El Consejo de Estabilidad Financiera (FSB, por la siglas en inglés de Financial Stability Board) ha establecido un equipo de trabajo sobre divulgación climática con la intención de asegurar que las compañías se vuelven más trasparentes respecto a su actividad de negocio en relación al cambio climático. Mientras se desarrolla el mercado, lo harán también las prácticas de la industria y sus estándares.

¿Es verde = reducido?

Las estrategias ESG y bonos verdes no son simplemente un ejercicio de relaciones públicas para hacer que las compañías luzcan bien. Necesitan comportarse bien y ofrecer retornos positivos. Pero, ¿volverse verde significa sacrificar retornos? En pocas palabras, no.

Un metaanálisis reciente1 realizó 2.200 estudios individuales en los que se examinaba la relación entre los criterios ESG y la rentabilidad de las inversiones. Los resultados confirmaron que hay una relación significativa entre las compañías que adoptan los principios ESG y los resultados financieros. La tendencia fue particularmente destacable en Norteamérica, los mercados emergentes y en clases de activo que no son renta variable.

Conclusión: todos ganan

Los mercados financieros pueden ayudar a combatir el cambio climático al cumplir con las la creciente demanda de proyectos con bajas emisiones de carbono en todo el mundo. Las innovadoras herramientas financieras como los bonos verdes están guiando más capital a estos importantes proyectos y seguirán haciéndolo. El mercado todavía está dando sus primeros pasos y con ello aparecen algunos obstáculos, especialmente que es un mercado reducido y, por ello, es más ilíquido en comparación con otros mercados más grandes. Pero unos estándares claros de la industria e información de mercado más consistente acelerarán el uso y disponibilidad de los bonos verdes. En consecuencia, los niveles de liquidez aumentarán, lo que convertirá a los bonos verdes en una opción cada vez más atractiva para invertir. 

Oliver Boulind, Director de Renta Fija Global en Aberdeen Asset Management

1Friede, Busch y Bassen. Patrocinado por Deutsche Asset & Wealth Management Investment y la Escuela de Negocios, Economía y Ciencias Sociales de la Universidad de Hamburgo, 2015.