Añadir Estrategias de Inversión en Google

David Bonilla se define como “un programador que en un momento dado quiso emprender”, alguien que asumió “la parte menos divertida” del negocio: “operaciones, ventas, finanzas y demás”. Resume su carrera como una mezcla de aciertos y errores: “ha habido algunas empresas que han ido bien, otras no tan bien, pero no me puedo quejar”, siempre dentro del ecosistema digital.

Uno de los puntos clave es su relación con el cambio geográfico tras la pandemia. Para él, el Covid no fue una crisis sino una oportunidad: “el Covid fue una oportunidad tanto a nivel profesional como personal”, lo que le permitió trasladarse a Coruña. Esta experiencia conecta con su visión más amplia sobre el trabajo remoto, aunque introduce un matiz importante: “los negocios se hacen cara a cara, dándose la mano”, subrayando la importancia de las relaciones personales frente a la virtualización total.

En cuanto a su motivación actual, Bonilla lo resume de forma sencilla: “me apasiona seguir emprendiendo y seguir aprendiendo”, destacando el papel constante de la tecnología y, especialmente, de la inteligencia artificial. Sobre este tema adopta una postura equilibrada: “yo creo en el punto intermedio”, alejándose tanto del entusiasmo desmedido como del rechazo.

Su actividad en el ámbito de M&A nace de una experiencia personal negativa: “nos dejamos dinero encima de la mesa por no saber, porque nadie te prepara para vender tu empresa”. A partir de ahí construye un enfoque diferencial, centrado en el largo plazo: “pensando más a largo, más a relación, más a cuidado”, en contraste con el modelo tradicional orientado a cerrar transacciones rápidamente. Su trabajo se enfoca especialmente en operaciones pequeñas, un segmento “bastante desatendido”.

Un aspecto fundamental de su labor es la gestión de expectativas: “el primer problema que tienen los empresarios es que no tienen apenas información real y verídica sobre cuánto vale su empresa”. Denuncia el “ruido” del sector y la tendencia a sobrevalorar empresas: “la gente normalmente siempre piensa que su empresa vale mucho más”, lo que genera frustración pero también aprendizaje cuando se explica con transparencia.

Bonilla también critica la falta de formación en aspectos clave del emprendimiento: “no hay nada para eso”, refiriéndose a la preparación para vender una empresa o gestionar patrimonio. Esto refuerza su visión de acompañamiento más humano que puramente financiero.

Otro pilar importante es su newsletter, la Bonilista, que describe como algo orgánico: “tiene vida propia”. Aunque no fue planificada estratégicamente, se convirtió en una base clave para lanzar proyectos: “cualquier cosa que yo monte… los primeros usuarios ya los tengo”. Valora más la calidad que la cantidad: “a mí no me importa tener 150.000 suscriptores si lo abre el 1%”, destacando tasas de apertura cercanas al 60%.

En el ámbito de inversión, explica su participación en un fondo con una filosofía conservadora: “prefiere perder rentabilidad a cambio de ganar liquidez”, apostando por empresas con crecimiento sostenido en lugar de grandes “pelotazos”. 

Sobre la inteligencia artificial y su impacto en el empleo, describe un momento de incertidumbre: “hay una nube gris alrededor del sector”. Señala que el trabajo del programador ya ha cambiado: “nuestro trabajo antes era mucho escribir código y ahora es más comprobar que lo que se escribe está bien”, pero advierte contra expectativas irreales: “si tu modelo de negocio se basa en que le puedes dar a un botón… estás muerto”.

Finalmente, cierra con una reflexión vital que resume su filosofía personal: “intente disfrutar del día a día”. Más allá de negocios o tecnología, pone el foco en las personas: “lo que me importa es disfrutar del camino y de la gente que me acompaña”. Y deja una recomendación clara en un mundo post-Covid: “que se vea más, que se tome cafés… y que cultiven las relaciones”.