El precio del petróleo podría seguir subiendo en las próximas semanas debido a la tensión geopolítica actual, especialmente por el conflicto en Irán, que ha convertido al barril en uno de los principales indicadores de la crisis. Aunque la Agencia Internacional de la Energía y los países del G7 han intentado estabilizar el mercado aumentando la oferta, el crudo ha continuado al alza, reflejando el riesgo de un posible shock energético. La situación se ve agravada por las tensiones en el estrecho de Ormuz —por donde circulan entre 16 y 20 millones de barriles diarios—, la reducción de producción en algunos países de la OPEP, como Irán, y los ataques a infraestructuras energéticas en la región. Todo ello dificulta compensar la caída de oferta y aumenta la volatilidad del mercado, en un contexto que muchos analistas consideran más complejo que otras crisis recientes.
Cuatro escenarios para el petróleo
En este contexto se contemplan cuatro posibles escenarios y sus implicaciones para el mercado energético y la economía global. Un barril cercano a los 100 dólares podría elevar la inflación en Estados Unidos hasta alrededor del 3,5%, teniendo en cuenta que el impacto no se limita al petróleo, sino también al gas y a otros insumos energéticos.
El primer escenario, considerado el más probable con una estimación cercana al 50%, sería una contención del conflicto en Irán. Bajo este supuesto continuarían los ataques y las tensiones durante cuatro a seis semanas, con represalias limitadas entre distintos países, pero sin una escalada extrema. Durante ese periodo podría mantenerse cierta volatilidad en el mercado del petróleo y no sería extraño ver precios cercanos a los 100 dólares por barril.
El segundo escenario, con una probabilidad aproximada del 25%, contempla un acuerdo político o un alto el fuego. En este caso, ambas partes podrían declarar victoria: Estados Unidos por haber debilitado el programa nuclear y las capacidades militares de Irán, e Irán por haber mantenido su régimen. En este contexto, el estrecho de Ormuz se reabriría progresivamente y el precio del petróleo podría estabilizarse en torno a los 80 dólares por barril. No obstante, sería difícil regresar rápidamente a los niveles previos al conflicto, cercanos a los 70 dólares, debido al tiempo necesario para restablecer la producción.
El tercer escenario, con una probabilidad del 15%, sería una guerra prolongada de desgaste. En este caso continuarían los ataques con misiles y drones, generando una situación de alta incertidumbre y dificultando la seguridad del transporte marítimo en la región. Este escenario podría situar el precio del petróleo cerca de los 120 dólares por barril durante un periodo prolongado, lo que sí tendría implicaciones relevantes para la economía global.
El cuarto escenario, al que se asigna aproximadamente un 10% de probabilidad, sería un cambio de régimen en Irán derivado de protestas internas y presiones externas. Este escenario podría generar una fuerte volatilidad en los mercados energéticos y no se descarta que el petróleo alcanzara niveles cercanos a los 150 dólares por barril debido a posibles ataques a infraestructuras energéticas en la región. A largo plazo, sin embargo, podría traducirse en una mayor producción si Irán incrementara su oferta en el mercado global.
La visión para los inversores
Más allá del corto plazo, la estrategia para los inversores de largo plazo no debería cambiar de forma drástica. La experiencia reciente demuestra que, pese a crisis como la pandemia, la guerra en Ucrania o las tensiones geopolíticas actuales, los mercados han terminado recuperándose. De hecho, en los últimos cinco años el IBEX 35 con dividendos ha registrado una subida cercana al 140 %, lo que evidencia la importancia de mantener una visión de inversión a largo plazo. Por ello, se recomienda mantener carteras diversificadas con exposición a Estados Unidos, mercados emergentes y algunos sectores europeos, especialmente el tecnológico y el de defensa. También se considera relevante incluir metales preciosos como el oro y, en menor medida, activos como las criptomonedas.
En el corto plazo, además del petróleo y las compañías energéticas, podrían surgir oportunidades en sectores relacionados con la agricultura. El aumento de los costes energéticos y de fertilizantes —como el nitrógeno, el amoníaco o la urea— podría impulsar el precio de los alimentos, beneficiando a determinadas empresas del sector agrícola.
En definitiva, el contexto actual apunta a una elevada volatilidad en los mercados energéticos, con posibilidades de subida en el precio del petróleo en el corto plazo. Sin embargo, para los inversores con horizonte de largo plazo, la clave sigue siendo mantener una estrategia diversificada y centrada en los fundamentos del mercado.

