Vamos a empezar por lo que probablemente más te importe, y luego ya vamos a cosas técnicas, aunque fáciles de entender.
El IPC alimentario se arraiga en el 3% interanual. Exactamente la misma tasa que el mes anterior. Y, además, la variación mensual es del 1,8%, la más elevada de los últimos 2 años. Si proyectáramos una subida mensual del 1,8% durante este año (algo que no ocurrirá, pero sirve como ejercicio mental), estaríamos hablando de tasas anualizadas del 23,8%. Es decir, el dato interanual puede estar reflejando aún la base de comparación del año pasado, pero el impulso reciente apunta hacia arriba.
Fuente: Carlos Arenas Laorga
Los alimentos sin elaborar crecen al 6,1% anualmente Los alimentos elaborados lo hacen al 0,8%, pero con una tendencia creciente en los últimos cuatro meses. Las legumbres se van al +4,7% y baja de forma contundente la ropa de mujer (entre un 10% y un 15%, según sean zapatos, textil, etc.).
Si miramos otras, destacan las bebidas alcohólicas, con un +2,8%; pescado, que sube, en el mes, un +2,7%; aceites +2,6%. Insisto, de forma mensual… Si lo transformamos en anuales estamos hablando de más del 39%. Repito que no pasará, pero para poner en contexto los datos que parecen tan positivos.
Cuando los bienes básicos muestran este patrón, conviene no lanzar las campanas al vuelo. Me alegra, y mucho, que la inflación general haya caído. Pero la inflación subyacente, la que más nos suele importar, esa no cae. Y si miras tu cesta de la compra, salvo la ropa de mujer, el resto es posible que haya subido.
Otra de las cosas que me está empezando a preocupar seriamente es el IPC de hostelería, que baja una décima hasta el 4,5%. Pero lleva 2 años en estos niveles. Es bastante insoportable. Y, a medida que se siga estrangulando el mercado del alquiler vacacional, es posible que no veamos bajadas como debiéramos ver.
Como decía, el dato que realmente importa no es el titular. Ya vimos hace poco que pasaba lo mismo con los datos del empleo. Parecían buenos, pero no lo eran tanto.
Si eliminamos energía y alimentos no elaborados, lo que vemos es que la presión interna de precios no está desapareciendo. No hay un proceso claro de desinflación estructural. Y deberíamos estar viéndolo; más todavía con los incrementos de productividad que correspondería con las nuevas herramientas tecnológicas.
Esto me recuerda a los años de crecimiento burbujístico, en términos de precios, en donde muchos economistas estaban encantados de que los precios apenas subían mientras los mercados bursátiles se disparaban. Y es que los precios deberían haber bajado. Y no lo hicieron por la enorme expansión crediticia de los bandos centrales. Esperemos haber aprendido algo…
Todo indica que los alimentos podrían acercarse al 4% en tasa interanual en los próximos meses si el impulso continúa (esperemos que no). Y no olvidemos el acumulado de cinco años. Muchos productos básicos han experimentado incrementos del 30%, o 40%. Y algunos incluso del 70-80%. Aunque ahora suban solo un 3%, lo hacen desde una base ya muy elevada.
Recordatorio, que suban menos no es que caigan los precios, sino que suben a menor ritmo. Los que lo hacen, claro, porque muchos lo hacen al ritmo de siempre. Y al igual que existe el interés compuesto para las inversiones, actúa igual para la inflación, pero de forma inversa. No duele por una sola subida, sino por la acumulación.